Cultura

Ernesto Mejía Sánchez y su minuciosa recopilación y análisis del trabajo de Darío

El “detective” de la obra de Rubén Darío
Ernesto Mejía Sánchez
Ernesto Mejía Sánchez (de lentes) en sus labores de diplomático en España. Foto: IHNCA

Se presenta por primera vez en Nicaragua el libro “Cuestiones rubendarianas”, un trabajo integral sobre los poemas, cuentos, ensayos y cartas de Darío

     

Si por alguien conocemos a fondo el valor literario y universal de la obra de Rubén Darío, es por el escritor y académico nicaragüense, Ernesto Mejía Sánchez. Su dedicación por completar y analizar los escritos darianos, tanto en prosa como en verso, permitieron que salieran a la luz las facetas de narrador, político y periodista del artista, desconocidas durante los primeros 50 años después de su muerte.

Con la publicación de “Cuestiones rubendarianas” en 1970, Mejía Sánchez presentó un trabajo integral sobre los poemas, cuentos, ensayos y cartas del autor, considerado uno de los más importantes de la lengua española. A pesar de la amplia acogida que tuvo el texto en el ámbito académico internacional, en Nicaragua nunca llegó a publicarse. Este 2017 la obra es reeditada por la Colección Cultural de Centroamérica de la Fundación Uno, con una introducción del escritor Julio Valle-Castillo, discípulo de Mejía.

“Para mí era una obligación moral. Me da pesar que no lo vio en Nicaragua. Él siempre quiso que ´Cuestiones rubendarianas´ se publicara en Nicaragua, era su ideal. Darío fue una de sus grandes pasiones”, dijo Valle-Castillo en entrevista con el programa Esta Semana.

Con más de 600 páginas, el libro compila ensayos de Mejía Sánchez sobre varias facetas de Darío, entre ellas su relación con Nicaragua, sus correspondencias con otros autores de la época, su prosa y la temática modernista. La investigación se destacó en su momento por ahondar en la obra del artista y no en su vida personal y descubrió, entre otras cosas, la faceta de político activo del escritor nicaragüense.

“El principal aporte es la ingeniería que Mejía Sánchez, frente a la crítica de hace 50 años, que era una crítica anecdótica, frente a eso que era anecdótico, intrascendente porque no revelaba, la calidad, la pluralidad, la densidad, de la obra de Darío, él se puso a hacer una suerte de ingeniería, una crítica desde la literatura científica”, explicó su discípulo.

Ernesto Mejía Sánchez
Ernesto Mejía Sánchez. Fuente: IHNCA

Con su trabajo como académico e investigador, Mejía fue catalogado como el mayor conocedor de Darío en su tiempo. En 1967, para la celebración del centenario del nacimiento del escritor modernista, participó en la comisión organizadora y fue ponente durante el simposio.

Fue el compilador de los cuentos completos, así como de gran parte de los ensayos. Llegó a conocer a varios de los familiares de Darío, entre ellos a Francisca Sánchez, viuda del poeta. En una carta que escribió a Valle en 1984, Mejía Sánchez lamenta no poder tener acceso al archivo que tenía la viuda del poeta.

“Él conoció a Francisca Sánchez, él tenía la convicción de que habían saqueado a Francisca Sánchez. Mejía creyó que ahí no había nada, pero después cuando ya está en México, se da cuenta que han aparecido documentos”, relata Valle-Castillo.

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Edelberto Torres Rivas, el afamado biógrafo de Darío, nombró a Mejía Sánchez cómo “el detective” por su trabajo minucioso de recopilación y análisis sobre la obra y la vida del escritor.

Mejía Sánchez: poeta y académico

Ernesto Mejía Sánchez nació en Masaya en 1923, y en sus primeros años se vinculó al movimiento de la vanguardia literaria, en el que se encontraban poetas como José Coronel Urtecho y Pablo Antonio Cuadra.

Después de dos años de estudios de Derecho en Nicaragua, Mejía Sánchez viajó a México en 1944 para estudiar Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma (UNAM). Posteriormente, estudió en España un doctorado en Filología Hispanoamericana. Regresó a México para impartir clases en la UNAM y desde ahí se relacionó con grandes académicos mexicanos como Alfonso Reyes.

Ernesto Mejía Sánchez
Ernesto Mejía Sánchez con Julio Valle. Foto: Cortesía JVC

Funcionó como mentor para jóvenes nicaragüenses que arribaban a México a estudiar Literatura, como fue el caso de Julio Valle-Castillo.

Mi verdadera universidad fue Mejía Sánchez, me enseñó a hacer recortes de periódicos, me hizo leer metros de su biblioteca, él de alguna manera me había formado, me dirigió la tesis”, manifestó Valle-Castillo.

Aunque se dedicó gran parte de su vida al estudio de otros autores, Mejía Sánchez también produjo su propia obra literaria. En México publicó sus libros Ensalmos y conjuros (1947); La carne contigua (1948); El retorno (1950); La impureza (1951); Contemplaciones europeas (1957); Vela de espada (1951-1960); Estelas/Homenajes (1947-1979); Poemas familiares (1955-1973); y Poemas dialectales (1977-1980).

Las temáticas de sus escritos eran existenciales y reflejaban la forma de concebir el mundo que tenía Mejía Sánchez. Su erudición y refinamiento en el lenguaje hicieron que la crítica lo llamara hermético. Una de los grandes revoluciones del autor en la poesía fue el perfeccionamiento de los ‘prosemas’, una mezcla entre verso y prosa.

Ernesto Mejía Sánchez
Julio Valle y Ernesto Mejía Sánchez, en México, vestidos de Mariachis. Cortesía: JVC

Formó parte de la llamada Generación del 40 o de los tres “Ernestos”, compuesto por Ernesto Cardenal, Carlos Ernesto Martínez Rivas y él (Mejía Sánchez). Y aunque realizó su vida laboral en México, nunca se distanció de lo que pasaba en Nicaragua .

Fue acusado de ser el autor intelectual del ajusticiamiento de Anastasio Somoza García, perpetrado en 1956 por el joven poeta Rigoberto López Pérez. Por ello no volvió a Nicaragua hasta en la década de los ochenta, después del triunfo de la Revolución Sandinista . “Era un hombre estigmatizado por antisomocista, lo proscribían, nunca los ministerios de educación publicaron nada de él”, manifestó Valle-Castillo.

Mejía Sánchez fue nombrado entre 1980 y 1984 Embajador en España y posteriormente en Argentina. Su último libro publicado fue “Recolección a Mediodía”. En 1985 murió en México, de un enfisema pulmonar causado por el polvillo de los archivos y las bibliotecas que él visitaba. Fue enterrado en Granada, Nicaragua, acuerpado por personalidades del ámbito político e intelectual.