En pantalla

Todos odian a “¡Madre!”, pero mi amor es incondicional
Madre película reseña

Con guiños surrealistas, citas bíblicas y pura fuerza creativa, “¡Madre!” le prende fuego a sus expectativas.

     

El marketing de “¡Madre!” la ha vendido como si fuera un filme de horror. Los elementos de estilo están presentes: violencia gráfica, sangre, vísceras, bruscos movimientos de cámara y golpes de música. Pero el público que venga buscando algo como “It” (Andy Muschetti, 2017) quedará frustrado. Esta pesadilla tiene una agenda que va más allá de dispensar unos cuantos sobresaltos.

Las primeras imágenes que vemos son confrontativas y descontextualizadas. Una mujer maltrecha mira directamente a la cámara. Un hombre sonriente recoge una piedra cristalina, posándola en pedestal. Una casa quemada se limpia mágicamente ante nuestros ojos. Ella (Jennifer Lawrence) despierta. Él (Javier Bardem) no está a su lado. Parece que la pareja vive en la misma casa del sueño. ¿Era lo que vimos un sueño? Este es el momento de advertir que para experimentar el efecto total de “Madre!”, es mejor que sepa lo menos posible antes de verla…si quiere seguir leyendo, siga a su propio riesgo…

Ella se dedica a restaurar la casa, mientras que él trata de escribir. Mujer y hombre viven en un estado de gracia conyugal. Al menos, hasta el día en que un extraño (Ed Harris) toca a la puerta. Se identifica como un médico buscando un hospedaje. Para sorpresa de ella, él lo invita a pasar la noche. La amistad entre los hombres es inmediata. Ella detecta algo extraño en el visitante, pero el hombre prefiere ignorar su aprensión. Al día siguiente, la pareja del extraño (una brillante Michelle Pfeiffer) aparece con una maleta, dispuesta a quedarse.

La falta de nombres propios es solo la primera de varias pistas, delatando que estamos ante una alegoría. Experimentamos la realidad de “¡Madre!” a través de los ojos de ella. Todo lo que vemos se filtra a través de su perspectiva. Cuando no asume su punto de vista, la cámara la sigue entrado y saliendo de los cuartos. Su cabeza y cuello anclan la imagen, como si la siguiéramos apenas un paso atrás. Con pocos muebles y paredes de tonos neutrales, la casa es una especie de tábula rasa de domesticidad. La vulnerabilidad de Lawrence evita que el personaje quede confinado a los límites de un símbolo. Es lacerantemente humana, y de cierta manera, eso contribuye a fortalecer el engaño al público, que trata de descifrar una historia tradicional basándose en acciones concretas y elementos fantásticos que se visualizan físicamente, como una herida sangrante en un tablón de madera.

Los filmes que construyen realidades maleables suelen revelar sus cartas en un giro tardío, permitiendo que el espectador se congratule por el descubrimiento. Véase “El Sexto Sentido” (M. Night Shyamalan, 1999) o “Una Mente Brillante” (Ron Howard, 2001). Aquí no hay un único momento que te obligue a revaluar lo que has visto. Las interpretaciones y los significados cambian, a medida que los eventos suben de intensidad hasta niveles absurdos. Lo que empezó como un claustrofóbico drama doméstico se expande para retratar violencia política, destrucción masiva, e incluso el dolor de asumir la tarea de dar vida. Baste decirle que el título no es gratuito.

Múltiples interpretaciones coexisten. El director ha declarado que pretendía hacer una advertencia sobre el calentamiento global, pero creo que estaba bromeando. A medida que se desata el huracán de histeria de su desenlace, toma primacía la destilación de las dificultades de vivir con un artista. Quizás Aronofsky está reconociendo los sacrificios de sus exparejas, invocándolas perversamente a través de su actual compañera. Ella construye un hogar – una vida – para que él pueda ejercer su arte. Él introduce en casa a sus siniestros personajes, fruto de su inspiración. Los comerciantes y los fanáticos se imponen. La fama se manifiesta como una ola incontenible, que arrasa con todo. Esta casa debe arder, para que el ciclo vuelva a comenzar.

Pareciera que Aronofsky revaluó su “Cisne Negro” (2010) y determinó que no había llegado suficientemente lejos. Este ejercicio de exorcismo personal se ha convertido en objeto de escarnio para el público masivo, acostumbrado a que sus filmes de horror terminen domados entre causa y efecto, con secuela o final feliz a la vista. Con guiños surrealistas, citas bíblicas y pura fuerza creativa, “¡Madre!” le prende fuego a sus expectativas. Los espíritus de Buñuel, Lynch y Charlie Kauffman aderezan este irresistible producto que se ofrece como cordero del sacrifico en el altar de la taquilla.

“¡Madre!”
(mother!)
Dirección: Darren Aronofsky
Duración: 2 horas, 5 minutos aprox.
Clasificación: * * * * (Muy Buena)