Cultura

Claribel Alegría, Premio Reina Sofía de Poesía

“Me duele lo que sufren mis pueblos”
Claribel Alegría ganadora del premio Reina Sofía.
Claribel Alegría ganadora del premio Reina Sofía | Carlos Herrera | Niú

La escritora, aclamada por su poesía, habla del “Nobel” de la poesía iberoamericana, su vida, el amor y la política

     

Claribel Alegría celebraba la tarde del miércoles con una copita de tequila el Premio Reina Sofía de Poesía, otorgado por la Universidad de Salamanca, en España, un galardón considerado el “Nobel” de la poesía iberoamericana. En su jardín, rodeada de amigos, la escritora se mostraba feliz, aunque todavía sorprendida. No se lo esperaba, dice, aunque ella es una de las grandes voces de la poesía en español. En 2006 recibió el Neustadt International Prize for Literature otorgado por la Universidad de Oklahoma, en Estados Unidos, pero confiesa que siempre esperó obtener un reconocimiento que premiara la literatura en español, para que la gente lea más su obra en este idioma.

Bajita, delgada, frágil, a sus 93 años Claribel Alegría está llena de vida. Ríe, hace bromas, cuenta anécdotas y recibe a amigos en su casa de Managua todas las tardes, en su jardín, cuando el calor ha menguado. Siempre hay un vaso de ron para las visitas que la acompañan para hablar de poesía, como peregrinos que visitan un lugar sagrado. Sus amigos más queridos la llaman “Su Majestad” y con toda razón, porque Alegría es una de las grandes voces vivas de la literatura latinoamericana. Ha sido relacionada con la denominada “generación comprometida” —de la que formaron parte escritores como el salvadoreño Roque Dalton—, lo que ella rechaza. “Dicen que mi poesía es comprometida, pero no es una poesía comprometida. Lo que pasa es que el sufrimiento de mis pueblos se refleja en mí, porque yo soy ser humano antes de ser poeta y me duele mucho lo que sufren mis pueblos”.

El miércoles contó a Confidencial que fue su enfermera quien la despertó para darle la noticia del premio. La alegría, estado natural en Claribel, contagió la casa. “¡Estoy feliz!”, dijo. “No me lo esperaba. Estoy profundamente conmovida, porque es uno de los mejores premios. Esta es una muestra de amor de parte de toda la gente”, agregó.

Con 93 años, Claribel Alegría cuenta con una vasta producción literaria. Su obra incluye, además de la poesía, novelas, ensayos, historia. Ha documentado momentos claves de la historia reciente del país, como la revolución sandinista y el asesinato del dictador Anastasio Somoza Debayle. Gran parte de su obra literaria la comparte con su esposo Darwin J. Flakoll, fallecido hace más de veinte años. Es autora, entre otras obras, de “Otredad”, “Saudade”, “Soltando amarras”, “Umbrales”. Parte de su bibliografía está disponible en las librerías de Managua.

Sobre la poesía de Alegría escribió el poeta Francisco Ruiz Udiel, gran amigo de la escritora, fallecido en 2010: “La poesía cuando es de calidad se vuelve mito y es lo que ocurre con la obra de Claribel Alegría, una mujer que en su búsqueda escribe y reflexiona sobre los desasosiegos de nuestro tiempo, sobre el amor y temas perturbadores como la muerte y la otredad, imagen que busca en el espejo porque es el único que la entiende, según reza uno de sus versos”.

El Premio Reina Sofía es el reconocimiento a un vida dedicada a la literatura. El galardón, entregado por la Universidad de Salamanca y dotado de 42 mil euros, reconoce a los poetas vivos cuyo trabajo en conjunto representa una aportación relevante para la cultura iberoamericana. Es la segunda nicaragüense en recibirlo. A su amigo, Ernesto Cardenal, le fue otorgado en 2012.

Cardenal fue uno de los primeros en llamarla para felicitarla y prometerle que celebrarían el galardón. Los dos poetas vivos más importantes de Nicaragua, ambos ganadores del premio de poesía más importante en español.

Claribel, usted ha ganado el que es considerado el premio de poesía más importante en Iberoamérica, un premio que ya anteriormente había ganado el poeta Ernesto Cardenal, ¿qué significa para usted, a los 93 años, este galardón, el Premio Reina Sofía de Poesía?
¡Una maravilla! Yo todavía no salgo de mi sorpresa. Ni siquiera sabía cuándo iba a reunirse el jurado. Ni me lo imaginaba. Así que para mí esto ha sido una seña de que yo nací con buena estrella.

¿Cómo celebra este reconocimiento?
Con mis hijos, sobre todo. Pensando mucho en mi marido. Te voy a contar una anécdota: Dos años antes de que él muriera, cuando se inauguró el premio, que fue allá como en el 92, me dijo: “¡Ay, un premio así me encantaría que sacaras tú”. Yo me reí. Y él me dijo: “Lo malo es que no voy a estar contigo para compartirlo”.

Uno de los temas recurrentes en su poesía es el amor. ¿Por qué cree que la gente se interesa tanto por el amor, por escribir sobre el amor, por cantar al amor?
Porque el amor es lo principal de la vida, tanto darlo como saberlo recibir. Las dos cosas, porque hay gente que no sabe recibir el amor, como que lo alejan. ¡Y no hay que hacer eso! Hay que acogerlo.

¿Se ha imaginado alguna vez que sus poemas han servido para curar heridas de abandono, para gente que se enamora, para declaraciones de amor?
¡Eso me encantaría! Te voy a contar que una vez un nieto mío, que tenía como 15 o 16 años, me confesó que le había regalado a su novia un poema mío diciéndole que era de él. ¡Y así la enamoró! (Ríe).

Claribel, usted se ríe, se mira feliz, ¿cómo logra mantener esa alma tan vibrante, tan alegre?
Porque amo la vida y amo todo lo que me rodea. ¡Mira esas plantas! ¿No son una maravilla? ¡Son una maravilla! Yo me siento deprimida y voy a mi jardincito y veo mis plantas. O vienen amigos míos a verme y hablamos de poesía, de cualquier cosa, y soy feliz. No le temo a la muerte, en absoluto. Ya estoy lista. Al despegue un poquito (ríe), pero no le temo a la muerte. O voy a ser ceniza, o voy a ser el abono de una planta, o a lo mejor voy a tener una aventura maravillosa, un viaje lindo.

¿Cómo ve el mundo ahora? Estamos en un momento muy crítico, con el auge de los movimientos fascistas y el extremismo en Europa, en Estados Unidos. ¿Cómo se enfrenta usted a esta realidad?
Así es, horrible. Cuando ganó (Donald) Trump a mí casi me da un infarto, porque ese señor es un señor arrogante, ignorante, que nos puede llevar a una tercera guerra mundial. ¡Es horrible! Y me espanta también, como buena centroamericana que soy, ver que en nuestros pueblos damos un paso para adelante y dos para atrás. No hay educación adecuada para nuestros hijos, el desempleo, la pobreza, todo eso a mí me marca espantosamente. Y por eso muchos dicen que mi poesía es comprometida, pero no es una poesía comprometida. Lo que pasa es que el sufrimiento de mis pueblos se refleja en mí, porque yo soy ser humano antes de ser poeta y me duele mucho lo que sufren mis pueblos.

¿Para cambiar estas cosas usted cree que valen la pena nuevas revoluciones?
Sí. Yo otra vez sería revolucionaria, pero de otra manera: sin violencia.

¿Por qué lo dice?
¡Ay, porque eso es horrible! Mira, nunca se me va a olvidar cuando mi marido y yo fuimos a los acuerdos de paz de El Salvador, porque nos invitaron. Él quería ir a Guazapa, porque en ese lugar se libraron muchas batallas. Nos encontramos con una viejita, que yo estoy segura que era de mi edad, pero por la vida que había llevado se veía mucho mayor, y ella me dijo: “Ay, señora, yo no quiero otra guerra. Perdí a mi marido, perdí a uno de mis hijos, perdí a mi yerno, ¿y para qué? Para que estemos igual”. Eso me marcó. Yo no quisiera otra revolución violenta.

¿Valió la pena la que hubo?
¡Sí, valió la pena la que hubo! Valió la pena y adelantamos, pero después ha habido un desencanto.

¿Hay algo de lo que Claribel Alegría se arrepienta a sus 93 años?
De haber hecho el daño a alguien          sin querer.

Y ahora, a los 93 años, ¿qué le queda por hacer?
Me queda amar, amar, y pasar ratos felices como este.