Blogs

Blog | «El pantano»: El grupo político en medio de la «izquierda» y «derecha»
El Pantano
Foto: Agencias | Niú

Los denominadores políticos “izquierda” y “derecha” fueron invención de la Revolución Francesa, que también dio origen a un tercer sector grupo político apodado como "el pantano"

     

Todos saben que los denominadores políticos “izquierda” y “derecha” fueron invención de la Revolución Francesa. Es menos sabido que esa madre de todas las revoluciones también bautizó a un tercer sector político. En la Asamblea Constituyente de 1789 los diputados que favorecían la monarquía se sentaron a la derecha. En las bancas de la izquierda tomaron asiento los congresistas partidarios de la república. En el medio quedó una masa de diputados indecisos u oportunistas, con ideas fluctuantes, maleables. Sus detractores apodaron a ese sector: “el pantano” (otros, más piadosos, lo llamaron “la llanura”).

Esa primera convención constituyente hizo prodigios: acabó con la tiranía absoluta de los reyes, consagró las libertades individuales en la Declaración de los Derechos del Hombre y promulgó la primera constitución francesa, en 1791. Sin embargo, muy pronto la izquierda más dura, los jacobinos y “montañeses”, repudiaron la monarquía constitucional acordada en esa carta magna. Robespierre, Danton, Marat denunciaban que ese acuerdo había sido una transacción traidora. La izquierda moderada, los llamados “girondinos”, también querían una república plena. Pero temían que una revolución acelerada terminara estrellándose y perdiendo mucho de lo avanzado. En agosto de 1792 los jacobinos extremistas se impusieron incitando una revuelta popular que asaltó el Palacio Real e hizo caer al gobierno.

Un mes más tarde Francia eligió una segunda convención constituyente. En ella, la vieja derecha monárquica no tuvo representación. Por eso, en esta asamblea los izquierdistas moderados, esos girondinos jóvenes y vehementes, fueron considerados la “derecha”. Su “revolución moderada” aún era popular. Ante la violencia creciente en las calles las propuestas más cautelosas de los girondinos convencían a muchos diputados indefinidos que chapoteaban en “el pantano”. Con sus votos los girondinos formaron mayoría, controlaron el gobierno, impulsaron grandes transformaciones y consensuaron algunas medidas drásticas. Este equilibrio inicial facilitó que la asamblea proclamara la Primera República Francesa, obtuviera victorias militares y condenara al rey por unanimidad.

El matrimonio entre moderación y revolución casi siempre acaba en divorcio. En mayo de 1793 los jacobinos y “montañeses” se sublevaron de nuevo. Controlaban la municipalidad de París y desde ahí movilizaron las masas en varios distritos pobres incitándolas a que rodearan la Convención. Cumplían la amenaza del furibundo Marat que, meses antes de que los constituyentes fueran elegidos, llamó a vigilarlos y “apedrearlos” si no aprobaban las propuestas más radicales. Ahora esas turbas hicieron algo mejor: invadieron el recinto de la Convención.

Aquellos revoltosos juraron no salir del recinto convencional, ni dejar salir a los diputados, hasta que se aceptaran sus exigencias. Algunos pedían derechamente la destitución y encarcelamiento de los congresistas moderados. Mientras tanto, los insurrectos ocuparon los bancos de la extrema izquierda y se mezclaron con sus diputados pretendiendo aumentar mañosamente sus votos. Intentando poner orden, el presidente de la Asamblea pidió a los parlamentarios izquierdistas que cruzaran a la derecha donde había muchas bancas vacías (ya casi nadie se atrevía a sentarse en ellas). Así lo hicieron y se procedió a la votación. Ahora, asediado por los dos flancos, “el pantano” votó contra los moderados precipitando su caída. Poco después los jóvenes girondinos revolucionarios fueron destituidos y perseguidos. Los encerraron en los mismos calabozos donde penaban los viejos monárquicos que ellos habían perseguido antes. Al cabo todos fueron juzgados sumariamente y guillotinados.

La historia de la Revolución Francesa le dedica sólo unas líneas a esa coreografía de movimientos sobre las sillas de aquella Convención. Pero el valor simbólico de ese episodio salta a la vista. Aquellos revolucionarios extremistas deseaban expulsar a los izquierdistas moderados que antes habían expulsado a la derecha. Presos de sus ansias, los extremistas no advirtieron que ese nuevo desplazamiento los dejaría sentados en la derecha. Así ocurrió. Muy pronto otros, aún más radicales que ellos, los acusaron de traicionar al pueblo y los condenaron a la guillotina.

Posmodernos orgullosos, desdeñamos las premoniciones de la historia al precio de ignorar sus lecciones. Hoy como ayer la izquierda o la derecha que pierden su moderación también pierden, muy pronto, los sitiales que ocuparon o arrebataron. En el desorden resultante sólo el pantano espeso y oportunista sobrevive y prospera.

*Puede leer también este artículo en la página del autor: Carlos Franz