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#Blog | «Orwellnica»: Un infierno llamado sandinismo
Orwellnica
Durante sus discursos diarios la vicepresidente de Nicaragua, Rosario Murillo, inició el 19 de abril incansables mensajes de odio hacia cualquiera que cuestione su mandato. Foto: Confidencial | EFE: Jorge Torres

La población de Nicaragua, es como la que se monta al transporte público, pero no saben ni quieren saber adónde son conducidos, ni por quién, ni para qué. Leé este blog de Carlos A. Lucas.

     

En Nicaragua, la sed de justicia se llama odio.

La sed de democracia, golpismo.

Morirse de covid se llama neumonía o “co-morbilidades”.

El ansia de paz se nombra como “guerrerismo”.

Si criticás a los becerritos de latón, sos “divisionista”, “orteguista”, “pagado por alguien”.

Si defendés los Derechos Humanos de las Mujeres (que no han sido proclamados por nadie y por lo tanto, siguen interpretándose como los “Del Hombre”), serás abortista, feminista o gay, o quiensabequé.

Si preguntás a un creyente sobre las bases de su fe, te llamás, ateo.

En Nicaragua siete millones de personas no piensan igual, ni diferente, sino todo lo contrario.

Esto es grave y merece un paréntesis: La población de Nicaragua equivale a la que diariamente viaja en transporte público urbano en Ciudad de México. La diferencia es que en Nicaragua se montan, pero no saben ni quieren saber adónde son conducidos, ni por quién, ni para qué. Es duro decirlo, pero me recuerdan a esos judíos esperanzados cuando les decían que los iban a bañar para liberarlos y era para gasificarlos. Fin del paréntesis.

Nicaragua, es el único país del mundo donde hay varias santísimas trinidades: Padre, Hijos, Nietos, todos eternos en el poder.

Capital, Ejército y Partido, todos un solo ejército.

Dios, el compañero presidente y la compañera vicepresidenta.

Capital, Armas y Zancudos.

Armas, tejas de zinc, sicariato.

Cárcel, Hospital, Cementerio.

Familia, Partido, Negocios.

Cristianismo, Socialismo, Solidaridad.

Eso sí, Nicaragua es muy religiosa: ha hecho votos de Pobreza, Obediencia y Silencio. El silencio es el lenguaje que exige el poder. En Nicaragua todos debemos ser discípulos de San Bruno, el raro santo alemán, el cartujo del silencio: Se cuenta que una vez un visitante se topó en una iglesia con una bella estatua de San Bruno y fue incapaz de contener la admiración:

-¡Es perfecta! Sólo le falta hablar exclamó. -“Se equivoca, señor -respondió muy bajito y suave el monje que lo guiaba- Esta imagen es perfecta precisamente porque no habla”.

En Nicaragua uno busca la perfección en el silencio, a lo cartujo, convertirse milagrosamente, en estatua: no hablar, no pensar, no sentir, no moverse. Aquí los empresarios y zancudos son los mejores, excelentes escultores del silencio y del estatuismo. Ellos trabajan mucho en eso.

En Nicaragua, si querés dejar de ser estatua, te llamás izquierdista, o progresista o veteasaberqué.

En Nicaragua, si decís “ríos de leche y miel”, estás diciendo “ríos de sangre y llanto”.

Orwellnica.

En Nicaragua, el infierno se llama sandinismo.

*Este texto fue publicado del blog del autor: Carlos A. Lucas.