En pantalla

Brinden por la llegada de la ganadora del Óscar “Una ronda más”, ahora en Netflix
Una ronda más

La premiada cinta aborda el alcoholismo, desde la euforia y la tristeza de cuatro adultos que viven una crisis de la mediana edad, sin convertirse en un drama sobre las adicciones

     

La más reciente ganadora al Óscar a Mejor Película en Lengua Extranjera llega a Nicaragua vía Netflix. Los cines perdieron la oportunidad de atraer al público adulto, porque puede tener mucha resonancia en un país como el nuestro, con su propia relación conflictiva con el alcoholismo.

Martin (Mads Mikkelsen) es profesor de historia en una escuela secundaria. La mediana edad y los sueños diferidos le pesan como un lastre. Se siente distante de su esposa, a quien apenas ve por horarios de trabajo opuestos. Hasta los padres de sus alumnos ejecutan una intervención, preocupados porque su indiferencia puede afectar la entrada de sus hijos en la universidad. Las cosas cambian cuando Nikolaj (Magnus Millang) plantea un desafío en su cena de cumpleaños: según un filósofo, el ser humano tiene un déficit de 0.5 mililitros de alcohol por litro de sangre. Según su teoría, “balancear” ese “desnivel” solo puede traer beneficios psíquicos y sociales. ¿Por qué no ponerlo a prueba?

Claro, eso implica mantenerse borracho durante todo el día. Y es justo eso lo que hace el grupo de cuatro amigos, colegas en la misma escuela, incluyendo al profesor de música Peter (Lars Lanthe) y el entrenador de gimnasia Tommy (Thomas Bo Larseen). Escamotean su licor favorito en vasos térmicos y cantimploras, manteniéndose “a medio gas”. Cada uno tiene su propia lucha en el frente emocional: desde cónyuges controladores hasta soledad opresiva. El flujo constante de alcohol mejora las cosas momentáneamente, pero pronto escala, con consecuencias insospechadas.

El director Thomas Vintenberg evita el camino fácil y contempla sin apasionamiento la relación de los sujetos con el alcohol. La película comienza y termina con dos eventos de consumo ritualizado, centrados en adolescentes: una carrera grupal alrededor de un lago, donde cada equipo debe ingerir una cajilla entera de cerveza; y una fiesta callejera de graduación. El alcohol es una realidad social, pero enfrenta algo de fricción. La misma escuela permisiva deja caer el peso de la ley cuando encuentra botellas ocultas en un clóset. Y amanecer tirado en la cuneta de la casa equivocada sigue siendo una llamada de alerta. El experimento se ha salido de control.

Más que establecer una posición moral frente al consumo recreativo o patológico del alcohol, la preocupación central de la película es contemplar la insatisfacción emocional de sus personajes. En la cena de cumpleaños, Martin revela la profundidad de su depresión. Sin decir muchas palabras, la tristeza profunda se proyecta sobre el rostro abierto de Mikkelsen, con los ojos cargados de lágrimas pero conteniéndolas, con estoicismo que solo te rompe más el corazón. Es una actuación temeraria, por lo abierta que es a la vulnerabilidad.

Vinterberg saltó a la fama a finales de los noventa, como parte del movimiento Dogma 95. El grupo pretendía llegar a la verdad a través del cine, despojándolo de artificio: todo se filmaba con cámara a mano, sin trípode, y solo con las luces disponibles en locaciones reales. Aunque ha vuelto a métodos de producción estándar, conserva la espontaneidad espartana de esos ejercicios. Cuando los personajes usan teléfonos o computadoras, el texto aparece en blanco, sobre la pantalla enteramente negra. La cámara nerviosa sigue a los personajes en escenarios realistas. La soleada escuela contrasta con los hogares opresivos y oscuros. La conclusión, una estampa de liberación personal, ocurre bajo el cálido sol de verano, con la música justificada por el parlante de una fiesta callejera. Es electrizante, pero sabemos, en el fondo, que es efímero.

La tragedia no está en lo transitorio. El problema está en no apreciar el alivio de la identificación emotiva cuando sucede. Tome nota de cómo un acto de bondad de Tommy le granjea la devoción de un niño solitario; o la crisis matrimonial incipiente de Martin, aliviada por el remanso de paz de una excursión de fin de semana. Al final, el alcohol termina siendo un catalizador que empuja a primer plano los problemas internos de los personajes.

Si algo puede criticarse, es que la resolución del arco dramático de Peter permanece fuera de cámara —apenas lo comentan en dos líneas de diálogo—, pero quizás una escena de más habría traicionado el ritmo efervescente de la película. “Another Round” es una comedia dramática hermosamente calibrada. Como sus protagonistas, en su momento más funcional, se equilibra en el límite entre el decoro y el exceso.

“Una ronda más”(Another Round)
Dirección: Thomas Vintenberg
Duración: 1 hora, 52 minutos
Clasificación: * * * * (Muy Buena)
Disponible en Netflix