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¿Cómo afecta mi salud mental la crisis en Nicaragua?
Salud mental crisis en Nicaragua
Ilustración: Juan García

El miedo, la apatía y el estrés son síntomas comunes que indican que la situación también afecta nuestra mente, opinan expertos

     

Durante casi tres meses, los nicaragüenses han sufrido una de las mayores crisis sociales y políticas en la historia del país. Ya sea detrás de las trincheras o a través de las pantallas, miles de jóvenes han sido testigos de crímenes atroces.

Según la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), en este tiempo se han registrado más de 285 asesinatos, alrededor de 1,500 heridos y al menos 156 desaparecidos. No obstante, no hay un conteo oficial sobre daños psicológicos permanentes o/y temporales.

En el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, sobre la situación en Nicaragua, se especificó que “la salud mental y bienestar emocional de la población está siendo gravemente afectada por el contexto actual de violencia, hostigamiento, amenazas y represión”. Este organismo, califica la crisis como un evento “traumático” que, según los testimonios que ellos recibieron, se manifiesta en el cuerpo de las personas con intenso estrés, extremo sufrimiento, ansiedad, humillación y cambio radical en las vidas de las víctimas sobrevivientes y sus familiares.

Según el psicoterapeuta Steven Pérez, las afectaciones psicológicas que los sucesos de estos meses tendrán en la población “son de gran proporción y probablemente transmitiremos nuestros traumas a las siguientes generaciones”. Según Pérez, el miedo, la apatía y el estrés son síntomas comunes que indican que la situación también afecta nuestra mente. “Es normal tener miedo. El miedo ante situaciones de peligro que atentan contra nuestra vida, sirve como un mecanismo de alerta para prevenir nuestro actuar, a menos que este miedo sea paralizante y no logremos ejecutar nuestros actos”, expresa. 

Foto: EFE. Jorge Torres.

Una de sus recomendaciones es escribir cómo nos sentimos o hablarlo con personas de confianza, distraerse de vez en cuando con cosas que no tengan que ver con el contexto y si es posible, bsucar ayuda psicológica. “Es necesario encontrar los recursos que tenemos a mano para transformarlos en vitales”, expresa.

En las redes sociales preguntamos cómo ha afectado esta situación a nuestros lectores. Estas fueron algunas respuestas:

Gabriel, 20 años

Vivo en Diriamba. Aquí no se ha vivido lo que en otro lados, gracias a Dios, pero siempre se mantiene una tensión por ataques. No he salido de mi casa desde hace un mes. No he visto a mis familiares, amigos… a nadie. En mi casa no tenemos mucho entretenimiento. Por allá los partidos del Mundial más esperados… pero más de eso, no mucho. Es agotador y desesperante. También el caso de tener que lidiar con la escasez que se vive… En conclusión, todo es muy fatigante, peor cuando mienten acerca de lo que se vive, mil veces peor.

Ilustración: Juan García

Fernanda, 25

Siento que en general estamos desarrollando síntomas de estrés postraumático y ha sido especialmente duro para las personas que ya tenemos historial de enfermedades mentales. Por ejemplo, muchos conocidos y amigos están comenzando a tener ataques de ansiedad o ataques de pánico, cuando su salud mental era buena. Los chavalos con los que he platicado están comenzando a presentar síntomas de depresión. No pueden dormir, casi no comen, no pueden realizar sus actividades diarias, han perdido interés por muchas cosas que les apasionaban y me han dicho que se sienten vacíos.

Entre las personas que convivimos con enfermedades mentales (con las que he conversado) predomina ese sentimiento de inutilidad y desesperanza. Hablamos mucho del suicidio también en “self deprecating jokes”. Creo que es más difícil gestionar emociones porque nunca habíamos vivido esto, es irracional. Por eso explotamos en llanto a cada momento. Además los asesinatos son tan impredecibles y tan públicos. Sentimos esa necesidad constante de estar conectados y ver lo que sucede, dónde están atacando; llorando por la gente que matan y preocupados porque nuestros amigos y familia no sean los siguientes.

Cristina, 23 años

La crisis en mi país me ha afectado mucho a nivel psicológico. Tengo mucha ansiedad, he subido poco a poco de peso y las ganas de fumar han regresado. Tengo cinco meses de no fumar y no sé cuánto más voy a aguantar. La depresión ha vuelto. Me quedé sin trabajo y hoy tuve muchos pensamientos suicidas, pensando que no estoy haciendo absolutamente nada con mi vida y que esta situación está empeorando mi desarrollo profesional y por lo tanto nunca voy a crecer profesionalmente.

Me aterra todo esto, mi horario de sueño está descontrolado, duermo a las 4 a.m. y me levanto después de medio día. Solo quiero pasar dormida, porque cada vez que entro a mis redes sociales todo empeora…

Isadriana, 25 años

Desde que comenzó, vivo en un estado constante de ansiedad. La falta de descanso -aunque duerma no descanso-, las noticias abrumadoras, la preocupación constante y vivir en estado de alerta todo el tiempo me ha causado taquicardia, falta de motivación y ganas de abandonar todo. Al punto que por momentos dejo de reconocer lo que está pasando y veo la realidad como desde arriba. Algunos días son mas difíciles y me cuesta hasta salir de la cama.

Claramente, en el trabajo no me concentro y todo el tiempo paso en mi mente. He perdido cierta conexión con las personas alrededor mío. Y las noches son las más difíciles, el tenso de silencio no me permite dormir y muchas noches solo lloro sin parar por falta de esperanzas.

Deonis, 24 años

Trabajo en una tienda dentro de una institución del Estado. Todos los que no están a favor del régimen estamos bajo presiones psicológicas muy fuertes. Aumentaron la vigilancia duplicando el número de cámaras, el mismo personal de la institución nos vigila, han cerrado algunos módulos aplicando la “política de incapacidad de pago”, pero en verdad es porque la gente ha sido vista en protestas o compartiendo posts en Facebook.

Ilustración: Juan García

Es muy difícil trabajar tranquilo. Pocos jefes comprenden o brindan el apoyo que uno necesita. Yo sufro de un padecimiento crónico y todo este estrés ha venido a incidir, no solo en mi paz mental, sino física, ya que he recaído con las crisis y me ha dejado postrado en cama varios días.

Pamela, 26 años

Personalmente he pasado preocupada, pero lo que pasó con la familia que quemaron me ha calado profundamente. Creo que padezco de ansiedad. Una ansiedad que creo que empezó o se hizo mayor a raíz de una experiencia que tuve hace un par de años, pero con esto ha sido muchísimo más fuerte. Siempre me imagino lo peor que puede pasar y paso preocupada, sobre todo por mi hijo que no tiene ni dos años.

No puedo soportar ver que les pase cosas malas a los niños y esto me ha dejado muy mal. Mi esposo inmediatamente borró las imágenes que me habían enviado por Whatsapp antes que las viera. No las he visto hasta hoy, pero cuando me di cuenta pasé dos días llorando sin parar. No quiero salir de la casa por miedo y me da pesar mi bebé que solo encerrado pasa. Solo salgo al trabajo y de regreso. Por otro lado he visto salir lo peor de la gente con la situación. Lo único que me ha mantenido cuerda es ver la solidaridad de nuestra gente y siento que esto más que dividirnos nos ha unido más.

Camila, 27 años

En mi caso, he tenido que posponer mis sesiones con mi psicóloga. Ese dinero lo ahorro ante cualquier emergencia o lo uso para comprar víveres para donar. Entonces los avances que ya tenía, saliendo de un cuadro depresivo, han retrocedido. He llegado al punto de tener crisis nerviosas, insomnios, pesadillas, etc, etc. Me siento culpable de pensar en ir a terapia, cuando ese dinero lo puedo usar en algo más urgente. Se vuelve complicado, porque en verdad sí es un privilegio poderse costear un terapeuta. Mi concentración está cero para el trabajo y no me sorprendería que me corran un día de estos.

Camilo, 24 años

Tengo falta de concentración en el trabajo, insomnio por las noches, miedo y repudio al ver a un uniformado de policía. Paranoia con los motorizados. Al punto que camino con un bate en mi carro en caso que me encuentre en situación de peligro. Creo que es desmedido la diferencia de persona que soy hoy a hace dos meses. Gracias a terapia y amigos (de los que están siempre con vos y no solo en ocasiones) he encontrado el confort y calidez humana que me hace falta por no poder ni ver a mi familia, porque soy de un departamento.

Melissa, 19 años

De cierta forma todos sabemos que nos ha tocado casi lo mismo: desvelos, ansiedad, llorar por casi todo, estar enojado, estar triste, no contener emociones al ver publicaciones de gente que apoya este gobierno, en fin… me siento identificada. Siento que me quiero suicidar, pero no quiero hacerlo por el simple hecho de llamarse “suicidio”, pero digo “bueno, me voy a las protestas o a una barricada y si pasa lo que temen muchos (represión), pues qué más da”. Hay días que ando por las calles y no me da miedo perder mi vida. Porque ya estoy en ese punto, que ya no me interesa vivir. Si me fuera a atrincherar solo por el hecho que podría perder mi vida, estuviera ahí desde el 31 de mayo, pero mis padres están encima mío y a veces recapacito y me detengo.

Ilustración: Juan García

Cada cosa qué pasa en este país me afecta de esa forma. Me enojo, lloro y digo “tengo que ir a dar mi vida por que realmente no la necesito”. Siento que estoy desilusionada con todo esto. Estoy harta. Estoy cada vez más infeliz. Tengo mucho odio. La familia en vez de unirse se aleja. Solo los padres están ahí y es por ellos que estoy aquí en casa. Cada quien lleva su calvario en esta procesión.

Steven, 26 años

Me he visto con emociones cruzadas, como si me hubieran pelado los cables. Cuando me dicen algo lo súper mal interpreto antes de tiempo. Me enojo, pero pienso en que la situación me tiene así y siempre trato de guardar la calma. Los ruidos fuertes me estremecen. Tuve que salir de mi casa y vivir en un hotel con mi hermana. No puedo escuchar el motor de alguna camioneta, la reconozco y procuro agacharme. Es un reflejo, ya no lo pienso.

Mi apetito se ha descontrolado totalmente y ni se diga mi estómago. He soñado con que matan a mi papá, que entro a la guerrilla, que nos queman. Hoy me llevaron a Galerías para “distraerme” y me sentí mal de estar ahí. Sentía vergüenza. Sentí remordimiento que otros sufren en las barricadas, se mojan y comen a medias. Se supone que estoy en un lugar seguro y no quiero salir del cuarto. No confío en nadie y me da miedo estar en un camino donde pasen carros. Hace dos meses no hubiera imaginado sentirme así. Siento desesperación. Agonía cada noche y desesperanza cada mañana. Antes marchaba en todas las convocatorias, ahora ni me dan ganas de salir del cuarto. Tengo mucho miedo.


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