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Blog | Con o sin habitación propia: Un saludo por el Día del Libro a las autoras mujeres
Día del libro

Saludo los libros de las reinas escritoras nicas ya clásicas y que han fallecido, a todas las que le siguieron y que yo admiro mucho

El Día del Libro es uno de mis preferidos y hoy lo celebro expresando mi admiración por los libros de las escritoras mujeres de Nicaragua y por los libros de todas las mujeres escritoras del orbe. Para todas ellas mis respetos y admiración, porque me consta que muchas lo han logrado o lo están logrando a un alto costo, mejor dicho sin «Una habitación propia» que con justicia escribió la monarca Virginia Wolf, asunto, por ciento muy polémico, porque Sylvia Plath (cuya poesía me encanta tanto como la de Pizarnik, la de Juana de Ibarbourou, de Alfonsina Storni o, no vayamos muy largo, la de Ana Ilce Gómez) no la tuvieron (la habitación: todas las condiciones), pero eso no viene al caso.

Saludo los libros de las reinas escritoras nicas ya clásicas y que han fallecido, a todas las que le siguieron y que yo admiro mucho. A las monarcas vivas y a las duquesas e infantas que van en camino: viejas, medio viejas y jovencitas. No hago lista, es inacabable hacer la lista y corro el riesgo de convertir este breve saludo en un mamotreto aburrido. La lista la lleva escrupulosamente Elena Ramos, que es la autoridad en la materia.

Decía mi amiga Etelvina Vijil, (que murió hace añales): «El nica que, pudiendo, no come nacatamal, es medio-nica». Ella llegaba a este extremo que yo sigo compartiendo: «El nica, que pudiendo, además de no comer nacatamal no lee a Rubén Darío, es solo un tercio de nica». Y decía más: «El nica que, pudiendo, no come nacatamal, no lee a Rubén Darío y no conoce ni lee la literatura nicaragüense es solo un pedacito de nica» (nica ignaro decía). Yo ahora, a su sabias frases anexo lo siguiente: «El o la nica, que pudiendo no come nacatamal, no lee a Rubén Darío, no conoce ni lee la literatura nicaragüense y no disfruta la literatura escrita por mujeres» (nicaragüenses) es un sub-nica o un nica limitado (es más políticamente correcto decir esto último). Parecido a un francés (subfrancés) que no ha probado el Croissant ni sabe quién fue Víctor Hugo ni Voltaire ni Madame de La Fayette, para no mencionar a Simone de Beauvoir.

Como ya dije, también celebro especialmente a mis favoritas a nivel mundial que no son pocas, y aquí borro fronteras porque sus novelas, que guardo primorosamente en mis estantes o en mi Kindle, son verdaderas obras de arte. No incluyo a las clásicas de antes del siglo XX (Sor Juana Inés de la Cruz, Austin, las Bronte, Shelley, V. Wolf, etc.). Menciono en particular a algunas, (solo unas cuantas) cuyas obras ya son o serán de culto. Aquí una breve lista, encabezada por tres grandes «Margaritas» que son memorables (para mí): M. Yourcenar «Memorias de Adriano», M. Duras «El Amante», M. Atwood «El cuento de la criada» y «Los testamentos».

A las siguientes del siglo pasado pero vigentes (no incluyo a las poetas): Herta Muller «Todo lo que tengo lo llevo conmigo»; Susan Sontag «Contra la interpretación»; Simone de Beauvoir «El segundo sexo», Hanna Arendt «Los orígenes del totalitarismo», Rosario Castellanos «Mujer que sabe latín», Hilary Mantel «La Corte del Lobo»; Isabel Allende «La casa de los espíritus» o «la Isla bajo el mar» —aclaro que no me gusta eso que dicen que dijo: «todos venimos al mundo a perder», pues ya sabe—, Elena Poniatowka «Tinísima» (hay quienes no la quieren, ya quisieran, a mí sí), Laura Restrepo «Delirio» y «La novia oscura» (es lo mejor), Laura Esquivel «Como agua para chocolate» (lo mejor); Elena Garro «Los días del Porvenir», Doris Linsing «Los niños de la violencia»; Ana María Matute «Los hijos muertos», Elena Ferrante «La amiga estupendo», Alice Munro «Demasiada felicidad», Gabriela Mistral «Desolación», Svetlana Aleksievich «La guerra no tiene nombre de mujer», Toni Morris «La canción de Salomón»; Almudena Grandes «Te llamaras viernes», Rosa Montero «La loca de la casa».

Y, de último, hay una grande, grande y es Carmen Laforet que escribió una gran novela a los 23 años (la novela «Nada»). Esa novela pasó décadas sin ser leída, subestimada  —supongo yo— por haberla escrito una “chavalita”. Pero quien no la ha leído, no ha leído nada (broma), es tremenda. Me recuerda la que escribió Fátima Villalta a los 16 años «Danzaré sobre su tumba» (2011) con la diferencia que esta “chavalita” ya es reconocida en todo Centroamérica y en México. La encuentran en el Centro Nicaragüense de Escritores o le preguntan a Karly Gaitán. Me quede corta pero, gracias. Gracias por los libros escritos por las mujeres de Nicaragua y el mundo.