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Condena internacional a ataques dirigidos a oenegés y Confidencial

Organismos de derechos humanos elevan su preocupación por Nicaragua y la libertad de expresión.

     

Defensores de derechos humanos, diplomáticos, periodistas y Gobiernos de distintos países del mundo condenaron los asaltos y las posteriores confiscaciones policiales a oenegés nicaragüenses y a la sala de redacción de Confidencial, donde se producen los programas Esta Noche, Esta Semana y la revista Niú.

España, Alemania y Francia fueron los primeros países en pronunciarse ante la decisión de la Asamblea Nacional de quitar la personería jurídica a nueve organizaciones de la sociedad civil.

«El pleno ejercicio y disfrute de las libertades de asociación, reunión, manifestación y expresión, recogidas en la Declaración Universal de Derechos Humanos, de la que Nicaragua es signataria, es un elemento esencial de la convivencia democrática«, subrayó el Ministerio de Asuntos Exteriores español en un comunicado divulgado junto a la Unión Europea.

Francia también condenó la decisión del Congreso, controlado por el régimen de Daniel Ortega, y reiteró su “honda preocupación ante la degradación de la situación de los derechos humanos en Nicaragua y las presiones a las que se somete a los defensores de los derechos humanos”, manifestó el Gobierno francés en su sitio web.

Por su parte, Bärbel Kofler, Comisionado para la Política de Derechos Humanos y Ayuda Humanitaria en la Oficina Federal de Relaciones Exteriores de Alemania, pidió que «se facilite la importante labor de las organizaciones de derechos humanos” y que se retomara el diálogo nacional.

CIDH: Se acelera la cuarta fase de la represión

El secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Paulo Abrao, manifestó a través de su cuenta de Twitter que en Nicaragua se “consolida un Estado de Excepción con decretos policiales o actos legislativos que intentan mantener ‘apariencia de legalidad’ para medidas que restringen y afectan los contenidos esenciales de los derechos humanos”. También alertó que tras la represión de las protestas, “se intenta eliminar todas las voces disidentes”.

Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU, llamó al régimen de Daniel Ortega a cesar las intimidaciones contra la sociedad civil y los periodistas independientes. La urgencia fue divulgada horas después de que el director de Confidencial, Carlos Fernando Chamorro, acudiera junto a un grupo de periodistas de este medio y otros de agencias internacionales a la estación policial de Plaza el Sol para solicitar información sobre la confiscación de sus oficinas. Como respuesta, la Policía Nacional desplegó a unos 50 antimotines con el fin de vapulear al grupo de personas que en encontraban fuera de las instalaciones.

Periodistas internacionales se pronuncian

El periodista Andrés Oppenheimer, quien entrevistó a Ortega a finales de julio, recordó las declaraciones del mandatario, quien negó la existencia de parapoliciales y dijo que “en Nicaragua no hay censura a los medios”. Oppenheimer cuestionó a través de Twitter: «¿Que dice ahora sobre este ataque a las oficinas del periodista independiente más conocido de su país?»

Jorge Ramos también se pronunció ante el asalto a la redacción de Confidencial, Esta Noche, Esta Semana y Niú, y cuestionó al régimen de por qué usa la violencia contra los periodistas.

Carlos F. Chamorro: “Nosotros vamos a seguir”

La noche del jueves 13 de diciembre la Policía Nacional asaltó las instalaciones de las empresas Invermedia, Promedia y la consultora Cabal, de Desirée Elizondo, esposa de Chamorro. Los agentes sustrajeron una treintena de computadores, más de una docena de discos duros, archivos de la empresa y documentos personales.

Al día siguiente, seis agentes de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (DOEP) corrieron a los guardas de seguridad y confiscaron el inmueble. Actualmente permanecen ahí sin orden judicial, pese a que Carlos F. Chamorro acudió la mañana del sábado a solicitar información a los oficiales, que a su vez dijeron que en Plaza el Sol les darían “mayor información”. Treinta minutos después de llegar a la estación, un grupo de antimotines replegó a golpes con macanas y empujones a los periodistas.