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¿Democracia en Nicaragua? Siete maneras de empezar el cambio desde vos mismo
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Uno no nace siendo democrático, sino que se aprende a serlo. En Niú te compartimos siete formas de adoptar la democracia en tu día a día para comenzar un cambio en Nicaragua.

Nicaragua atraviesa un lento proceso de democratización principalmente propuesto por las organizaciones civiles. Continuamente se habla de separación de poderes, alternancia en el poder, libertad de expresión, derechos humanos, etcétera. Todos estos conceptos, podrían sonar alejados del plano plano personal, pero ¿se puede implementar la democracia en la vida cotidiana y transformar la manera en cómo se hace política en el país?

La respuesta a esta pregunta no es «sí», pero tampoco es «no». Hasta para la persona más idealista, cambiar los comportamientos autocráticos de un país entero es una tarea imposible, sin embargo, existen algunos hábitos que se pueden implementar en espacios como el hogar, la escuela, y el trabajo, para promover el cambio estructural que el país necesita. En Niú te compartimos siete maneras en que vos podés promover la democracia en tu día a día.

1. Escuchar activamente a los demás

Prestar atención a lo que dice la gente, permite conocer más acerca de su contexto y así poder empatizar con ellos. La escucha es un componente importante en el diálogo, con el que se pueden alcanzar acuerdos y resolver problemas comunes. En línea existen muchos recursos sobre cómo escuchar mejor.

Sin embargo, a veces «estamos más preocupados por defender los propios puntos de vista que de escuchar a los demás», dijo el psicólogo Pep Marí a La Vanguardia.

2. Elevar la calidad del debate

El debate es esencial para una democracia. Desde las esferas personales se puede cultivar la capacidad de discutir ideas sin necesidad de ofender al interlocutor. Se puede estar en desacuerdo sin perder el respeto.

Aunque las redes sociales no son el mejor lugar para debatir. Allí abundan las posiciones extremas porque son las que generan más interacciones. Las opiniones más neutrales no generan tanta polémica y por tanto no llegan a ser tendencia. Esto puede llegar a distorsionar la manera de percibir la realidad. Además, en redes sociales como Facebook o Twitter hay muchos perfiles falsos cuyo único fin es crear polémica.

Vos podés elevar la calidad del debate en tu día a día. Con conversaciones que podás tener en el trabajo o universidad.

3. Promover una toma de decisiones más horizontal

Lo que se lleva a cabo en una democracia representativa, donde cada quien tiene derecho a elegir a sus representantes, se puede trasladar a los espacios donde se tenga liderazgo. Por ejemplo, los padres con los hijos, los maestros con sus alumnos o en un equipo de trabajo.

Una toma de decisiones más democrática, principalmente cuando el resultado afecte a un mayor número de personas, será el escenario ideal para poner en práctica la escucha activa y la negociación para construir consensos. De esta forma se previene imponer decisiones a los demás.

4. Diferenciar las opiniones de los hechos

Un hecho puede ser probado cierto o no mediante evidencia objetiva, mientras que las opiniones reflejan valores o creencias que «más allá de si usted está de acuerdo o no con, estas no se pueden verificar con evidencia», explica el diario El Universo. Tener esto en cuenta evitará avasallar al otro para defender una opinión propia.

Además, este ejercicio permite separar la realidad de los recursos retóricos que pudieran encontrarse en los discursos. Una forma de hacerlo es estar expuesto a medios de comunicación de diferentes tendencias ideológicas para tener una visión más balanceada de lo que ocurre en el mundo.

5. Ejercitar el pensamiento crítico

Contrario a lo que parece, pensar críticamente no consiste en «criticar» en el sentido común de la palabra. Sino en el ejercicio activo de la razón, en «la capacidad de comprender y juzgar un fenómeno a partir del análisis de sus elementos y las relaciones de estos elementos entre sí y con el mundo», según define el libro Pienso, luego (me)critico, una breve introducción al pensamiento crítico disponible para descarga gratuita. El texto ha sido iniciativa del podcast chileno Sinsentido Común, donde discuten distintos temas de filosofía y psicología.

Asimismo, en el libro se explica que no existen pensadores críticos como tal, sino momentos de pensamiento crítico. Y logrados con mucho esfuerzo, ya que es costoso para el cerebro. Tampoco es una habilidad que se pueda adquirir en corto tiempo, requiere disciplina y dedicación a lo largo de la vida. Pero vale la pena, porque sirve como un escudo ante «las ideas tóxicas, la manipulación y los errores y sesgos presentes en la información con la que el mundo nos bombardea», sugiere el texto.

6. Aprender a aprender

Una sociedad democrática necesita de ciudadanos dispuestos a educarse y a aprender. Los avances en las tecnologías de la información han permitido tener cantidades inmensurables de información al alcance de la mano. No obstante, este exceso de información no garantiza superar la falta de conocimiento, sino que demanda herramientas para aprender a encontrarla y filtrarla.

Para esto, la Unesco propuso la «alfabetización informacional«, que faculta a la persona a buscar, evaluar, utilizar y crear información para lograr sus objetivos personales, sociales, laborales y de educación. En un mundo digital, los usuarios necesitan de competencias necesarias para utilizar las tecnologías de la información y la comunicación, a fin de tener acceso a la información y poder interpretarla.

Además que existen muchos cursos en línea, tanto gratuitos como de pago, sobre cualquier materia que se quiera aprender.

7. Trabajar en equipo

Otro fundamento de la democracia es una sociedad capaz de organizarse. Los resultados más grandes se logran en conjunto. Para ello se necesita aprender cómo trabajar en equipo. Además, esta es una de las habilidades blandas más demandadas en el mercado laboral y una que ciertamente puede llevarnos a una unidad como sociedad, por consiguiente, a un país con la democracia que tanto se anhela.