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Despacho desde #Sundance 2022: Final de infarto
#Sundance 2022 Final

Lo mejor del cine independiente ya se presentó en el festival internacional y Juan Carlos Ampié reseña las últimas tres películas que dan un cierre impactante. ¡No te perdás las recomendaciones!

Mi última tanda de Sundance tiene dos películas que lo mantendrán al borde del asiento, y una tercera que podría servir como prueba forense para evidenciar el “cine arte” que espanta a las grandes audiencias – o más bien, las pone a dormir. No hay que resentir estas casuales incursiones en el aburrimiento. Si no nos arriesgamos de vez en cuando, nunca vamos a sorprendernos. Para más de lo mismo, ahí están las franquicias de siempre.

Palm trees and power lines

#Sundance 2022 Final

Lea (Lily McInerny) es una muchacha de 17 años, viviendo el verano más lánguido y aburrido de su corta vida. Tiene una relación tensa con su madre soltera (Gretchen Mol) y un círculo de amistades indiferentes. Todo cambia cuando un hombre mayor manifiesta interés en ella. Se trata de Tom (Jonathan Tucker), un constructor que le dobla la edad. Tiene una camioneta, y un talento especial para aplacar todas las alarmas que suenan en la cabeza de Lea. Este no es un romance. Es una corrupción.

La directora Jamie Dack tiene un ojo clínico para retratar a la clase media norteamericana, y un instinto implacable para confrontarnos con el lado oscuro de la naturaleza humana. Si alguna vez se han preguntado cómo es posible que muchachas comunes y corrientes caigan presas de dinámicas de explotación sexual, aquí tienen la respuesta.

McInerny es una revelación. En una escena, puede proyectar la madurez incipiente de una niña que se siente mayor que los adultos a su alrededor. En la siguiente, se empequeñece con vulnerabilidad. Le va a partir el corazón. Espero que tenga una larga y brillante carrera.

Me pregunto cómo se procesará la película en Nicaragua, donde la conducta aberrante que se retrata está socialmente normalizada. Probablemente una de las mejores películas del Festival, y una de las más difíciles de soportar.

Blood

La actriz suiza Carla Juri interpreta a Chloe, una fotógrafa que viaja a Japón después de enviudar. Sumergida en su duelo, quiere re conectar con amigos de su esposo. El grupo incluye a Toshi (Takashi Ueno), músico y padre soltero, y Yatsuro (Issei Ogata), un académico retirado. Poco a poco, Chloe encuentra la fuerza para cerrar ese capítulo de su vida y abrirse a las posibilidades de una nueva relación.

El director Bradley Rust Gray favorece la observación sobre las maquinaciones dramáticas. Las interacciones entre los personajes se montan con espíritu de improvisación. A pesar de su pretendido realismo, ocasionalmente nos mete dentro de los recuerdos y los sueños de la protagonista. Todo se ve dulce y cariñoso, pero también se puede sentir condescendiente y colonialista. La chela viene al Japón para que los nativos le devuelvan la alegría de vivir. Lentamente. Muy lentamente. Pensamientos intrusivos sobre el tamaño de la herencia contaminaban mi mente. ¿De qué otra manera podría irse a reconstruir su vida al Japón?

Quizás la única película de todo el festival que me arrepentí enteramente de ver.

Emily the criminal

#Sundance 2022 Final

Esto se llama terminar con una explosión. Emily (Aubrey Plaza) es una artista frustrada, deslomándose en trabajos de servicio para apenas sobrevivir. Al menos, hasta que es reclutada para participar en una pandilla que ejecuta fraudes de tarjeta de crédito. Atrapada en un sistema que le niega una vida digna, no le queda más que romper las reglas. El éxito es la mejor venganza, aunque sea al margen de la ley.

La película funciona como un thriller, pero el escenario de angustia económica es real. La protagonista es exponente de la generación de jóvenes con educación superior, descarrilados del “sueño americano” por las deudas leoninas detrás de los préstamos que financiaron su paso por los universidad. Emily marca horas en una empresa de comida por encargos, y tiene que compartir un pequeño apartamento con un matrimonio indiferente. Cuando una amiga le consigue una entrevista para un puesto en una agencia de publicidad, resulta ser una pasantía sin remuneración. La situación es aún más cruel, porque la vida normal – entiéndase, legal – se ve tan cerca y tan inalcanzable a la vez.

Nuestra heroína escala de simples raterías, como comprar una televisión con una tarjeta de crédito falsa, a dispensar violencia para asegurarse un botín considerable. En el camino, entabla una relación con el jefe del cartel, Youcef (Theo Rossi), quien tiene sus propios sueños de superación material. Eventualmente, Emily se convierte en valiosa lugarteniente, pieza decisiva en una guerra interna. La alumna supera a los maestros. Todo es cuestión de qué logre salir con vida, y mantenerse fuera del alcance de la ley.

Plaza tiene una amplia carrera en la comedia mordaz que impera en el cine y la TV norteamericana. Lo suyo es el desdén, y ser emocionalmente remota. En “Emily…” sorprende con un registro de furia apenas contenida. Sea electrocutando a un ratero que quiere robarle lo robado, o encontrando la entereza para dejar atrás un cuerpo sin vida, no deja que perdamos de vista el alto costo que paga Emily por superar sus circunstancias.

“Haciendo esto no vas a dañar a nadie”, le dicen en el curso de inducción criminal. Pero claro, las cicatrices del propio estafador no se notan a simple vista.