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Después del “adiós”: Amenazas de muerte y ciberacoso

     

A una joven nicaragüense se le hizo en redes sociales lo que en el siglo XVII se llamaba cacería de brujas. Robaron sus fotos para vandalizarlas, amenazaron con violarla y matarla e identificaron la dirección de su casa, estudio y trabajo para insultarla. ¿Su delito? Publicar un video donde acusó a un guardia de seguridad de un restaurante de comida rápida por, según ella, acosarla con una despedida en tono sexual. Así inició el debate nacional sobre qué es o no acoso callejero.

Martha Moraga, madre de la joven, aseguró en una entrevista con 100% Noticias que su hija denunció porque “quiso ser solidaria con las mujeres que han sufrido acoso”, pero “en su nerviosismo y al estar sola lo hizo mal”. Por el video, han recibido amenazas de muerte.

De acuerdo a su testimonio, los hechos no sucedieron cuando la joven salió del establecimiento, sino cuando iba pasando por el parqueo del restaurante. Contrario a lo que Moraga pensó, con los días el acoso cibernético solo ha subido de tono. “Las redes se volcaron en contra de ella con insultos, palabras soeces, se siguieron dando los acosos, hasta que le decían ´matate, morite, matate´, recibimos un mensaje que decía que hay un individuo que está instando a otros a ´darnos nuestro merecido´, que lleguen y nos hagan un linchamiento. Están atentando contra la vida de un ser humano. Hasta dónde va a llegar esto”, lamentó.

¿Qué hacer en una situación de acoso callejero? | Niú

Yajaira Gutiérrez, psicóloga y miembro del Observatorio Contra el Acoso Callejero en Nicaragua (OCAC), expresó en el programa de televisión Esta Noche, que enfocarse en los comentarios que una mujer dice mientras está reclamando por acoso callejero es un “desvío para invisibilizar la verdadera problemática, que es el constante abuso que se vive en las calles por parte de desconocidos”.

“El foco que deberíamos ver es que el acoso callejero es una problemática que abusa de las mujeres diariamente, que nos tiene con el cuerpo tenso, hartas y que necesitamos erradicarlo”, afirmó.

Dentro del debate sobre cuál es el concepto del acoso callejero, el OCAC Chile lo define como toda práctica con connotación sexual explícita o implícita, que proviene de un desconocido, que posee carácter unidireccional, ocurre en espacios públicos o semi-públicos y tiene el potencial de provocar malestar en el/la acosado/a.

Si bien, los colaboradores de algunas empresas tienen políticas que los obligan a saludar a los clientes, según Gutiérrez, te podés dar cuenta si es acoso por la tonalidad con la que se emite la frase. “No importa cuál es el contenido de lo que se dice, es que no es lo que haya dicho, es el tono en el que el acosador aplica las palabras, la mirada, los gestos. Si la víctima siente que fue invasivo”, explicó.

En las leyes de Nicaragua el acoso callejero no es visto como delito. Sin embargo, dos hombres ya han sido procesados por manosear a mujeres en las calles, lo más cercano a una victoria.

La credibilidad en las empresas

Para la psicóloga “lo estándar” es denunciar el abuso con los superiores, filmar si se puede, reclamar con la mayor cordura que se tenga y esperar una respuesta de la empresa.

El OCAC insiste que las marcas “tienen que tener un mensaje congruente” ante situaciones como estas. “La empresa que estuvo involucrada reflejó que no están a favor de las personas que pasan por situaciones de acoso y violencia, sino que se burlaron y generó una reacción adversa ante su público y siendo la más afectada la joven”, comentó.

¿Qué se debe hacer ante el acoso cibernético?

El sitio web Kids Health para Padres define el acoso cibernético como la utilización de tecnología para amenazar, avergonzar, intimidar o criticar a otra persona. Es decir, todo aquel contenido que se cuelgue en internet con la intención de hacer daño a otra persona.

Gutiérrez afirmó que este caso no es aislado y que “no hay una manera correcta de responder a este tipo de abusos”. “Muchas mujeres deciden cerrar sus cuentas hasta que la ola mediática haya pasado, diría que denunciar, pero tampoco hay una ley que nos proteja de esto. Lo que pasa es que con estos casos las personas dejan a relucir y excusar el odio interno que, sin darse cuenta, tienen hacia las mujeres. No solo de hombres a mujeres, sino de mujeres a mujeres”, lamentó.


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