En pantalla

“Distancia de rescate” trae horror existencial en clave femenina
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“Distancia de rescate” está sobrecargada de preocupaciones, pero las convenciones del horror operan como interferencia. Esto no es un defecto, sino una característica.

Ha pasado más de una década desde que la directora peruana Claudia Llosa descolló con “La teta asustada”. Dejando atrás el realismo social, regresa con este atípico drama con matices de horror. Por una vez, el título traducido es más acertado que el original. “Distancia de rescate” suena genérico. “Sueño febril” es más descriptivo de la experiencia de ver la película.

La protagonista se llama Amanda (Mariana Valverde). La primera vez que la vemos, está en estado de devastación física. En “off”, escuchamos una conversación que sostiene con David (Emilio Vodanovich), un niño curiosamente grave y poseído de sí mismo. ¿Es él quien arrastra su cuerpo por un bosque? ¿Hacia dónde? ¿Para qué? La voz de David la conmina a recordar. Un extenso “flashback” constituye el grueso de la película e ilustra cómo llegamos a esta situación.

Amanda y su pequeña hija, Nina (Guillermina Sorribes Liotta), veranean en una casa de campo en algún lugar de Latinoamérica —la película es intencionalmente elusiva a la hora de especificar nacionalidad alguna—. El trabajo del esposo las ha llevado por varios países. Incluso hay una escena donde madre e hija juegan a adoptar y descartar un acento argentino. El marido ausente puede llegar por unos días. Mientras tanto, ellas esperan.

La monotonía se rompe con la visita de la vecina, Carola (Dolores Fonsi). Las mujeres no podrían ser más diferentes. Amanda es desaliñada y acaudalada. Carola es sensual y proletaria. Una es devota de su hija, la otra parece temerle a su hijo. Entre ambas surge una intimidad inmediata, y cierta tensión sexual que Llosa deja flotando en el ambiente. Los deseos insatisfechos pesan sobre ambas. Carola nunca aprendió a manejar un carro. Amanda siempre quiso visitar este lugar, donde su padre viajaba para cazar.

Maternidad, realización personal, diferencias de clase… “Distancia de rescate” está sobrecargada de preocupaciones, pero las convenciones del horror operan como interferencia. Esto no es un defecto, sino una característica. Así funciona la fatalidad, rompiendo el tejido de la normalidad. La inquietud reverbera en el fondo, como el diálogo que enmarca la trama. Acaso el abuso de este recurso sea un paso en falso. Mientras más escuchamos a David, menos creíble es que un niño tan pequeño hable así con una mujer adulta.

La película le pertenece a las mujeres. Los hombres son ausentes, inefectivos, o ambas cosas a la vez. Véase cómo las maquinaciones de Omar (Germán Palacios), el esposo de Carola, conducen al episodio que contamina su vínculo maternal, y empuja a la familia a la inseguridad económica. En contraste, Marcos (Guillermo Pfening) es un buen proveedor. Amanda no tiene que trabajar, y puede dedicarse tiempo completo a la crianza de Nina. Sin embargo, es incapaz de tomarse unos días para estar con su familia. Aparece en sueños, y cuando llega de verdad, es demasiado tarde para hacer algo de verdadera consecuencia.

Las estrecheces materiales que afectan a Carola son totalmente ajenas a Amanda. La muerte de un caballo introduce elementos sobrenaturales. Estos se intensifican por el tratamiento visual al paisaje y el diseño del sonido. Llosa explota la belleza —y la rareza— del campo, convirtiéndolo en algo amenazante, que en cualquier momento puede desbordarse con efectos impredecibles. Estas decisiones estéticas reverberan en la resolución del film, donde un gesto ideológico toma preponderancia sobre la agudeza de su observación del universo femenino.

Estoy siendo intencionalmente vago para proteger las revelaciones del desenlace. “Distancia de rescate” es, al final, una película rompecabezas. Este formato narrativo puede ser muy entretenido, pero gran parte de su éxito depende del factor sorpresa de la resolución. Y de que la película deje satisfechas las expectativas de las audiencias.

A ratos, pareciera que Llosa está trasplantando el universo de David Lynch a su propia Latinoamérica de la imaginación. La tensión sexual entre las mujeres recuerda “Mulholland Drive” (2001). Pero el poeta de lo extraño encuentra elocuencia en lo irresoluto. En los propios filmes rompecabezas de Lynch no hay conclusiones determinantes. La incertidumbre es el punto. Al sugerir una explicación que resuelve los misterios de “Distancia de rescate”, Llosa termina haciendo que la suma del todo se sienta menor que sus partes.

Igual, la película es una experiencia intoxicante, que se beneficia de las excelentes actuaciones de Valverde y Fonsi. Mientras más extraños son los eventos en pantalla, más humanos se sienten sus efectos.

“Distancia de rescate”
(Fever Dream)
Dirección: Claudia Llosa
Duración: 1 hora, 33 minutos
Clasificación: * * * (Buena)
*Disponible en Netflix