Perfiles

El barcelonista y el rapero, dos de las víctimas fatales en Estelí
Orlando Pérez y Franco Valdivia.

Orlando Pérez y Franco Valdivia vivían muy cerca en Estelí, pero no se conocían. Sus vidas se cruzaron el día que los asesinaron.

     

Socorro Corrales todavía puede verlo dando saltos frente al televisor. Celebrar el gol a punta de alaridos. Apretujar el escudo de la camisa con euforia y acercárselo a los labios para besarlo. Lo mira en sus recuerdos porque su hijo, Orlando Pérez, ya no volverá a ver jugar al Barcelona. El joven de 23 años fue asesinado el 20 de abril en la ciudad de Estelí, en el norte de Nicaragua, cuando participaba en las protestas contra las reformas de la Seguridad Social y el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Un disparo certero en el cuello acabó con un fan encarnizado del equipo azulgrana.

Los seguidores del fútbol siempre encuentran modo de no perderse un clásico español. Aunque el país esté bajo tensión como Nicaragua. Este seis de mayo los televisores en Estelí sintonizaron la señal desde el Camp Nou. Ya fuese en bares o casas, los fanáticos estuvieron en vilo. Luis Suárez abrió el marcador a favor del Barcelona en el minuto diez. Al jolgorio celebratorio le faltaba una voz: La de Orlando. Mientras Estelí –una ciudad de tradición futbolera– estaba partida entre el lamento madridista y la estridencia barcelonista, en la casa de Socorro Corrales había silencio. El televisor no tuvo quién lo encendiera ese día. Un enorme lazo negro marca el luto sobre la puerta principal de la pequeña vivienda. En la sala, sentada en una mecedora, está la madre acongojada, sensible, esquivando el llanto.

–  El día que lo velamos me preguntaron si Orlando no tenía ropa – dice Socorro Corrales.

– ¿Por qué?

– Porque antes de meterlo a la caja (ataúd) lo vestí con su camiseta del Barcelona. Nunca se la quitaba. Eso era lo que le gustaba y no lo iba a enterrar con otra camisa.

La camiseta de Orlando no era la versión azulgrana sino la celeste, con el escudo del Barcelona a la altura del pecho. Aunque la franela estuviera húmeda en el tendedero, el joven así se la ponía. Por eso su madre no dudó, en medio del trauma de su asesinato, qué atuendo escoger como mortaja.

Orlando Pérez Corrales cayó en el parque central de Estelí la noche del 20 de abril, muy cerca de los baños públicos. Junto a cientos de otros universitarios decidió sumarse a la rebelión en su ciudad. La protesta degeneró en violencia cuando antimotines de la Policía Nacional y miembros armados de la Juventud Sandinista abrieron fuego contra los manifestantes.

La motivación de Orlando de protestar fue por la represión que, inicialmente, sufrieron jóvenes y jubilados por parte de la Juventud Sandinista. Socorro Corrales también participó en la marcha en Estelí. En medio de los disturbios, perdió de vista a su hijo menor. Orlando se quedó en el parque central acarreando agua a otros estudiantes para rebajar el picor del gas lacrimógeno.

– Unos muchachos se me acercan cuando yo lo ando buscando. Me dicen que si ya había encontrado a Orlando. Les dije que no.

– ¿Y qué le dijeron esos muchachos?

– Primero nada. Se agarraron la cabeza y entre ellos mismos se preguntaron: ‘¿Le decimos, loco?’. De inmediato me supuse lo peor. Mi corazón me lo dijo – relata la madre. Llora. No hay consuelo. Lo peor era cierto.

A la izquierda la hermana y madre de Franco Valdivia. A la derecha la hermana y madre de Orlando Pérez. Foto: Franklin Villavicencio. Niú

Aracely Pérez encontró a su hermano en la morgue del hospital San Juan de Dios. El disparo fatal era en el cuello. Otro impacto de remate cerca del mentón. Testigos consultados en Estelí y los familiares de Orlando aseguran que los disparos “salieron de la alcaldía de Estelí”.

– Habían francotiradores arriba de la alcaldía. Los únicos que andaban armados eran los antimotines y la Juventud Sandinista – relata Corrales.

La familia de Orlando presentó esa misma presunción ante la Policía Nacional la noche del crimen. Sin embargo, las autoridades se negaron a recibir la denuncia. El joven tuvo que ser enterrado sin autopsia.

El Ministerio Público ordenó una investigación sobre el asesinato de Orlando –y el resto de 45 muertes confirmadas en el país– más de diez días después del crimen, obligados por la presión nacional por la masacre.

La Fiscalía ordenó exhumar a Orlando para realizarle una autopsia. El cadáver ya estaba en avanzado estado de descomposición. Otro trauma más para Socorro Corrales.

– Toda esta investigación de la Fiscalía es un montaje – afirma la mujer, profesora de primaria de un colegio público en Estelí–. Es una investigación tardía. Vinieron a levantar una escena del crimen cuando ya no quedan ni rastros de sangre.

Orlando cursaba el último año de Ingeniería en Energías Renovables. No solo eran fan del Barcelona. Participaba en diferentes pastorales juveniles católicas en Estelí. Contrario a los orígenes de su familia, el universitario no era muy dado a la política. Su padre fue Mayor del Batallón de Lucha Irregular (BLI) Germán Pomares Ordoñez del Ejército Popular Sandinista en la década de los ochenta.

Hasta hace unas semanas, Socorro Corrales “era danielista y chayista hasta las cachas”.

– Yo a mi hijo lo obligué a votar. Él no quería ir a votar en las elecciones de presidente. Pero por mí fue a votar– afirma Socorro Corrales. Hace una pausa para evitar que el llanto vuelva–. Es lo único de lo yo me arrepiente que hice malo por él. De haberlo irlo obligado ir a votar y que ellos mismos me lo asesinaran.

Franco, el rapero

Orlando y Franco Valdivia vivían muy cerca en Estelí, pero no se conocían. Sus vidas se cruzaron el día que los asesinaron. Franco, 23 años y estudiante de tercer año de abogacía, también cayó en el parque central de Estelí la noche del 20 de abril. Para ellos no hubo paz tras su muerte. Fueron exhumados al mismo tiempo.

Franco era árbitro de béisbol. Pero los deportes no eran su pasión. Él era rapero, no de esos raperos que loan las armas, el dinero y las mujeres. Franco era un rapero de “conciencia social”. Su nombre artístico era “Renfan” y su lema musical “la escuela del pensamiento”.

– Franco murió siendo una mejor persona, defendiendo sus derechos y los de todos – señala Francis Valdivia, hermana de la víctima. Ella nos cuenta sobre su hermano en la entrada del Cementerio Municipal de Estelí, a 154 kilómetros de Managua. Para Francis no es extraño que su hermano se sumara a las protestas dada su conciencia social.

Franco publicó un estado en su cuenta de Facebook el 18 de abril. En tono rapeado:

“Hoy es un gran día para morir.
Por no elegir el camino que la corrupción
nos quiere hacer seguir.
Y aunque a mi vida días le reste
Seguiré diciendo verdades cueste lo que cueste.
Sandino tenía un sueño y les
aseguro que no era este.
Que les moleste que proteste”.

Dos días después un proyectil impactaría en su cabeza. Franco murió de inmediato. Su estado en Facebook resultó un vaticinio fatal.

Francis Valdivia, hermana de Franco. Foto: Wilfredo Miranda. Niú

Los resultados preliminares de las autopsia arrojaron que la persona que disparó a Franco se encontraba “en una posición privilegiada”. Es decir, en un nivel más alto que él. Su hermana sostiene que la trayectoria de la bala es de izquierda hacia derecha: El proyectil ingresó por el ojo izquierdo y quedó alojada en la parte derecha de su cabeza. Un disparo certero.

– Quienes disparan así tienen entrenamiento – reclama Francis Valdivia.

Irónicamente, Franco repudió las armas en una de sus líricas.

Con solo escoger lápiz y hablarles de pistolas
prefiero transmitirles que esta vida es una sola

Franco trabajaba como carpintero para poder pagar sus estudios y la pensión alimenticia de su hija de cuatro años. Le quedaba tiempo para producir vídeos de sus canciones. “Renfan” usaba los espacios públicos de Estelí para rapear. En “Pilatos”, otra de sus canciones, adelantó lo que quizá puede ser su epitafio, uno que conjuga rap y conciencia social.

No hay olvido sin sepultura
para quien lucha por lo que es
Que la muerte me regrese
lo que la vida me ha quitado…
Y sino escucho un rap real
no quiero verme resucitado

Franco ya no canta y Orlando ya no grita gol. Sus muertes continúan en la impunidad.

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