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El derecho a viajar sola

Un caso que ha conmocionado a la sociedad latinoamericana, pero que no hará que deje de disfrutar del placer de viajar.

     

He tenido el privilegio de viajar a otros países desde hace un par de años. Amo viajar, me ha llevado a conocer personas que han cambiado mi vida y he formado recuerdos memorables.

La mayoría de veces que viajo, lo hago sola. Me gusta disfrutar de explorar una ciudad por mi cuenta, me encanta encontrar pequeños cafés donde ir a pasar la tarde; para mí viajar, significa tener tiempo para reflexionar en un lugar donde nadie me conoce y tengo todo por conocer.

Ayer me encontré con la noticia de Mar, la mexicana que fue violada y asesinada en una playa de Costa Rica, país que he visitado y explorado de la misma manera que ella. Es difícil leer la nota y no tener miedo, darte cuenta que esa pudiste ser vos y que su único error fue ser mujer.

Porque no nos equivoquemos, el problema no fue viajar sola. Tampoco fue la ropa que llevaba ni la cantidad de cervezas que bebió. El problema es que este mundo, en especial Latinoamérica, es un lugar inseguro y atroz para las mujeres.


Luego de compartir la historia en un grupo de amigas, una de ellas envió un mensaje diciendo “Sinceramente yo nunca voy a viajar sola”. Me pregunto cuántas mujeres están pensando eso, limitando sus posibilidades porque temen ser asesinadas. No es posible que las mujeres sigamos cediendo derechos con tal de mantener el más básico: nuestro derecho a vivir.

Y repito, el problema no fue estar sin compañía, hace unos años mirábamos el caso de la dos chicas argentinas asesinadas en Ecuador, andaban juntas pero eso no evitó el delito ¿por qué? Porque las mujeres vivimos en un mundo restringido, donde hay zonas, horas y libertades a las que no tenemos permitido acceder.

Lo peor es que lo hemos normalizado, al punto de preferir tomar precauciones y no buscar formas de cambiar esa realidad. Recuerdo que una prima viajó por toda Latinoamérica y todas mis primas y tías le decían que estaba loca, que debía cuidarse, que una mujer no podía hacer eso. Mi prima viajó sola y logró completar su aventura, como debía ser.

Sin embargo, te encontrás con estas historias de terror donde una chica como mi prima o como mi amiga, es asesinada. Entonces empezás a sentir que tal vez no debiste ir sola al museo en Ciudad de México, o que tuviste que haber invitado a un amigo a ese café en Antigua. Y es ahí donde tu cerebro te hace decir afirmaciones como las de mi amiga y lo que pensás es una decisión, es realmente una imposición. La sociedad machista poniéndonos toque de queda y orden de restricción.

Nos quitan el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, nos pagan menos, nos acosan en las calles y trabajos, nos interrumpen mientras hablamos, nos abusan en las relaciones, nos violan, nos matan… y no nos permiten viajar.

Lo siento, pero yo me rehuso a renunciar a mi derecho. Seguiré viajando sola por Mar y todas a las que les fue negado disfrutar de seguir explorando el mundo, lo haré porque es necesario que lo normal sean chicas viajando felices y regresando a casas a salvo, listas para contar historias.

Claro que tomaré precauciones, igual que las toman miles de chicas que desean abortar y lo deben hacer de forma clandestina, igual que le avisás a tus amigas cuando llegaste a casa, pero que aún así no garantiza que llegarás a salvo. Igual que todas las mujeres en todas las actividades, siempre tomando precauciones para no morir.

Pero ni vamos a dejar de viajar, ni vamos a dejar de abortar. Porque el problema no somos nosotras, es la privación a nuestros derechos.


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