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“El misterio de Soho” corta la nostalgia con estilo y violencia
“El misterio de Soho”

Si los creativos de la series para preadolescentes del Disney Channel quisieran hacer un drama “adulto” sobre histeria sexual, el resultado sería parecido a esta película.

     

El director Edgar Wright (Baby Driver, 2017) despliega su sensibilidad de ‘nerd’ en esta carta de amor envenenada para el Londres de los 60. Su preocupación con la violencia sexual contra la mujer infunde algo de rabiosa actualidad.

Ellie (Thomasin McKenzie) se prepara para dejar su hogar provinciano y estudiar diseño de modas en Londres, en el legendario distrito de Soho. Pero no es una chica cualquiera. Es capaz de ver fantasmas, como la imagen de su madre muerta, que aparece silente en espejos. Sus preocupaciones y aficiones se fusionan cuando empieza a verse en sueños cómo Sandie (Anya Taylor-Joy), una chica hermosa que lucha en la gran ciudad por convertirse en cantante en el ‘Swinging London’.

Eventualmente, el pasado y el presente colapsan en una pesadilla de violencia y locura. ¿Está enloqueciendo, o todo es real?

Las protagonistas ofrecen un estudio en contratante: una es una virgen trémula y poco agraciada; la otra es una belleza sensual y asertiva. Ninguna está segura en un mundo gobernado por los deseos carnales de los hombres. Wright no quiere explotar los estereotipos, sino usarlos para comentar sobre la violencia contra la mujer. Ellas son dos expresiones de feminidad, amenazadas por el machismo depredador. Aún depresiva y apagada, desde que Ellie pone un pie fuera de su casa, los hombres la asedian. Jack (Matt Smith), el galán que le ofrece a Sandie un camino a la celebridad, pronto la corrompe.

El director se ve en Ellie, y comparte con ella su obsesión con el pasado. La banda sonora está astutamente curada con éxitos de la época. Brinda papeles sustanciales a leyendas como la recientemente fallecida Diana Rigg —este es su trabajo final—. La icónica Emma Peel de la serie de TV “Los vengadores” (1965-1968) es ahora una vieja casera con preocupación maternal. Rita Tushingham, ‘It girl’ del drama doméstico y la comedia juvenil, es una abuela preocupada. El brillo de sus alarmantes ojos grandes permanece intacto a pesar del paso del tiempo. Terence Stamp, peligroso galán de “Billy Budd” (Peter Ustinov, 1962) y “Teorema” (Pier Paolo Pasolini, 1968), es un viejo zorro merodeando los tugurios de la ciudad. La edad define los límites de sus personajes, pero la película los trata con dignidad.

Los nostálgicos podrán sentirse traicionados por los giros de la trama, pero es posible contemplar las glorias de antaño y reconocer su lado oscuro. El principal problema tiene que ver con el tono. Si los creativos de la series para preadolescentes del Disney Channel quisieran hacer un drama “adulto” sobre histeria sexual, el resultado sería parecido a esta película. La estudiada inocencia se extiende a las caracterizaciones. Véase el caso de a John (Michael Ajao), un manso interés romántico concebido para que el espectador no crea que todos los hombres son malos. O las caricaturescas “malas amigas” de la universidad —aunque aprecio la deliciosa maldad de Synnove Karlsen como la ‘alpha bitch’ Jocasta—.

Estas disonancias dejan de molestar en el tercio final, cuando la película abandona sus pretensiones sociológicas y abraza el amarillismo. El drama con matices sobrenaturales se compromete a fondo con el horror, invocando la violencia exuberante de las películas de los estudios Hammer, y el morbo del ‘giallo’ italiano. Mientras menos seria es “El misterio de Soho”, funciona mejor. Su sustancia está en el estilo. Wright sabe mover la cámara. La introducción de Ellie/Sandie en la vida nocturna es una de varias secuencias electrizantes, apoyadas en el hermoso trabajo del director de fotografía Chung-hoon Chung. En momentos como ese, es fácil entender cómo los personajes pueden obviar las señales de alarma, distraídos por la brillante superficie de un sueño podrido por dentro.

Esta es una versión juvenil de un drama adulto, con una exasperante dependencia en golpes de efecto. ¿Cuántas veces tiene un personaje que escapar de ser atropellado por un carro? Una vez es sorpresa, dos es exceso, y la tercera es la vencida. Aún así, quisiera volver a ver “El misterio de Soho”. Primero, para confirmar si una escena crucial es honesta o tramposa. Segundo, porque su estética intoxica. Aunque Ellie sea una proyección fabricada por un hombre de mediana edad, la película hace patente el encanto de la nostalgia por un tiempo que no vivimos, filtrado a través de los ecos y reflejos de la cultura pop.

“El misterio de Soho”
(Last Night in Soho)
Dirección: Edgard Wright
Duración: 1 hora, 56 minutos
Clasificación: * * * (Buena)