En pantalla

Guillermo del Toro invoca una hermosa pesadilla en “Nightmare Alley”
Nightmare Alley

“El callejón de las almas perdidas” supone el retorno del cineasta mexicano Guillermo del Toro a su mejor forma, casando su sentido del espectáculo con la curiosidad por la condición humana

En la postrimería de la Gran Depresión y con Hitler avanzando por Europa, Stanton Carlisle (Bradley Cooper) se une al ejército de vagabundos buscándose la vida al margen de la sociedad respetable en Estados Unidos. Cuando su camino se cruza con el carnaval itinerante de Clem Hoatley (Willem Dafoe), encuentra una comunidad en la que puede sobrevivir, e incluso progresar. Tiene sexo sin ataduras con la vidente Zeena (Toni Colette), una figura paternal en el mentalista Pete (David Strathairn) y una novia virginal en Molly (Rooney Mara). Pero la sordidez latente del medio impide que uno se sienta muy cómodo. Tome nota del ‘geek’: un guiñapo humano, completamente alcoholizado, cuyo único talento es rebajarse a devorar un pollo vivo a razón de 25 centavos por persona. El resto del tiempo, pasa enjaulado a la vista y paciencia de esta extraña “familia”.

El cineasta mexicano Guillermo del Toro regresa después ganar el Óscar a Mejor Película por “The Shape of Water” (2017). No es de extrañase que Hollywood lo haya consagrado por uno de sus trabajos más flojos. Su reinvención del mito de la bella y la bestia, cruzado con el monstruo de la laguna negra, era un ejercicio estéticamente hermoso, pero vacío. Las asperezas del miedo y la violencia, limadas lisas. “El callejón de las almas perdidas” supone un retorno a su mejor forma, casando su sentido del espectáculo con la curiosidad por la condición humana. Es de una pieza con “El espinazo del diablo” (2001) y “El laberinto del fauno” (2006), sus brillantes ejercicios de horror a la sombra de la Guerra Civil Española.

Ecos de la Primera y la Segunda Guerra Mundial matizan la trama, pero el verdadero campo de batalla está en la moralidad del protagonista. Traumas de infancia lo empujan a infectarse con el poder de la manipulación, desestimando el camino a la felicidad de la mano de Molly. Cuando se apropia del manual del mentalista, se reinventa como adivino de exclusivos clubs nocturnos. Ahí encuentra incautos de otra especie, acaudalados políticos y capitanes de industria. La miseria del carnaval es suplantada por el lujo del ‘art déco’.

Ambos ambientes bellamente visualizados, tan expresivos como los gestos del mejor actor. El diseño de producción de Tamara Deverell es el arma secreta de la película. Desde las cavernosas mansiones de los ricos, hasta las pobres covachas de los fenómenos de circo, cada lugar cuenta una historia completa en sí misma.

Del Toro imprime un sentido de inexorable perdición. La colorida visión del pasado no traiciona el espíritu del ‘film noir’. Cooper es excelente como el sujeto que labra su propia perdición. Tiene una ‘femme fatal’ de lujo en Cate Blanchett, como una psicóloga con facilidad para la estafa. Su introducción delata la preocupación de la película con la clase social, y el mito de la movilidad económica. Stanton es un advenedizo, un pobre rural insinuándose en los círculos de la burguesía. La seducción de Blanchett se siente como escarmiento. Retratada con dejos de expresionismo alemán, sus pómulos cortan como navajas. Aún más peligroso es Richard Jenkins, como un violento millonario acostumbrado a conseguir lo que quiere a cualquier precio, incluso invocar el fantasma de un amor perdido. Nadie pone en tela de duda el virtuosismo visual de del Toro, pero “El callejón de las almas perdidas” lo revela como sólido director de actores. Rol por rol, puede ser la película mejor actuada de 2021.

La película se basa en la novela original de William Lindsay Gresham, y no necesariamente en la adaptación estrenada en 1947. Bajo las órdenes del director Edmund Goulding, Tyrone Power dejó atrás su aura de ídolo de matiné para revolcarse en la inmundicia de un ‘film noir’ carnavalesco. Del Toro podrá hacer propia la historia, pero reconoce el valor del antecesor de calibre clásico. Notoriamente difícil de ver, fue restaurada recientemente y editada para video casero por la prestigiosa Criterion Collection. Si tiene chance de verla, no dude en hacerlo. Este es uno de esos atípicos casos en los que diferentes versiones de un texto no se cancelan entre sí. Ambas ganan en la comparación –y en un gesto de cortesía conmovedora, del Toro incluyó a la cantante Romina Power, hija del primer Stanton fílmico, como extra en una escena–. “El callejón de las almas perdidas” puede reconocer la irremediable corrupción del hombre, pero encuentra esperanza en la belleza con que se puede invocar su perdición.

“El callejón de las almas perdidas”
(Nightmare Alley)
Dirección: Guillermo del Toro
Clasificación: * * * * (Muy buena)