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“His House”: El horror de confrontar la culpa que no puedes dejar atrás

His house

No existe algoritmo que pueda sortear con éxito la avalancha de “contenido” que compite por nuestro tiempo y atención. Pero no desesperen. Para eso estamos los críticos, para encontrar las pequeñas joyas que corren peligro de pasar desapercibidas. Por ejemplo, “His House”, filme original de Netflix que se revela como una brillante película de horror.

Bol (Sope Dirisu) y su esposa Rial (Wunmi Mosaku) logran llegar a Inglaterra e iniciar el proceso de solicitar asilo. No ha sido fácil. Vemos como huyen de Sudán del Sur con las balas pisando sus talones. Sufren un naufragio mientras cruzan el mar en la oscuridad de la noche, y así pierden a su hija Nyagak (Malaika Wakoli-Abigaba). Liberados de un centro de detención, son escoltados a la casa que se les asigna en un suburbio de viviendas sociales. La casa está en estado ruinoso, pero es de ellos.

Pronto, empiezan a escuchar lamentos y ruidos que parecen venir de las paredes. Apariciones espectrales perturban su sueño. ¿Son reales, o no? ¿Hace eso alguna diferencia? Mark (Matt Smith), funcionario en permanente estado de agotamiento, deja claro que la petición de ser reubicados a otra casa puede operar contra ellos. “Tienen que ser de los buenos”, dice. Nosotros sabemos que es fútil. Lo que sea que los está espantado, los seguirá adonde vayan.

“His House” cumple con las convenciones del género, desde sustos abruptos hasta secuencias de tensión gradual. No faltan imágenes simbólicas que convierten la realidad física que los personajes habitan, en un espacio maleable. Lo que eleva la película a un plano superior es su sensibilidad a la hora de retratar la experiencia migrante, no solo en los aspectos más dramáticos, como el episodio del naufragio, sino también los efectos del desarraigo. Vea la escena en que Rial se pierde buscando una clínica cercana: es una manera de dramatizar la idea de que no pueden escapar de los espectros, pero también es una anécdota que conecta con la desorientación implícita en insertarse en otra cultura —y la pedestre acción de perderse en una ciudad que no conoces—. O los bien intencionados intentos de conexión, que no pueden salvar barreras infranqueables —véase a Bol cantando en un salón comunal a coro con los hinchas de un equipo de futbol—.

La película sugiere que el trauma del refugiado es tan ajeno a las experiencias de los demás, que siempre los separa. En este caso, se ve potenciado por el racismo, tan directo como la vecina que dice “¿Por qué no se van?”, o tan escamoteado como la desidia pasiva-agresiva del burócrata. Ni siquiera puede esperase solidaridad entre su propia raza —vea cómo tres adolescentes negros se burlan de Rial por su acento—. Para ella es más difícil dejar todo atrás, y visualizar una nueva vida en Inglaterra. No termina de ver la ruinosa vivienda que les han dado como “su casa”. Marido y mujer se enfrentan desde actitudes diametralmente opuestas al exilio, y las espectrales apariciones que los acosan. Ella incluso considera la posibilidad de volver —la inviabilidad de este curso de acción queda pronto en evidencia, en un devastador flashback que empieza como sueño y termina como pesadilla—. A veces, simplemente, no puedes regresar.

El guion escala a un nivel superior al considerar a sus personajes como seres humanos complejos, y no simples sujetos de opresión, canonizados por el sufrimiento. Sus propias culpas contribuyen a la zozobra. Es un obstáculo más en el camino a una nueva vida. Dirisu y Mosaku, actores desconocidos por mí hasta ahora, son extraordinarios en sus papeles. La desintegración del matrimonio, bajo el estrés del exilio y los embates de lo sobrenatural, tiene una deuda con el cine de Ingmar Bergman. Matt Smith, mejor conocido por las series “Dr. Who” y “The Crown”, es irreconocible como el representante del statu quo blanco y occidental, albergando resentimiento ante el migrante —“esta casa es más grande que la mía”, dice en cierto momento—.

La experiencia de ver “His House” tiene la inmediatez del mejor cine horror. La tensión te reclama, simplemente estas ahí, en ese espacio, con los personajes, y no puedes escapar. Pero mientras más pienso en la película, más aprecio la profunda humanidad de su discurso. Incluso si no son devotos del género, vale la pena armarse de valor y ver la película. No se arrepentirán.

“His House”
(Su Casa)
Dirección: Remi Weeks
Duración: 1 hora, 33 minutos
Clasificación: * * * * (Muy Buena)
*Disponible en Netflix