En pantalla

Horror a plena luz del día: una fantástica playa te condena a la vejez en “Old”
Old

Si tan solo “Old” fuera “El Ángel Exterminador” con insolación, pero sus creadores no tienen licencia para usar el surrealismo para explorar la tragedia implícita en sufrir los efectos del paso del tiempo.

No es extraño que la premisa de “Old” le resulte atractiva a M. Night Shyamalan. Envejecer y morir son temores primarios comunes a todos. Añada un componente de aislamiento, conectado simbólicamente con la experiencia de la pandemia, y tenemos una fantasía de rabiosa actualidad. Los traumas de la pandemia se sienten como corrientes subterráneas que pueden arrastrarte en cualquier momento.

Guy (Gael García Bernal) y Prisca (Vicky Krieps) están al borde del divorcio. Aún así, viajan a un lujoso ‘resort’ tropical para darle unas últimas vacaciones familiares a sus hijos. Maddox (Alexa Swinton) es una niña de 11 años y Trent (Nolan River) apenas tiene seis. Junto con un puñado de turistas, son invitados a una excursión en una playa aislada. Pronto, descubren que ahí el tiempo corre más rápido —al menos en lo que a su biología se refiere—. En cuestión de segundos envejecen días; en minutos, meses; en horas, años. Un cuerpo sin vida aparece flotando en el agua, anticipando el destino que les espera pronto si no escapan. Los niños se convierten en adolescentes y los adultos, pues, envejecen.

El grupo incluye a un Charles (Rufus Sewelll), como un médico ególatra. Su esposa Chrystal (Abbey Lee) es una tensa modelo, cansada de lidiar con su pequeña hija Kara (Mikaya Fisher) y su suegra, Agnes (Kathleen Chalfant). La psicóloga Patricia (Nikki Amuka-Bird) y su esposo, el enfermero Jarin (Ken Leung) tratan infructuosamente de encontrar una explicación, o una salida. El rapero Mid-Size Sedan (Aaron Pierre) trata de salir por el desfiladero por donde entraron, solo para descubrir que los que intentan huir se desmayan y reaparecen mágicamente sobre la arena. ¿Qué demonios pasa?

Sería mejor no saberlo. El director adapta la novela gráfica “Sandcastles” (original de Pierre Oscar-Lévy y Frederick Peters), y parece estar jugando con nuestras expectativas sobre su trabajo como dramaturgo. El predicamento de los personajes es fantástico, pero las maquinaciones que los unen son transparentemente artificiales. No es casualidad que casi los personajes tengan conexión con la medicina —Guy es tasador de seguros de salud—, y también alguna enfermedad crónica. Los pecados del guion están justificados por las circunstancias. Abundan frases explicativas y descriptivas, que sonrojarían a un guionista medianamente sutil, pero al provenir de un grupo de desconocidos en una situación límite, se justifican circunstancialmente. Uno imagina a Shyamalan sonriendo maliciosamente mientras escribía en su casa. “¿Creen que mis diálogos son malos? ¡Tomen esto!”.

Con “The Sixth Sense (1999), convirtió “el giro sorpresa que te obliga a reconsiderar todo” en su marca de fábrica, pero eventualmente agotó la buena voluntad de la audiencia. Para el estreno de “The Village” (2004), el truco era más frustrante que placentero. Aquí, la resolución se siente más como una demanda comercial que un capricho personal. Explicación y retribución son requisitos de ineludible cumplimiento para cualquier producto comercial de los grandes estudios. Y es una lástima, porque el horror de “Old” florecería mucho más robusto en la ambigüedad.

En un momento de desesperación, la psicóloga se esfuerza por explicar lo que pasa, identificando una especie de histeria colectiva en la que todos están convencidos de que no pueden abandonar un lugar, aunque realmente ningún obstáculo se los impide. Sí tan solo “Old” fuera “El Ángel Exterminador” (Luis Buñuel, 1952) con insolación, pero sus creadores no tienen licencia para usar el surrealismo para explorar la tragedia implícita en sufrir los efectos del paso del tiempo, a velocidad normal o acelerada. La película termina en una nota de estéril literalidad, cuando demanda locura.

Aún con sus límites, es un vigoroso filme de horror que saborea las posibilidades del género. La cámara se mueve fluida y nerviosamente, tratando de abarcar el paisaje con la misma desesperación de las víctimas. Lo que no enseña es tan importante como lo que muestra. Lo que se mantiene fuera de pantalla y lo que se oculta en disoluciones a negro tiene un efecto enervante, que alimenta este inusual ejercicio de horror a plena luz del día —entre este filme y “Midsommar” (Ari Aster, 2019), ya podemos darle la bienvenida al subgénero—. Es tremendamente refrescante ver un filme que no depende de la mecánica de anticipar un susto abrupto para perturbar al espectador —sí, me refiero “El Conjuro” y sus descendientes—. Pero claro, puede ser que mi edad me esté traicionando.

“Viejos”
(Old)
Dirección: M. Night Shyamalan
Duración: 1 hora, 48 minutos
Clasificación: * * * (Buena)