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“In the Heights”: Todo cambia, menos el ritmo del barrio
In the heights

“In the Heights” es un legítimo musical original. es refrescante descubrir música por primera vez y escuchar a los actores conversando en versos de canción.

Lin-Manuel Miranda saltó a la fama como creador de “Hamilton”, el musical de Broadway que contaba la historia del prócer Alexander Hamilton con música hiphop. En un golpe de inspiración, los padres de la patria eran interpretados por actores negros y latinos, mientras que los ingleses eran blancos. Al conectar el colonialismo histórico con el racismo contemporáneo, Miranda infundió rabiosa actualidad en su caprichosa creación. Este éxito le dio un empujo a la adaptación fílmica de su ópera prima, estancada por años en la tubería de Hollywood.

“In the Heights” nos sumerge en Washington Heights, emblemático barrio dominicano en el noroeste de la isla de Manhattan. Usnavi (Anthony Ramos) sueña con regresar a la isla tropical que sus padres dejaron atrás. Está enamorado de Vanessa (Melissa Barrera), bella manicurista que anhela convertirse en diseñadora de moda y vivir en el centro de la ciudad. Nina (Leslie Grace), su mejor amiga, parece haber triunfado. Estudia en Stanford, pero regresa por vacaciones de verano con un secreto: quiere abandonar la escuela. Eso implica un conflicto con su padre, Kevin (Jimmy Smiths). Claudia (Olga Merediz), abuela putativa de la comunidad, preside sobre las historias cruzadas.

Quiara Alegría Hudes, adaptando su propio guion teatral, hace un trabajo ejemplar a la hora de cristalizar los conflictos emblemáticos de la comunidad latina de Estados Unidos. La tensión entre los migrantes originales y sus descendientes, la crisis de identidad de las generaciones venideras, el impulso de “escapar” para volver a un hogar original que ya no existe, la gentrificación…todo está aquí. El enciclopedismo no abruma. Además, los actores derrochan carisma. Ramos es el protagonista, pero estamos ante una genuina historia coral.

“In the Heights” es un legítimo musical original. No hay nada necesariamente malo con los musicales de roconola, lleno de éxitos reconocibles, como las reciente “Rocketman” (Dexter Fletcher, 2019). Sin embargo, es refrescante descubrir música por primera vez y escuchar a los actores conversando en versos de canción. El formato clásico se ha vuelto novedad. Y no tema sentirse alienado, la familiaridad de los ritmos latinos lo abraza, como si fueran viejos amigos.

Las convenciones del teatro musical se funden con la realidad concreta de la ciudad. La película es muy exitosa a la hora de crear un palpable sentido del tiempo y el lugar. Esto es lo más cerca que puede estar de experimentar Nueva York sin montarse en un avión. También reproduce la sensación de vivir en una gran urbe, donde los momentos íntimos de introspección suceden en público. La otra cara de la alienación urbana es el sentido de conexión con los demás. La multitud no te conoce, pero atestigua de tu existencia.

Es mérito del director John M. Chu (Crazy Rich Asians, 2018) que hasta los momentos más artificiosos tienen una carga emocional sorpresiva. Véase el ‘pas de deu’ entre Nina y su enamorado, Benny (Corey Hawkins). Mientras contemplan una inminente separación, pasan de un balcón en la escalera de incendios, a bailar en el costado del edificio, desafiando la gravedad de la misma manera que los amantes desafían circunstancias adversas. Mientras la anciana Olga contempla su mortalidad viajando en metro, sus compañeros aparecen, en un abrir y cerrar de ojos, con la ropa tradicional cubana. Los fantasmas del desarraigo nunca se exorcizan completamente. No me gusta la salsa, y ni así puedo negar el poder del número que escenifica simultáneas crisis románticas en un ‘nightclub’ abarrotado. Todavía escucho en mi cabeza a la multitud clamando por “¡¡¡VANESSA!!!”.

“In the Heights” no está libre de las trampas del momento cultural. Es un hito en términos de representación latina, pero ha sido blanco de críticas por favorecer a actores de piel clara, relegando a latinos negros a los márgenes —entre los papeles principales, solo el personaje de Benny ese interpretado por un afroamericano—. La crítica es válida, al mismo tiempo que es imposible que una sola película revierta todas las injusticias del racismo estructural.

Por lo menos, los realizadores han logrado retratar la diversidad de la comunidad. Es notoria la presencia de actores de diferentes generaciones, tonos de piel y formas de cuerpo. Los números musicales que recuerdan al Hollywood clásico, pero no solo verá a bailarines profesionales. Además de menoscabar la conformidad, evade la idealización de los finales felices. Es específicamente latino-norteamericana, pero su agridulce resolución sella su universalidad.

“En el barrio)”
(In the Heights)
Dirección: John M. Chu
Duración: 2 horas, 23 minutos
Clasificación: * * * * (Muy Buena)