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La romantización de la revolución
FSLN revolución sandinista
Carlos Herrera | Niú

"Nicaragua se encuentra en las manos de un dictador que salió de los agrandados guerrilleros de la revolución sandinista que nos contaron como un cuento de hadas"

     

Crecí en una familia que admiraba a todos los guerrilleros y revolucionarios de los años 70 y 80, y a todos aquellos que lucharon contra el “imperio yanqui”, así como le llamaron a Estados Unidos durante esa época en donde todo era comunismo o capitalismo. Creo que muchas chavalas y chavalos que tienen más o menos la misma edad, se podrían identificar.

En mi casa, mi papá y mi mamá tenían una pared llena de fotos de Fidel Castro, Lula, por supuesto el Che, Tania, Arlen, Carlos Fonseca, Toro Sentado y Zapata. Habrán habido otros cuantos más, pero estos son los que en este momento recuerdo. Además, había una gran pared reservada solamente para un cuadro con fondo rojo y negro de Carlos Fonseca. Inconfundible para todos los nicas y desconocido para algunos amiguitos y amiguitas de la época, que después del colegio visitaban mi casa. Si hubieran sido niños y niñas nicas, puede que pudieran haber tenido idea de quién era, pero yo crecí en Guatemala.

¿Ese es tu papá?  – Me preguntaban algunas amigas. Y es que mi papá también tiene gafas y barba. Todas pensaban que era él, de joven. – No, es Carlos Fonseca, el fundador de FSLN en Nicaragua. – contestábamos a veces mis hermanas y yo. – ¡Ah! No sé quién es. Parece tu papá. – Se limitaban a decir. ¿Qué íbamos a saber a los 12 o 13 años quienes eran todos aquellos señores? Para muchos, todos se veían iguales y hasta llevaban el mismo tipo de ropa. Un uniforme verde olivo, una especie de gorra y muchos de ellos barba y gafas.

Algunos domingos, mientras se cocinaba el desayuno familiar, mi papá y mi mamá ponían música revolucionaria, así que también crecimos escuchando todas esas canciones que agrandaban a los guerrilleros y pintaban a la revolución como un cuento de hadas. En mi cabeza yo lo imaginaba como algo enorme e increíble, en donde existían los buenos (guerrilleros) y los malos (dictadores, Estados Unidos y militares). Después vino la época en donde mi papá y mamá pasaban algunas noches en Trovajazz, un bar en la zona 4 de Guatemala, en donde se cantaba trova. Mi mejor amiga, mis hermanas y yo nos aburríamos horriblemente, pero las canciones se quedaron en el fondo de mi subconsciente. Esas mismas canciones que cuando entré a estudiar Relaciones Internacionales y empecé a leer y a entender un poco sobre teorías políticas, movimientos sociales y cómo funcionaba el mundo de la política, volví a cantar con algunas amigas y amigos durante nuestras noches de trova. Hasta llegamos a hacer un grupo de amigas, con las cuales algunas veces salimos a tomar vino y a hablar sobre la influencia de las ideas soviéticas sobre los territorios latinoamericanos.

Un grupo de protestantes destruyen un rótulo del presidente Daniel Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo. Carlos Herrera

Por otro lado, parte de mi familia nica estuvo involucrada un poco en la política que hacía el Frente Sandinista, defendiendo a cuerpo y espada a Carlos Fonseca, Tomás Borge y después a Daniel Ortega. Soy hija de una chavala que creció y creyó en las ideas del sandinismo y que se fue al monte a alfabetizar. También soy la prima de otra chavala que organizó la juventud sandinista en Waslala y la sobrina-nieta de otra mujer que le dio posada y comida al autonombrado comandante, que ahora es el dictador de Nicaragua. Crecí creyendo que las ideas de esos “grandes hombres” guerrilleros sandinistas eran, sin duda, las que guiarían a Nicaragua hacia un país libre de abusadores del poder y de la explotación extranjera.

No sé en qué momento empecé a entrar en conflicto con todas esas ideas aprendidas y absorbidas durante mi niñez y mi adolescencia, supongo que fue cuando empecé a entender un poco mejor la distribución del poder y la división de los recursos naturales en el mundo, durante distintos momentos de nuestra historia.  Había momentos en donde leía libros de historia o de teorías políticas y me decía a mí misma. – Pero esto no se parece en nada a lo que los sandinistas están haciendo ahora. Se llama sandinismo, pero si Sandino supiera lo que en su nombre han hecho ¿estaría de acuerdo? – Ahora pienso, que si Sandino se enterara de lo que Daniel Ortega y Rosario Murillo han hecho con Nicaragua, los incluiría dentro de la familia del dictador de su época y también los querría echar.

Así como muchos escritores  y escritoras nicaragüenses conocidos han puesto en letras, también creo que la revolución se desvió cuando el FSLN no tenía un plan, ni idea de cómo gobernar u organizar un Estado. Puede que esté equivocada, pero lo que dan a entender es que fueron un puñado de jóvenes, liderados por otros jóvenes que se dejaron llevar por las ideas de mayores que creían en las revoluciones armadas y el marxismo, que al parecer no lo entendieron bien, o que en sus inicios creían en que estaban listos para tener Estados socialistas y que podrían llegar a Estados comunistas. Pero al final se terminaron acostando con el capitalismo y se enamoraron. ¿Y quién es capaz de no enamorarse de algo que puede darte un poco de poder? No todas las personas que se autollaman líderes, fueron hechos para estar en puestos donde tengan un poco de responsabilidad, porque les pasa lo mismo que a los famosos comisionados de Nicaragua. Se creen invencibles y juegan con la corrupción, porque se sienten respaldados por el corrupto mayor que está de “presidente”. ¿Les ha tocado hablar con alguno de esos tales comisionados? A los que vi en algunas oficinas, me dieron la impresión que pasaron de noche el bachillerato, si es que pasaron por la escuela.

Carlos Herrera | Niú

Viviendo en Nicaragua que de la famosa revolución sandinista solo quedaban las ideas de cosas que nunca pasaron. Como que se quedó a medias, nunca terminó o que sus líderes se la robaron al pueblo. Sí, eso parecía más, como que sus líderes después de haber sido parte del pueblo y después de haberse llevado chavalos a la montaña con palabras bonitas de patriotismo, compañerismo, revolución y cuentos de guerrilleros, se habían apoderado de la llamada revolución.

No estoy para nada en contra de las revoluciones, siempre he creído que son necesarias, para evolucionar, para desarrollarnos, para seguir adelante con nuevas ideas, pero no estoy de acuerdo en la manera de cómo siempre paran siendo. Mueven masas, mueven a la gente, para luego reproducir un sistema político viejo con nombre diferente. Obviamente que quienes se quedan en el poder lo saben, pero el pueblo que se queda atrás e ignorante no entienden que sacaron a un monarca, a un rey o a un señor feudal para poner a otro con una nueva etiqueta. Después de tantas guerras y conflictos armados, después de reestructuraciones de sistemas políticos, de creaciones de organizaciones internacionales y todo el cuento bonito de la paz, en el siglo XXI no debería de ser posible tener dictadores. Pero como han sabido jugar con las leyes y los derechos de un pueblo, que desconocen que los tienen. Ahí están, aplastados en una silla presidencial y dando órdenes desde la comodidad de sus mansiones que consiguieron con repetir una y otra vez discursos sobre imperialismo, socialismo y comunismo. Términos que muchos no entienden, pero que aplauden, mientras le den un zinc o un cerdo para tener qué comer por un rato.

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La frase «Que se rinda tu madre» ahora es dirigida al presidente Daniel Ortega por una generación de jóvenes en rebelión. Carlos Herrera | Niú

Sí. En lo personal siento que la revolución sandinista fue contada como un cuento de hadas. Pero quienes tuvieron que adentrarse en las montañas, pasar frío, hambre y miedo porque no sabían si iban a regresar a casa con familias y amigos que dejaron atrás, tienen una historia diferente que contar. ¿Dónde están los resultados de la famosa revolución que les fueron prometidos? Porque lo que veo  ahora es un Estado con instituciones que se descascaran y no por la falta de cuidado de sus instalaciones, sino por la falta de preparación, profesionalismo y compromiso de sus dirigentes, que se han echado al bolso lo que han podido y les vale un pepino las necesidades del pueblo. No hay educación, no hay salud digna y confiable, no hay pensiones para los retirados, no hay libertad de expresión, no hay infraestructura que no se arruine cada vez que cae una lluvia, no hay nada. Pero sí que abundan las violaciones a los derechos humanos, la delincuencia, los exiliados y refugiados políticos y un futuro incierto de una Nicaragua que se encuentra en las manos de un dictador que salió de los agrandados guerrilleros de la revolución sandinista.