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Masaya: Sobrevivir en las ruinas
Pobladores de Masaya colocan adoquines que sirvieron para barricadas. Carlos Herrera | Niú

De la Masaya alegre y activa hoy queda poco. O nada. Hemos sido saqueados y quemados y, mientras tratamos de reincorporarnos durante el día, vuelven a atacarnos aprovechando la oscuridad de la noche

De la Masaya alegre y activa hoy queda poco. O nada. Hemos sido saqueados y quemados y, mientras tratamos de reincorporarnos durante el día, vuelven a atacarnos aprovechando la oscuridad de la noche. Los delincuentes que actúan sin que ni la Policía, antimotines o alguna autoridad se los impidan, arman verdaderos bacanales sobre los destrozos de Masaya y, al amanecer, los pobladores salimos de las casas todavía asustados a ver qué otro negocio fue saqueado o qué otra vivienda incendiada. Desde hace semanas esa es la triste rutina diaria: Sobrevivir en las ruinas de nuestra ciudad.

En este tiempo, Masaya ha visto en sus calles lo mejor y lo peor de sí misma. Antes, aquí, hablaba muy orgullosa de Monimbó, su resistencia, dignidad y valentía puestas al servicio de una lucha justa y necesaria que inició el pasado abril, sin embargo, también ha quedado en evidencia la desvalorización de otra parte de la población y las turbas que la acompañan, la avaricia, la rabia, la falta de solidaridad y la mentira.

Cada persona que se ha llevado aunque sea una bolsa de leche o un celular de una casa comercial o que ha ayudado a quemar una vivienda está contribuyendo a la desgracia de todos porque mañana todos, absolutamente todos, vamos a padecer hambre y nuestros hogares van a correr el riesgo de ser acatados a causa de la sed de venganza y la desesperación, ¿Cómo es posible que no nos demos por enterados? ¿Cómo es posible que alguien le eche la culpa del caos a los manifestantes? Si los manifestantes robaran, las caravanas y marchas pacíficas que han recorrido Masaya, ya habrían arrasado la ciudad por completo.

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Por otro lado, ¿a quién se le ocurre que un ciudadano de bien va a asaltar el Mercado de Artesanías a medianoche o de madrugada y destrozar los tramos? ¡El Mercado de Artesanías es nuestro patrimonio cultural y turístico! ¡Todos tenemos un familiar, amigo o conocido que tiene un puesto ahí, sabemos que de esas ventas dependen las familias de los artesanos y también de los vendedores y los dueños de tramos! ¡No nos vamos a clavar el puñal nosotros mismos! Quienes hacen esto solo buscan causarle el mayor daño a Masaya, tanto a nivel económico como social. Está a la vista.

Se han destruido librerías, tiendas de ropa, casas de empeño, comercios de pintura, sucursales de empresas de telefonía, de electrodomésticos, supermercados. ¿Quién en su sano juicio puede señalar a las personas que luchan de forma cívica por nuestros derechos y por la democracia en Nicaragua de hacer esto? No tiene ningún sentido. Ninguno.

Ya es notorio que hay negocios cuyos dueños prefieren cerrar “hasta nuevo aviso” o clausurarlos. La semana pasada algunos empezaron a abrir nuevamente, daba esperanza ver cómo poco a poco se iban dando pasitos. Inclusive el supermercado Palí fue limpiado, asegurado y reabierto. Las familias en los barrios todavía viven con inseguridad y temor: que si es mejor no salir después que se oculta el sol, que hay que cerrar bien las puertas, que mejor apagar todas las luces de las viviendas, que hay que evitar hacer mucho ruido. Anoche volvimos a la pesadilla: Bombas, disparos, antimotines llegando en buses/camiones, gente corriendo, gritos, saqueos. Nos estamos destrozando, en todos los sentidos, a un ritmo desenfrenado.

Afuera, mientras arrollan el pueblo, no hay Dios, ni ley. Las pandillas que se reúnen a desmantelar, robar, quemar lo hacen sin que nada, ni nadie los detenga. Han tenido que juntarse los vecinos, arriesgando sus propias vidas, para resguardar supermercados. El mercado Ernesto Fernández pasó días sin abrir y ahora solo abre por zonas y a ratos. Los comerciantes protegen sus tramos día y noche, pero siguen en peligro igual que cualquier negocio de Masaya, entonces me pregunto: ¿Qué van a hacer quienes han robado cuando se les termine el botín? ¿Cuándo ya no haya nada que robar?

Centros comerciales de Masaya después de los saqueos. Carlos Herrera | Niú

El lunes 14 de mayo, mientras iba a comprar pan, vi cómo muchos pobladores, hombres, mujeres y hasta niños, pasaban por una de las calles de mi barrio cargados con lo que habían saqueado del Palí central. En una esquina un grupo los esperaba para quitarles lo robado. Hubo pleitos, gritos, empezó a llover y en la panadería la gente se amontonaba y se desesperaba por comprar la mayor cantidad de pan porque decían que nos íbamos a morir de hambre. La escena era totalmente surrealista. Después, los vecinos se organizaron y salieron con un coche de caballos y vehículos a buscar a los saqueadores, recuperar lo robado y llevarlo al asilo de ancianos. Decían que en Masaya no somos ladrones. Y es la verdad.

En julio de 2001 un terremoto sacudió y botó Masaya. Estaba todo destruido. Hubo que empezar de cero. Y se hizo. Se levantaron las casas, se reconstruyeron los negocios, las parroquias de La Asunción y San Jerónimo volvieron a abrir sus puertas, la Ciudad de las Flores se rehízo a sí misma. Y lo volveremos a hacer. Si una fuerza de la naturaleza no pudo con el espíritu y las ganas de salir delante de los masayas, la fuerza de un puñado de hombres y mujeres malvados e indignos tampoco podrá. No les daremos el gusto. Masaya es más grande que ustedes. Ya conocen bien nuestro corrido:

Coyotepe, La Barranca, son historias de valor

donde todos los Masayas defendieron la Nación

porque todo comeyuca sabe dar su corazón.

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