En pantalla

“Matrix Resurrecciones” rescata el buen sentido de un final
Matrix resurrecciones

Casi 20 años después de “Matrix Revolutions”, Lana Wachowski revive la franquicia con un inesperado capítulo final. La secuela que nadie pidió es sorpresivamente exitosa a la hora de explotar la nostalgia al mismo tiempo que la denuncia.

Al principio, todo se siente familiar. Desde la estética de los trajes, hasta la acción. La rebelde Bugs (Jessica Henwick) observa cómo unos agentes asedian a una mujer vestida en cuero negro ceñido al cuerpo, sentada en un cuarto oscuro, frente a un teléfono. Es exactamente la misma escena que vimos en la primera “Matrix” (1999). La mujer parece, pero no es, Trinity (Carrie Ann Moss). Huyendo de la lluvia de balas, Bugs encuentra a un aliado entre los agentes. Se trata de Morpheus, pero no es interpretado por Laurence Fishburne, sino por Yahya Abdul-Mateen.

Para mayor confusión, también encontramos a Neo (Keanu Reeves), solo que ha vuelto a llamarse Thomas Anderson. Es el exitoso creador del videojuego, The Matrix. Su socio (Jonathan Groff) le trae malas noticias: la megacorporación que absorbió la empresa quiere una secuela. En un café cercano, Anderson encuentra a Tiffany, una mujer casada, madre de dos hijos, idéntica a Trinity (Carrie Ann-Moss). Por si no lo recuerda, al final de “Matrix Revolutions” (2003), tanto Neo como Trinity habían sacrificado sus vidas en la guerra entre la humanidad y las máquinas.

Estamos en la era de lo familiar. Disney le saca el universo de “La Guerra de las Galaxias”, compra a los estudios Marvel con su “universo” en expansión. Todo lo viejo es nuevo otra vez. No es de extrañar que Warner Brothers quiera entrar al juego, explotando una pieza de propiedad intelectual en su haber. Pero Lana Wachowski —trabajando sin su hermana, Lilly— toma la oportunidad para criticar el momento cultural que atravesamos y completar el arco narrativo de sus personajes. Que también deje satisfecho al púbico masivo, francamente es extra.

Mis planes de revisitar la trilogía original antes de ver la nueva entrega fueron infructuosos. Por eso, puedo confirmarles que la nueva película hace un trabajo ejemplar a la hora de ubicar al espectador en el flujo narrativo, en todo lo que respecta al “pasado” y el “presente”. Flashes de escenas aparecen en momentos oportunos, como si fueran productos de las conexiones sinápticas de los protagonistas. Esto fortalece nuestra identificación con Thomas Anderson/Neo. Él, y nosotros, estamos recordando al mismo tiempo.

“Matrix Resurrections” es como un reflejo de la primera película, amplificado en intensidad por el tiempo. El brillo de la novedad es imposible de replicar, pero el cálido confort del recuerdo está ahí. Tome nota de la escena en que la banda de jóvenes rebeldes lleva a Thomas a un salón similar al lugar donde Morfeo lo reclutó por primera vez, reconstruido sobre un escenario, mientras en el telón de fondo se proyecta la escena original que emulan. “Nada alivia más la ansiedad que la nostalgia”, dice el nuevo Morfeo.

Y quizás esa es la clave de la popularidad de los ‘remakes’ y la reformulaciones que plagan la cartelera de cine y la programación de los servicios de ‘streaming’. Nadie quiere realmente el shock de lo nuevo. De alguna manera, “The Matrix” anticipó la naturaleza monolítica del discurso popular en internet. Las mismas películas de las Wachowski terminaron cooptadas por sectores ultraconservadores, que limaron sus sutilezas y ambiciones intelectuales, para poner su espíritu a favor de la paranoia totalitaria.

Wachowski puede estar sirviendo a intereses comerciales, pero también usa la película para reclamar el espíritu de su obra original. En los años que han transcurrido, las cineastas se identificaron como mujeres transgénero. Puede encontrar ecos de ese viaje personal en toda la película. Anderson y Tiffany viven inmersos en identidades falsas. Solo nosotros podemos ver que en realidad son Neo y Trinity. Fugaces reflejos en cristales nos revelan cómo se ven dentro de la falsedad del mundo virtual. Él es un calvo barbudo. Ella, una rubia de botella.

Quizás la duración sea demasiado generosa —podría haberme ahorrado la escena con Lambert Wilson—, pero “Matrix Resurrections” tiene suficientes elementos a su favor. Henwick es un verdadero hallazgo. Y el poder de la resolución es innegable. Quisiera pedir una secuela, pero eso iría contra la naturaleza de esta historia. Cuanto todo está dicho, es mejor irse volando.

“Matrix Resurrecciones”
(The Matrix Resurrections)
Dirección: Lana Wachowski
Duración: 2 horas, 28 minutos
Clasificación: * * * (Buena)