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Mito y propaganda hacen claudicar a “¡Las Sandinistas!”

La cineasta estadounidense Jenny Murray acomete la tarea de contar la historia de la revolución desde el punto de vista de mujeres sandinistas militantes, pero su película se pierde en el laberinto mitológico de Nicaragua.

El prólogo destaca a algunas figuras que, asumimos, serán los personajes claves. Dora María Téllez es identificada como “política y comandante”; Sofía Montenegro es “periodista y militante”; Daisy Zamora es “poeta y combatiente”, y Gioconda Belli es “escritora y militante”. El pueblo está representado por Claudia, identificada como “campesina y combatiente”; Olga, “maestra y combatiente”. Más adelante, aparecen otras, cómo Mónica Baltodano y Lea Guido. La muestra cruza estratos sociales y de poder, pero la balanza termina inclinándose hacia la nomenclatura.

Una vista panorámica de la historia

El guion se construye con retazos de entrevistas y declaraciones en archivo noticioso. Este formato sugiere menor intervención del realizador —no existe un narrador separándonos del discurso—. Sin embargo, en la práctica, es tan deliberado como el documental tradicional. Además, limita la posibilidad de contextualizar y contradecir. En el afán de construir una vista panorámica de la historia, se sacrifica la complejidad de una época aún elusiva, perdida en la niebla de la propaganda y la complacencia de la generación revolucionaria.

Es muy difícil destilar 50 años de eventos en hora y media de metraje, armando un relato que funcione tanto para nicaragüenses, como para extranjeros que no necesariamente conocen el país. Ante ese desafío, Murray se matricula en la narrativa del gran mito revolucionario, según el cual el FSLN derrocó solo a la dictadura somocista, y procedió a construir una utopía que se descarriló por culpa de la Contra y los Estados Unidos.

Para los extranjeros, beneficiados por los lujos de la ignorancia y la distancia, es fácil asumir esto como cierto. No sufren las consecuencias de un proceso violento y contradictorio, que dividió a la sociedad nicaragüense en dos bandos irreconciliables, condenándonos a una dinámica maniquea, que todavía nos está costando vidas (las fugaces declaraciones “solidarias” de Bernie Sanders y Noam Chomsky no le hacen favores a estas figuras de la izquierda norteamericana). Después de todo, los contras también eran nicaragüenses —y en sus filas militaban mujeres—. Pero la tragedia de una lucha fratricida es menos comercial que una leyenda. Cuando “¡Las Sandinistas!” asume como propia la propaganda, se desbarata ante nuestros ojos.

«¡Las Sandinistas!» traiciona su esencia

Es frustrante como la película traiciona su esencia en busca de valor de entretenimiento. Aparentemente, no bastaba el testimonio de Téllez sobre el asalto al Palacio Nacional. Así, le ceden cámara a Edén Pastora, héroe mediático convertido en oportunista, ahora cómplice y apologista de Ortega. También es innecesaria la aparición de Luis Carrión. ¿Necesitamos que un hombre explique porque no había mujeres en la Dirección Nacional?

En los mejores momentos, las protagonistas bajan la guardia y revelan experiencias personales: Téllez lamenta cómo hacer la guerra le robó tiempo de convivir con sus padres; Baltodano menciona de pasada haber dado a luz en la clandestinidad; Zamora da pistas sobre el acoso sexual de la dirigencia. Estas son las historias sin contar, aún inéditas, sacrificadas por el discurso conocido.

Puede apreciar una envidiable biblioteca de archivo histórico. En una reveladora estampa, Tomás Borge acaricia grotescamente el rostro de una guerrillera, mientras dice morbosamente “que niña más bonita”. Procede a declarar alegremente que “somos delicados y corteses con las mujeres, aunque hayan combatido” y dice entre risas que “estamos muy satisfechos que se mantengan como han sido siempre las relaciones entre hombres y mujeres”. Inmediatamente se corrige, cambia el tono de voz para declarar de manera poco convincente que debe haber “respeto mutuo e igualdad, también”. No lo hubo. No realmente. Y esa es una historia es apenas sugerida.

En la recta final, la película se apresura a destilar en pocos minutos las contradicciones de la segunda venida de Daniel Ortega al poder, incluyendo las acusaciones de Zoilamérica Narváez. La problemática Rosario Murillo brilla por su ausencia, a pesar de terminar siendo una de las mujeres más influyentes en el arco más extenso de la historia. A falta de ella, figuras afines a la dictadura defienden lo que ya era indefendible, aún antes de la represión de abril 2018. Es un malogrado afán de “balance”. “¡Las Sandinistas!” ya había perdido la batalla, aún antes que la dictadura se pusiera en evidencia.

“¡Las Sandinistas!»
Dirección: Jenny Murray
Duración: 1 hora, 36 minutos
Clasificación:  (Regular)