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Nicaragua: el año que duró un abril
En abril iniciaron las primeras manifestaciones en contra de la gestión de Daniel Ortega. Desde entonces el país se quedó en abril. Carlos Herrera | Niú
En abril iniciaron las primeras manifestaciones en contra de la gestión de Daniel Ortega. Desde entonces el país se quedó en abril. Carlos Herrera | Niú

Autoconvocados, exiliados y excarcelados cuentan qué significado tiene para ellos este mes, que marcó el inicio de la insurrección cívica.

A pocos días del primer aniversario de la lucha cívica, los nicaragüenses autoconvocados aseguran haberse varado en abril. Para ellos, ese mes nunca terminó y finalizará, quizás, hasta que el régimen se vaya. Sus protagonistas cuentan el significado que cobró abril para sus vidas.

“No hay un minuto en que abril no me pase por la mente y el cuerpo y tenga que hablar de eso. Abril fue el despertar de un propósito que va más allá, que es la búsqueda de cambios. Fue dolor, sufrimiento y a la vez, mucha valentía, solidaridad y hermandad de parte de los nicaragüenses. Abril es ese vínculo con la memoria para no olvidar la lucha que sigue por la libertad. Abril es mi vida hasta que logre regresar a mi país. A un país del cual fui arrancada y desplazada forzosamente para resguardar mi vida”, dice la líder estudiantil, Madelaine Caracas, quien en esta fecha del año pasado encabezó las protestas para sofocar el incendio de la Reserva Indio Maíz y luego se integró a la Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia.

Para otros, también, abril es sinónimo de cambios y rupturas en las familias. Pues desde aquel 18 de ese mes ya nada volvió a ser igual. Luisa García, ciudadana autoconvocada, es ejemplo de ello. Ella asegura que en abril pudo romper los ideales orteguistas con los que había crecido y le impedían comprender la realidad. “Abril significa estar en desacuerdo con mi familia y crear una brecha por una idea justa, que defiendo a pesar de nunca antes haberles contradicho. También, significa ser perseguida por no pensar como el que tiene el “poder”, ser arrestada sin justificación y vivir con el miedo de salir a la calle y encontrarme con un policía. Esto no podría ser más contradictorio. Para mí abril significa dolor, pero también el descubrimiento de un amor inmenso por mi Nicaragua”, asegura.

Un joven levanta una bandera de Nicaragua sobre una barricada, el 21 de abril de 2018, durante el cuarto día de protestas en Managua.

Para Yolanda Sánchez, presa política que fue excarcelada el mes pasado, abril es el bastión de la lucha cívica que busca una Nicaragua libre. Y confiesa que “en abril perdí el miedo y estoy dispuesta a defender mi país porque no puedo estar tranquila cuando sé que aún falta mucho por hacer (…) Ya quedó demostrado que Nicaragua es fuerte y valiente y que nosotros podemos y lo vamos a lograr su libertad con la ayuda de Dios” dice.

El despertar de la juventud

Por su parte, Alejandro Centeno, estudiante que fue detenido por participar en las protestas y tuvo que exiliarse por el asedio, afirma que abril es y será recordado como el mes en que la juventud se levantó. Es el despertar de la “reserva moral”.

Los universitarios han sido un sector en clave en la protesta ciudadana que exige un cambio en el sistema político del país, incluyendo en las organizaciones estudiantiles.

“Abril nos hizo asumir a los jóvenes una deuda que no nos correspondía, pero que hemos asumido con gran compromiso y valor. Los resultados son claros, la mayoría de los asesinados son jóvenes, estudiantes, la mayoría de los presos son jóvenes, la mayoría de los exiliados son jóvenes. Abril es unión, pues vimos que católicos, evangélicos, feministas, ateos, comunidad LGTBI y campesinos nos uníamos por un solo objetivo, dejamos a un lado las diferencias. Abril es la esperanza de que volvemos a las calles sin temor que nos asesinen o nos apresen, de que volveremos a las aulas, de que tendremos un nuevo país libre de dictadura, abril es el renacimiento de Nicaragua” dice.

En el último año más de 325 personas han sido asesinadas por unirse a las manifestaciones cívicas, más de 750 personas se convirtieron en reos de conciencia y más de 55 mil personas han tenido que irse del país por miedo a morir, ser encarcelados o por la crisis económica que vive Nicaragua.