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OEA: Esa enorme montaña pariendo musarañas
OEA

No sólo no hay el mínimo atisbo de aplicación de ningún artículo de la Carta Democrática, sino que estas resoluciones ya llevan implícito el supuesto que Nicaragua seguirá siendo miembro activo y pleno de la OEA

     

Este martes 15 de junio el pueblo nicaragüense volverá a sufrir otro más de sus desencantos a los que parece adicta: Espera que la Organización de Estados Americanos (OEA) dictamine la “expulsión” de Nicaragua de su seno (“¡aplicar ya la Carta Democrática!” casi gritan en las redes), sin valorar objetivamente qué es lo que se está pidiendo y si realmente eso afectará la gobernabilidad del régimen sandinista, dueño de sartén, mango y cuchara, en Nicaragua.

Lo que se espera. El público espera que la OEA dicte una especie de bloqueo diplomático, económico, financiero, comercial, etc.,  al régimen de Nicaragua. Y que eso debilitará casi mágicamente al régimen sandinista, que seguirá en su “derrumbe inmediato”, narrado al estilo de los cronistas deportivos, desde hace tres años.

Fake. Falso. Incierto. Inflado. Irreal. Ese escenario.

La realidad. No hay tales, a pesar que las élites políticas nos venden una y otra vez las mismas “ilusiones”: La OEA no mira hoy a Nicaragua, a pesar del holocausto y el drama humano que allí se vive, como miraba espantada a la Cuba “caída en las garras del marxismo leninismo” en1962, cuando apenas iniciaba su proceso de estatización de la economía y su declaratoria como país “socialista” apenas cumplía un año. En Nicaragua, aunque no mueven un dedo hacia el socialismo ni desde los 80, todos los días  el régimen se declara socialista, aunque tipo cristiano y aunque parezca redundante, solidaria (no se sabe con quién). Eso no es suficiente hoy en la OEA, por ser un socialismo desdentado, aburrido, incluso retóricamente pobre.

A pesar de los “contundentes” informes sobre asesinatos en masa, ejecuciones sumarias, torturas, violaciones, predominio del paramilitarismo, secuestros, ruptura del orden constitucional, todo debidamente respaldado y documentado con cienes de testimonios y testigos del holocausto (CIDH, MESENI, Grupo de Expertos Independientes, etc), es el panorama electoral del día 7 de noviembre de 2021, el que mueve a la OEA a volverse a reunir de nuevo, “con urgencia”, este 15 de junio 2021, “para ver la situación en Nicaragua”. No más.

Ni siquiera es la posibilidad de llevar a juicio al estado sandinista en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Al fin y al cabo, ni una sola de las organizaciones, ni uno solo de los candidatos presidenciables- hoy presidiarios-ha solicitado a la Corte, abrir el juicio a los criminales, inmunes desde abril 2018.

Los cambios políticos, además, le cambian los flujos periódicos a la OEA, no se sabe con certeza el posible comportamiento de la votación final en la Asamblea Permanente, porque no ha habido pronunciamientos claros o especiales sobre Nicaragua. Incluso, hay serios temores de que países como El Salvador puedan votar en contra de sanciones a Nicaragua, primero porque el de Nayib Bukele es el primer gobierno que más bien ha sancionado a la OEA, expulsándola de El Salvador en los temas de corrupción. Es consecuencia natural de las desastrosas y provocativas acciones de Luis Almagro protegiendo delincuentes salvadoreños en la carpa de su Secretaría General.

¿Se tienen 24 votos? Si acaso en la sesión del Consejo Permanente no se logran los votos necesarios, que es lo más probable, Ortega va a saltar chocando sus talones, presentando ese traspiés de Almagro, como un triunfo de su régimen en el seno de la OEA. Como suelo decir, pago por ver entonces las interpretaciones que la oposición funcional en Nicaragua dará a este nuevo revés en las falsas ilusiones en las que se ha venido especializando, para engatusar al público.

De todas formas, por la víspera se saca el día: ¿Ya viste que el proyecto de resolución que se discutirá mañana  es otro de esos que expresa, poné atención:

  1. Una “grave preocupación porque no han habido reformas electorales para “elecciones libres y justas”.
  2. La clásica condena inequívoca de las “arbitrariedades” del régimen nicaragüense y “pedir la inmediata liberación de los posibles candidatos y de todos los presos políticos”. Sí, no leés mal, en ese orden de texto.
  3. La fórmula de cajón de “Instar enérgicamente al Gobierno de Nicaragua a implementar “medidas legislativas y de otro tipo” para lograr (a cinco meses de la fecha de votación) “elecciones libres y justas, “incluido el buen recibimiento de observadores electorales fidedignos de la OEA y de otros países.
  4. Y claro, la ardua labor de presentar informes “sobre el proceso electoral en Nicaragua, para su consideración y posible presentación ante la Asamblea General.

Como es obvio, no sólo no hay el mínimo atisbo de aplicación de ningún artículo de la Carta Democrática, sino que estas resoluciones ya llevan implícito el supuesto que Nicaragua seguirá siendo miembro activo y pleno de la OEA. Y se deja entendido que se podrían negociar los observadores electorales y las misiones que harán informes desde el terreno, de esas elecciones.

Ni siquiera una mínima referencia ética o humanitaria que plantee la exigencia del retorno de los organismos internacionales de Derechos Humanos o la posibilidad de solicitar los trámites ante Naciones Unidas para denunciar el terrorismo estatal contra una población desarmada y pacífica.

Así que no son ratones los que pare la montaña de la OEA, son las mismas musarañas de siempre.

Fake. Falso. Incierto. Inflado. Irreal. Ese escenario.

*Este texto fue publicado también en el blog del autor: Dia-Logos