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“Passing”: Una de las mejores películas del año lo espera en Netflix
Passing

La actriz Rebecca Hall sorprende en su debut como directora. “Passing” es un iluminador melodrama sobre una amistad que se resquebraja bajo el peso del racismo.

     

Estamos en el Nueva York de los rugientes años 20, en el epicentro del llamado renacimiento de Harlem. Profesionales de raza negra gozan de movilidad económica, mientras los artistas tienden puentes al ‘statu quo’ blanco. Irene (Tessa Thompson) está casada con Brian (André Holland), un médico exitoso. Viven en una cómoda casa con sus dos hijos, e incluso emplean una sirvienta tiempo completo. Son burgueses, protegidos en alguna medida de los peores efectos del racismo. Sin embargo, el miedo reverbera como ruido de fondo. Noticias de un linchamiento en el sur figuran en los diarios. La pareja discute sobre cómo explicarle a sus hijos los peligros que enfrentaran en la vida. También parecen tener problemas de intimidad. La vida de Irene solo parece perfecta.

En un caluroso día de verano, se reencuentra con Clare (Ruth Negga), una vieja amiga de adolescencia. Es bella, sofisticada y segura de sí misma. Está de paso por la ciudad, acompañando a su esposo John (Alexander Skarsgård), un banquero exitoso. Pronto se hace evidente hasta qué punto Clare ha cambiado. Ahora “pasa” por blanca. Ni siquiera su esposo sabe la verdad. Al compartir su secreto y reinsertarse en su vida, Clare impone en Rene (así la llama por cariño) la obligación de unirse a la charada, bajo una amenaza tácita de violencia. John, un blanco, es transparente en su desprecio hacia los negros. Si tolera la presencia de la amiga de su mujer, es porque cree que ella también es blanca —ambas ríen con complicidad al caer en cuenta—.

Hall filma en un encuadre conocido como “Academy ratio”, que no solo es congruente con la tecnología de la época en que se desarrollan los acontecimientos. La cuadratura de la imagen transmite la sensación de confinamiento que los personajes sufren, atrapados en estereotipos y prejuicios que trascienden al problema racial. El blanco y negro no solo es estéticamente hermoso, también facilita la aceptación del engaño. Es encomiable como una producción independiente, con recursos limitados, logra construir una versión del pasado que no se siente limitada. La película pulsa con vida propia, transportándonos en el tiempo.

Incluso sin Clare revoloteando a su alrededor, Irene es visiblemente infeliz. La naturaleza de su inconformidad no es explícitamente articulada, pero se sugiere insatisfacción con la domesticidad y quizás incluso deseos sexuales insatisfechos. En algún nivel, Irene quiere ser como Clare, o quizás poseerla —los ecos de “The Talented Mr. Ripley” son evidentes—. Pero no puede nombrar con palabras ese anhelo. Ella también está “pasando” por algo que no es. La película no se apresura a dar una respuesta fácil, no se trata simplemente de decir que es lesbiana o bisexual. La incapacidad de conocerse a uno mismo es daño colateral del racismo, una manifestación de odio socialmente aceptada, que quiere alienarte y destruirte por ser quien eres. ¿Quién puede criticar a Clare por querer pasar?

La gracia social de Clare la hace el alma de la fiesta. Su brillo opaca a Irene. Los niños prontamente la reclutan como compañera de juegos, y Brian susurra con complicidad cuando la recibe en el vestíbulo. Hasta la sirvienta Zulena (Ashley Ware Jenkins) tiene una breve escena que implica un nivel de camaradería al que Irene, tensa y temperamental, no puede aspirar. Cada mujer tiene lo que la otra desea.

La complicada mezcla de sentimientos e ideas que se vislumbran detrás de “Passing” podría parecer confusa, de no ser por la claridad emocional de las actuaciones. Thompson tiene el papel menos vistoso, pero quizás el más demandante. Irene no puede articular sus deseos, pero la actriz debe hacerlos transparentes para el espectador. Tenemos que conocerla mejor de lo que ella se conoce a sí misma. En contraste, Negga debe darle vida a una quimera. Clare nunca articula las razones que la motivan. No tiene que hacerlo. Su aparente frivolidad es una refutación al orden social. Y su añoranza por volver a ser reconocida como una mujer negra le romperá el corazón.

Quizás para Clare “pasar” sea un asunto de supervivencia. Para Irene, se convierte en una ofensa existencial. La película culmina en un gesto trágico y ambiguo, que sugiere hasta qué punto no podemos conocernos a nosotros mismos.

“Claroscuro”
(Passing)
Dirección: Rebecca Hall
Duración: 1 hora, 38 minutos
Clasificación: * * * * (Muy Buena)
*Disponible en Netflix