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¿Por qué es tan difícil despegarse del teléfono? Encontramos al culpable: la economía de la atención
Economía de la atención
Foto: Agencias | Niú

Muchas apps operan bajo los principios de la economía de la atención para mantener a los usuarios pegados a sus pantallas. Te revelamos cuáles son sus trucos.

Revisamos el celular al despertar y antes de dormir. El tiempo libre se escurre entre cientos de tiktoks o reels y las horas vuelan cuando se intenta llegar al fondo de Instagram. Si has sentido que te cuesta dejar de un lado el teléfono, no es tu culpa: La economía de la atención se ha encargado de mantenerte así.

En 1997, el físico teórico Micheal Goldhaber advirtió en un ensayo para la revista Wired que la economía internacional estaba pasando de estar basada en lo material hacia una economía basada en la atención, al ver los numerosos servicios en línea que se ofrecían gratuitamente. Más de veinte años después, este resultó ser el modelo de negocios dominante.

¿Por qué llamarle economía de la «atención»?

La economía tradicional se ha encargado del estudio de cómo recursos limitados se encuentran distribuidos —la vivienda y el dinero, por ejemplo—. A raíz del comienzo de la era digital, hay quienes sugieren que la humanidad experimenta una «economía de la información». Pero la información está lejos de ser escasa, el factor limitante es la atención.

La American Psychological Association define la atención como: el «estado en el cual los recursos cognitivos son enfocados en ciertos aspectos del ambiente en lugar de otros». A pesar de no poder ser cuantificada, muchos encuentran el valor de la atención en la cantidad de tiempo que se puede estar enfocado en algo particular. Las personas enfrentan la escasez de atención cada día, puesto que al prestar atención a una cosa se ignoran otras.

El término «economía de la atención» fue acuñado en 1971 por el nobel de economía Herbert A. Simon, que postuló que la atención era el «cuello de botella del pensamiento humano» porque limita tanto lo que uno percibe en entornos estimulantes como lo que se puede hacer. Simon señaló que la riqueza de información crea una pobreza de atención.

«Muchas compañías se percataron de que existía ese recurso natural a su alrededor: la atención de la gente; si les das cosas gratis, puedes captar su atención y después vender más», dijo a la BBC, James Williams, quien trabajó por más de diez años en Google.

Cómo logra mantenerte en tu dispositivo

Sean Parker, cofundador de Facebook, contó que la manera en la que se construyeron aplicaciones como Facebook se basó «fundamentos psicológicos«. «Pensamos en cómo podemos consumir la mayor parte de tu tiempo y captar tu atención en la medida de lo posible. Eso significa darte un poco de dopamina de vez en cuando porque alguien hizo clic en ‘Me gusta’ o comentó en una foto que publicaste», explicó Parker.

Cuando se acude a Internet, usualmente se tiene un objetivo en mente, como encontrar la respuesta a una pregunta o investigar algo. Una vez se obtiene la información requerida, se abandona el sitio. O en el caso de medios impresos, una vez leído el periódico se descarta o las revistas se cierran cuando se terminan de leer.

Sin embargo, con las redes sociales no ocurre lo mismo. Estas mantienen a sus usuarios en la plataforma por más tiempo y queriendo más. Las secciones de «explorar» arrojan una cantidad interminable de información, con la esperanza de que alguna foto o video despierte interés. Se puede scrollear infinitamente en redes sociales, cada vez que acabe un video siempre habrá otro nuevo en reproducción automática.

El rastro digital que dejamos

Cuanto más conocen las apps sobre los usuarios, más captan su atención y esto las vuelve aún más rentable. Cada día los usuarios envían emails, ordenan comida o hacen streaming de su serie favorita. Todas esas interacciones dejan un rastro de «migajas digitales» que los gigantes tecnológicos utilizan.

Estas empresas reciben valiosos paquetes de información que les permiten conocer las preferencias de sus usuarios. Esos datos se introducen en algoritmos de machine learning para dirigir anuncios y recomendaciones. Google cobra por esos datos más de 120 000 millones de dólares anuales en ingresos publicitarios.

La revista tecnológica del MIT publicó un artículo titulado Cómo envenenar los datos que los gigantes tecnológicos usan para vigilarte” donde explica que los algoritmos carecen de sentido sin datos correctos y que esto puede ser explotado por quienes demandan un cambio en este modelo de negocios.

El artículo menciona algunas maneras en cómo hacer esto. Están las huelgas de datos —inspiradas en las huelgas laborales— que consisten en retener o eliminar tus datos para que las empresa tecnológicas no puedan utilizarlos, por ejemplo, abandonando la plataforma o instalando herramientas de privacidad.

También está el envenenamiento de datos, que consiste en aportar datos que no tienen sentido o que son perjudiciales. Una manera de hacerlo es a través de AdNauseam, una extensión del navegador que hace clic todos los anuncios que son servidos al usuario, lo que confunde al algoritmo publicitario de Google.

Por último, la contribución consciente de datos, que consiste en dar datos significativos al competidor de una plataforma contra la que se quiere protestar, por ejemplo, subiendo fotos a Tumblr en lugar de Facebook.