Perfiles

“Quien diga que no hay mujeres en la lucha no sabe nada”
Ilustración: Juan García

En la mesa de Diálogo, los centros médicos, las salas de redacción y las trincheras también hay mujeres. Conversamos con algunas de ellas

     

“¡No procedemos sin que la Pancha nos autorice!”, se escucha en las cercanías del Portón 5 de la UNAN-Managua. Hay personas esperando entrar al recinto, pero los portones siguen cerrados. Ella está a unos metros de distancia, supervisando otras actividades que realizan “sus muchachos”, así llama a los estudiantes atrincherados que pertenecen a su escuadrón. Alguien le informa la solicitud, asiente y las puertas se abren casi inmediatamente. En su área nadie duda cuando ella da una orden.

“La Pancha” es muy delgada, mide alrededor de un metro y medio y su voz es suave. Su figura, según afirman sus compañeros, representa liderazgo confiable y horizontal. Ella, junto a más de 500 estudiantes, ha permanecido atrincherada en el recinto de la UNAN desde el siete de mayo. “Ha sido duro”, expresa.

Mujeres en las protestas de Nicaragua
Ilustración: Juan García

En la UNAN todos se llaman por sus seudónimos. El suyo salió porque tiene relación con su nombre. Muchos no saben cómo se llama en verdad, ella lo prefiere así. “No quiero represalias por reclamar justicia”, dice. “¡Pancha! ¡Pancha!”, se escucha cada diez minutos. Son sus compañeros tratando de consultarle sobre nuevas diligencias. Ella solo les hace señas con las manos para que le pregunten después. Dejan de insistir.

Las demandas de los jóvenes son claras. Además de rechazar a la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), luchan por la democratización del país completo. “Queremos ser el ejemplo, queremos una Nicaragua libre y soberana”, afirma.

Dentro del recinto hay más de 200 mujeres, la mayoría duerme en de las instalaciones. “Aquí nos acomodamos todas”, cuenta.

Para Pancha dentro de la universidad, en su portón, nadie ve género. “Aquí no nos andamos con si sos mujer o hombre. Nosotras hemos andado en fuegos cruzados sin importar nada. Hay respeto, como tiene que ser”, confiesa.

Mujeres en las protestas de Nicaragua
“Pancha” lee un comunicado de prensa en nombre de los estudiantes atrincherados en la UNAN | Carlos Herrera | Niú

Sus “muchachos” confían en sus decisiones dentro y fuera del campo de batalla. Es la voz líder del “Área 5” y sus opiniones influyen mucho dentro de las reuniones de los jefes. Pero a ella no le gusta ser “autoritaria”. “Yo trato de preguntar cómo se sienten los demás, cómo algo le afectaría a mis compañeros”, explica.

Pancha usa un jogger, sandalias crocs y una camisola. Le gusta maquillarse las cejas y los ojos, es lo único visible de su rostro cuando le toman fotos. Es que para ella “ser femenina” no es sinónimo de debilidad. Sin dudar afirma que en la universidad “las chavalas son fuertes” y que ella es testigo de eso.

Hay cocineras, cuidadoras, manipuladoras de morteros, fabricantes de bombas artesanales, psicólogas y líderes, como ella. “El que diga que no hay mujeres en esta lucha no sabe nada”, sentencia la estudiante.

Yaritza Mairena coincide con su compañera.

“La voz más fuerte, no es significado de más intelecto”

Yaritza camina firme y su mirada es fuerte, su objetivo es “liberar al pueblo de la dictadura y organizar a la UNAN”. Hace poco más de un mes, Yaritza estaba enfocada en terminar su carrera de Ciencias Políticas en el mismo lugar donde ahora duerme y lucha. “Todo esto ha sido difícil”, dice.

Ha participado en las protestas desde el 19 de abril y ha estado atrincherada desde el siete de mayo en el recinto. También estuvo dentro de la Universidad de Ingeniería y en el secuestro a la Catedral de Managua, donde pensó que moriría.

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Ilustración: Juan García

Hoy luce cansada. Entre organizar y resguardarse, los días pasan “increíblemente rápido”. A diario recorre los pasillos donde también pasó Arlen Siu cuando estudiaba Psicología. Arlen se ha convertido en una figura que ha inspirado a muchas mujeres en las protestas.

En abril, Yaritza se integró a la Coordinadora Universitaria por la Democracia, agrupación de estudiantes que forma parte del Diálogo Nacional. Sin embargo, ella no asistió a estas sesiones, que se suspendieron este 23 de mayo. “Estamos en peligro y considero que estar ahí no es tan importante como ayudar a mis compañeros aquí (en la UNAN)”, afirma.

Ella, junto a otros estudiantes, tienen sesiones diarias para discutir el contexto actual. Expresa su opinión sin pensarlo dos veces: “para cambiar” se debe de tomar en cuenta a todos los sectores de la sociedad. Si no la escuchan vuelve a decir lo que piensa, con la voz más alta y más firme.

“Esto no es de ahorita, pero he notado que hay hombres que repiten justo lo que acabás de decir y a ellos sí les hacen caso. La voz más fuerte, no es significado de más intelecto”, dice.

Mujeres en las protestas de Nicaragua
Yaritza (última en la mesa, a la derecha) en conferencia de prensa, en nombre de la Coordinadora Estudiantil. Carlos Herrera | Niú

Pero Yaritza no trata de enfocarse en eso, sino en la organización de su universidad y de la protección física de sus compañeros. Uno de sus mayores temores es que sea “malinterpretada”. “Yo no quiero un puesto político, pero comprendo que UNEN nos ha traumado, yo solo quiero apoyar desde donde pueda”, afirma.

Desde que iniciaron las protestas, cuenta, ha aprendido primeros auxilios, impartidos por estudiantes de Medicina. “He escuchado historias horribles”, asegura Yaritza. Historias como las de la “doctora Ramírez”, estudiante de quinto año de Medicina en la UNAN.

“Nunca podré olvidar a Alvarito”

La “doctora Ramírez” pasó todo el 20 de abril asistiendo a jóvenes heridos en las protestas en la UNI. Fue uno de los días más turbios de su vida. Su “consultorio” estaba en el campo vacío entre la Catedral y el recinto, y antes de las cinco de la tarde ya había visto cómo una bala atravesó el cráneo de un estudiante. Tenía que aguantar las lágrimas y seguir ayudando. Eso le han enseñado en su universidad.

Cada diez minutos llegaba alguien que necesitaba ayuda, en su mayoría heridos de bala. Entre tanta sangre, recibió a un estudiante con una herida entre la garganta y la boca. Era delgado y de baja estatura. El joven se identificó como Álvaro Conrado. “Pude asistirlo por algunos segundos, su voz y su mirada son algo que nunca podré olvidar”, lamenta.

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Ilustración: Juan García

Álvaro tenía 15 años y todos podían identificar que no era universitario. No podía hablar bien, pero lo intentaba constantemente. A él le dispararon en el rostro y en el cuello. Ella lo sostuvo hasta que alguien más llegó a asistirlo. La sangre de “Alvarito” quedó entre sus manos y su ropa. “Deseaba que viviera, deseaba que las balas no le hicieran daño”. Ese mismo día murió.

Lo sucedido en el mes de abril, para ella, fue inesperado. “Nunca pensé ver estudiantes morir a manos de policías, ver a nuestros hermanos nicaragüenses matándonos”, asegura.

“La lucha es de todos”, enfatiza. Recuerda que en los puestos médicos todos se apoyan y nadie mira el género del otro. “Mujeres y hombres tenían el valor de estar al frente en las trincheras, respondiendo a los ataques con piedras y morteros, con similares papeles al ayudar a heridos o afectados por el gas, mujeres y hombres se desempeñaban en darle un plato de comida a los muchachos, todos eran iguales“, explica.

En su casa nadie sabe que estaba en Catedral y su familia rechazaría que ayude dentro de las universidades. “Tienen miedo”, cuenta. Pero ella también lo tiene. Desde el 19 de abril que tomó sus instrumentos médicos, sabía que corría el riesgo de represalias. “Mi futuro o mi vida pueden salir afectadas solo por ayudar”, explica.

Aún así sigue en las trincheras y no piensa dejar de hacerlo hasta ver una Nicaragua libre.

“Las periodistas seguiremos informando la verdad”

Ivette Munguía estaba escondida detrás del tronco de un árbol, cerca de la Universidad Politécnica de Nicaragua, cuando veía pasar las balas de plomo disparadas por la Policía Nacional. Pensó en la muerte, y en su último intento de huir, fue interceptada por varios antimotines. Estaba en shock.

Aquel 21 de abril su asignación era cubrir las protestas estudiantiles en la Upoli. Cuando los policías la capturaron, Ivette tenía más de seis horas en los alrededores del recinto.

La Policía atacaba a los manifestantes. Mientras a ella le hacían una llave marcial en el piso, pudo ver cómo en grupos de cinco golpeaban a otros jóvenes. No sabía qué hacer, pero logró gritar “¡Soy periodista!”. Antes de detener la violencia le quitaron su identificación y su celular, luego la soltaron.

Mujeres en las protestas de Nicaragua
Ilustración: Juan García

“¡Andáte!”, le gritó uno de los policías. Ella no podía responderle. La golpearon y le repitieron: “¡Pero andáte!“. Levantó las manos y corrió hasta llegar a un lugar seguro.

El día anterior, la periodista había estado encerrada en la Catedral de Managua. “En el campo a uno se le olvida que todos somos humanos y que estamos expuestos”, dice.

Aunque Ivette ha visto morir a varios jóvenes en de las protestas, para ella lo más traumático ha sido ir a sus entierros: “Ver a las madres llorando, gritando, a la par de un ataúd, es algo que todavía lo tengo muy presente”. Nunca lo podrá superar.

Su voz ha acompañado las transmisiones en vivo de La Prensa, vistas por miles de personas. “A veces por hacer una imagen genial nos exponemos. Nuestra labor es llevar la verdad”, explica.

En el diario la mayoría de reporteras son mujeres. Como ella, sus colegas han expuesto su vida en situaciones de alto riesgo: durante la insurrección de Monimbó, dentro de Catedral, en el fuego cruzado en las universidades. “Ser mujer no ha sido un impedimento para que realicemos nuestro trabajo de una forma profesional y lo mejor que podamos”, comenta.

Las protestas la han hecho madurar y seguirá saliendo a la calle, sin importar el riesgo. “Esa es nuestra misión”, finaliza.

“No puedo concebir pelear contra un gobierno asesino y no pelear por los derechos de las mujeres”

El grito de Madelaine Caracas ya es familiar para Nicaragua. Cuando dirigía las protestas por el incendio en la reserva Indio Maíz, increpando a Edwin Castro en la Universidad Centroamericana, encarando a Daniel Ortega con la lista de asesinados en el Diálogo Nacional. Sus demandas siempre son fuertes y claras.

“Brava” es un buen adjetivo para describirla. Es que su conciencia social ha venido desde su militancia dentro del feminismo. Cuando habla sabe lo que dice y no duda en decirlo. Se ha convertido en uno de los símbolos de la lucha.

Mujeres en las protestas de Nicaragua
Ilustración: Juan García

Meses atrás, con sus pinceles evidenciaba algunos problemas de la sociedad como el acoso callejero, la salud mental y la violencia. Madelaine dejó la pintura para dedicarse a cambiar Nicaragua. Pero el cambio no se dará sin la reestructuración del pensamiento colectivo, afirma. Para ella “Nicaragua libre”, también significa Nicaragua sin racismo, machismo, ni clasismo.

Madelaine todavía es estudiante, pero su lucha es contra el régimen. Por eso no puede dejar de criticar los modelos machistas dentro de sus propios espacios. No olvida cuando se le dijo que las mujeres deberían de seguir luchando desde abajo y los hombres tienen que dar la cara para denotar más poder“. “Eso me partió el corazón”, cuenta.

Su nombre ya está en la historia de Nicaragua. En las redes sociales la toman como ícono, como feminista, universitaria y activista. Sin embargo, expresa, esto un arma de doble filo. En internet a Madelaine, como a otras jóvenes de lucha, las han amenazado con violarlas y matarlas.

“Nosotras recibimos comentarios realmente machistas. Me convierten en un objeto. Es que es mucho más fácil tratar de deslegitimar a una mujer, porque la gente se enfoca en cosas que no lo harían con un hombre”, lamenta.

Mujeres en las protestas de Nicaragua
Madelaine (tercera a la derecha) fue una de las organizadoras de las protestas a favor de la reserva Indio Maíz. Carlos Herrera | Niú

Es aguerrida, valiente. Reclama por los espacios de otros grupos excluidos. Con la voz firme dice, “hay que reinventarnos y poner en un eje la participación de la mujer. Pero no solo de las mujeres“. Para la estudiante, es vital la representación de los campesinos, de las comunidades indígenas y afrodescendientes. Grupos que, enfatiza, viven realidades totalmente distintas y tienen que ser escuchadas. 

“No podemos seguir repitiendo modelos autoritarios”, subraya. Por eso piensa que se debe hablar sobre el feminismo en estos momentos. Está convencida que repetir el machismo de ahora, condenará a Nicaragua.

Sumando todo, “Flor de una Noche”, como también la conocen, lucha por la libertad. “Es necesario hablar sobre temas incómodos”, enfatiza. Lucha por su libertad, por la del país y por la de las mujeres que lo habitan. “Hay que crear un concepto de país donde haya justicia”, finaliza. Cuando habla de justicia, es generalizada.

***

“Mire compañero, la verdad es que no se puede hacer la revolución sin la participación de las mujeres”, se escucha en el parlante de una protesta en Nicaragua. Los manifestantes gritan y se preparan para cantar. La frase de “El Zenzontle pregunta por Arlen”, trató de reivindicar la lucha femenina en la insurrección sandinista y cobra validez en el contexto actual.

En la mesa de Diálogo, los centros médicos y las trincheras, también hay mujeres. Rostros anónimos que han aportado labores esenciales a la lucha. En las paredes del país se lee “la revolución será feminista o no será”. Si todas logran coincidir en algo, es que esta línea, más allá de separar, trata de incluir. Muchas dicen “la lucha es de todas”. Vuelven a coincidir.