En pantalla

Ridley Scott libra la batalla por el cine adulto en «El último duelo»
El último duelo

“El último duelo” reúne como guionistas a Matt Damon y Ben Affleck, 23 años después de haber ganado el Óscar por “Good Will Hunting” (Gus Van Sant, 1998).

Ridley Scott corteja controversia con este drama de época que funciona como una especie de «Rashomon» en la Francia medieval.

En la Francia de 1386, dos caballeros se enfrentan en lo que será el último duelo a muerte legalmente instituido. Jean de Carrouges (Matt Damon) acusa a su amigo, Joseph Le Gris (Adam Driver), de haber violado a su esposa, Marguerite (Jodie Comer). Él niega el crimen. No hay pruebas, jurado o testimonio que señale a un culpable. Dios decidirá, mediante el ejercicio de fuerza letal entre los hombres. El que sobreviva en combate público es quien dice la verdad.

“El último duelo” reúne como guionistas a Matt Damon y Ben Affleck, 23 años después de haber ganado el Óscar por “Good Will Hunting” (Gus Van Sant, 1998). Comparte crédito Nicole Holofcener, mejor conocida por agudas comedias contemporáneas centradas en mujeres. Su presencia sustenta un punto de vista femenino, urgente en una trama cuyo evento catalizador es un crimen sexual que victimiza a una mujer. El resultado final confirma que este no un gesto de vacía rectitud política.

La estructura del guion es ambiciosa. El duelo en cuestión sirve de prólogo y epílogo, mientas el grueso del metraje se divide en tres capítulos que registran los mismos acontecimientos, desde los puntos de vista alternativos de Carrouges, Le Gris y Marguerite. Al poner la subjetividad en primer plano, se corre el peligro de caricaturizar, pero la película mantiene un tono mesurado y objetivo. Las diferencias vienen en énfasis, vía edición de imagen y sonido, de tal manera que cada episodio aporta a la construcción de una narrativa coherente.

Ceder tiempo al punto de vista de los hombres no se traduce en justificación de la violencia que ejercen. La violación de Marguerite se muestra dos veces y los contrastes son reveladores. En el capítulo de Le Gris, apenas vemos su rostro una vez que la empuja en la cama. En el capítulo de Marguerite, sí la vemos. El horror es expuesto –no se aflija, ha visto escenas más gráficas en una telenovela–. Pero ponga atención a la edición de sonidos. Son magnificados en volumen para marcar la experiencia sensorial. No hay duda sobre lo que está pasando, y la falta de consentimiento por parte de la víctima. Que la versión de ella cierre el ciclo le da primacía. Los hombres podrán tener sus versiones, pero la mujer tiene la última palabra. Aquí la verdad no es elusiva e intangible.

Scott podrá haberse consagrado con épicas de ciencia ficción, como “Alien” (1979) y “Blade Runner” (1982), pero es brillante a la hora de reconstruir el pasado histórico. Su nueva película tiene las cualidades vívidas de “Gladiador” (2000), añadiéndole cuotas de indignación y empatía. Demasiadas películas idealizan los viejos tiempos, liman las asperezas o las ignoran completamente. “El último duelo” recrea el modo de vida en todas sus facetas. Va más allá de vestuarios y locaciones convincentes, hilando en el tejido dramático las constricciones sociales que definen el martirio de la protagonista.

La minuciosidad se extiende a las relaciones de poder. La devoción al rey está monetizada. El esquema de explotación de las monarquías se delinea claramente. Los nobles podrán estar cerca del poder, pero igual deben pagar tributo –que a su vez, extraen de campesinos y artesanos–. Le Gris gana el favor del duque Pierre (Ben Affleck) ordenando sus cuentas y cobrando deudas, lo que abre un flanco de tensión con su amigo Carrouges. Él es un pésimo administrador. Cuando se va en una misión militar, Marguerite toma las riendas de sus bienes. La situación mejora, pero debe ceder el control cuando el hombre regresa. Sorpresivamente, “El último duelo” se inscribe en la corriente reciente de filmes preocupados por la ansiedad económica.

El público hispanoparlante puede ser inmune al principal problema de “El último duelo”. Muchos han compartido reservas ante el «casting» de Damon y Affleck. Ellos conservan sus acentos estadounidenses, mientras Comer hace gala del británico. Cuando la esposa de Pierre abandona una fiesta a punto de convertirse en orgía, se despide con espeso inglés afrancesado. Es obvio que esta no es una batalla que Scott quiera librar. Si nos vamos a poner exquisitos, todos deberían hablar en francés subtitulado. Para mí, todo el reparto es excelente. Estamos ante un drama sólido y resonante, que lo mantendrá al borde de su asiento.

“El último duelo”
(The Last Duel)
Dirección: Ridley Scott
Duración: 2 horas, 32 minutos
Clasificación: * * * * (Muy Buena)