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Báez, su ejemplo es “una verdadera joya”

Monseñor Silvio José Báez es "una persona que pone lo humano como la prioridad de su labor pastoral y personal".

     

En el exacto aniversario de sus diez años de haber sido presentado en una misa de Jueves Santo en la Catedral de Managua como obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Silvio Báez, con el arzobispo de Managua Leopoldo Brenes a su par, dio a conocer que sale fuera del país por ser trasladado a las oficinas del Vaticano en Roma.

Báez es un obispo diferente a los curas provincianos y simplistas que hemos estado acostumbrados a ver en los escenarios de la vida nacional en Nicaragua. Su manejo teológico es más rico, más culto, más comprensivo de la vida moderna y de los problemas mas acuciantes de la sociedad humana.

A diferencia del Nuncio en Nicaragua,  no recuerdo algún gesto servil ante el poder, en los actos protocolarios a los que pudo haber asistido desde hace diez años, cuando Ortega apenas iniciaba su periodo actual de poder.

Desde antes del 18 de abril del 2018, Báez ya daba muestras de la madera de que estaba hecho: una persona que pone lo humano como la prioridad de su labor pastoral y personal.

Recuerdo que el 15 de diciembre de 2012 comenté en mi blog, la insólita carta que Báez le envió a mi estimada Sofía Montenegro a raíz de una carta-comentario de feminismo militante de ella a la Virgen en Nicaragua.

Inéditamente, Silvio Báez le respondía a Sofía dándose aludido por su fe en la Virgen María, en una carta con un alto sentido de respeto a las diferencias y que tendía puentes, más que muros, ante ese reclamo “de mujer a mujer” que hizo Sofía a la Virgen María.

El comentario en mi blog lo titulé “De Sofía a María, de Silvio a Sofía”. Y si quien lee esta nota no tiene acceso a las dos cartas originales de Sofía y Silvio, pueden leer fragmentos en mi blog Día-Logos.

“Y lo peor, dicen, estimada señora, es que usted, persona inmaculada, arquetipo del amor, la santidad y la castidad, madre del unigénito, esté tolerando que una figura corrupta en todo sentido se quiera adornar con sus gracias y nos recite unas disparatadas letanías a la hora del Angelus, repetidas en todas las emisoras de televisión y radio en manos de su prole”.(Carta de Sofía a María)

Con su carta realmente evangelizadora y delicada a esta líder feminista y política, opositora al régimen de Ortega  y Murillo, Báez rompió paradigmas de inmediato, en un medio tan culturalmente atrasado, con tan alta dosis de religiosidad primitiva y de prejuicios atávicos del tiempo de la colonia española, sumado al confuso discurso mágico-religioso borbollante desde el poder.

“(…)reflejas una hondura de espíritu y una coherencia de vida y e ideales, que deberían adornar la existencia de muchos creyentes” (…) he leído tu bellísima Carta a la Virgen María”. (Carta de Silvio Báez a Sofía)

Sofía, emocionada, publicó: “Digan lo que digan, confieso que esta es la carta más bella que he recibido en mi vida y la guardaré como una verdadera joya. Mi gratitud al Obispo Báez”.

E igual que la conclusión final en la nota en mi blog de esa fecha, digo también ahora:

“¡Como quisiéramos que Nicaragua funcionara así en todas sus divergencias: expresadas éstas claramente, pero al mismo tiempo, coincidiendo en una práctica y una búsqueda común, que es el bienestar, la sanidad de cuerpos y almas de esta común-unidad que nos identifica a los nicaragüenses! Porque a la manera bíblica, ¿de qué le sirve a los nicaragüenses recibir una vez al año unas cuantas libras de arroz, frijol, y aceite (las panaceas de nuestras guerras) a nombre de María,  si al fin perdemos la libertad, la capacidad de disentir, la dignidad, el alma misma del pueblo?”.

Y ahora sabemos, creyentes y no creyentes, que la práctica religiosa de Silvio Báez es tan humana que no importan las creencias particulares de cada quien: es posible que podamos vivir en armonía, respetando las diferencias, pero sobre todo, la dignidad humana que el obispo Báez, un verdadero profeta de su religión, ha defendido firme y claramente incluso a riesgo de su propia vida. Guardaremos ese ejemplo, “como una verdadera joya”.