En pantalla

“The Souvenir”: la educación emocional de una artista incipiente
The Souvenir

Siguiendo la pauta de su protagonista —que considerando el carácter autobiográfico del filme, es ella misma— Hogg dirige con tal sutileza, que uno casi no se da cuenta cuan expresiva es su puesta en escena, y su uso del espacio

Martin Scorsese avala como productor este perceptivo drama de maduración personal, dirigido por la británica Joanna Hogg.
Julie (Honor Swinton Byrne) es una joven estudiando cine en Londres. Comparte su apartamento con amigos, hace fiestas, y pastorea con poca convicción un proyecto de película a través de la burocracia universitaria. Todo cambia cuando conoce a Anthony (Tom Burke). Él es mayor que ella, un empleado público en el servicio exterior, con un poco más de mundo, pero menos dinero. Poco a poco se insinúa en su vida, hasta que conquista un espacio en su corazón y en su cama. Casi sin darnos cuenta, ella empieza a pagar las cuentas en los restaurantes y pasarle dinero para sus gastos. Las diferencias de clase infunden algo de tensión, pero no son nada comparado con la heroína. Durante una cena en casa, un amigo (Richard Ayoade) comenta casualmente: “No pareces consumidora de drogas… quiero entender, ¿cómo conectan ustedes?”. Es la primera noticia que Julie tiene sobre esto.

Esta sinopsis parece anticipar un drama volátil, pero Hogg favorece un estilo elíptico y observador. Como autora del guion, articula líneas de diálogos como pedazos de conversaciones que escuchamos accidentalmente, sin esforzarse por establecer contexto o comentario, o conducir artificialmente el flujo narrativo de la historia. Todo lo que necesitamos saber se sugiere orgánicamente, a través de la puesta en escena y con los recursos audiovisuales a mano. Tome nota de cómo, en las escenas iniciales, la banda sonora de la vida de Julie está conformada por música popular. Como cualquier joven británica de inicios de los 80, favorece el “new wave”. Una vez que Anthony la conquista, las fiestas con amigos se acaban, y la ópera desplaza al rock.

No hay equilibrio en la relación. Anthony podrá tener más edad y experiencia, pero Julie tiene mayor estatus social y dinero. Hogg no parpadea a la hora de considerar el privilegio de su protagonista, y cómo este matiza todas sus relaciones. Véase la escena en que un profesor universitario reprende sutilmente a Julie, diciendo “Supongo que no tienen que preocuparse por presupuestos en Knightsbridge, ¿verdad?”, en alusión al lujoso vecindario de Londres donde vive. Ella no ostenta con malicia sus ventajas económicas, pero están ahí. Y mantienen a flote su estilo de vida y su relación. A medida que la dependencia romántica incremente, ella le pide dinero con más frecuencia a su comprensiva madre, Rosalie (Tilda Swinton).

Las actrices son madre e hija en la vida real, así que la química les viene natural. Tilda Swinton es ya una veterana, cuya simple aparición convierte cualquier filme en un evento. Su heredera es una novata, en su primer papel protagónico, pero es evidente que la genética la ha bendecido con un talento instintivo. Su actuación, bellamente observada por la cámara de Hogg, es el expresivo retrato de un ser humano en formación, negociando en cada momento dónde termina su propio ser y donde empieza su identidad en pareja. El proceso es complicado por el egoísmo de Anthony, que bien puede venir de su personalidad, amplificado por su adicción. El personaje de Julie es eminentemente pasivo, pero Swinton Byrne hace que su mera existencia sea un espectáculo —tome nota de cómo reacciona, o más bien, cómo no reacciona cuándo, a todas luces, Anthony le trasmite una enfermedad indefinida—. Nadie dice la palabra “venérea”, pero no hace falta.

Siguiendo la pauta de su protagonista —que considerando el carácter autobiográfico del filme, es ella misma— Hogg dirige con tal sutileza, que uno casi no se da cuenta cuan expresiva es su puesta en escena, y su uso del espacio. El universo de la pareja se inscribe en el microcosmos del apartamento: pequeño, pero cómodo; modesto, pero caro. Una pared de espejos agranda la sala, pero también sirve para replicar la imagen de los amantes abrazados en un momento de concordia, o quebrarse en un aterrador episodio de drogadicción. Hogg suele romper el balance de la composición de la imagen, con mucho espacio negativo, retratando la incomodidad de Julie dentro de su propia piel, y en su lugar en el mundo.

No es hasta el final que Julie puede encontrarse a sí misma. Es muy tarde para Anthony, pero justo a tiempo para ella. La promesa de una continuación acelera el corazón. Así de buena es la película.

“The Souvenir”
El recuerdo
Dirección: Joanna Hogg
Duración: 2 horas
Clasificación: * * * * (Muy Buena)
*Disponible en Netflix