En pantalla

“The Suicide Squad” rescata una franquicia de una crisis inventada
The Suicide Squad
Foto: Agencias | Niú

Por diseño, “The Suicide Squad” supone una respuesta a la pretendida sobriedad de las historias centradas en superhéroes. Los “malos” se vuelven “los buenos”.

“The Suicide Squad” asume una delicada operación de salvamento. Deben rescatar una franquicia de la indiferencia. En 2016, Warner Brothers y DC Comics estrenaron una primigenia versión, bajo las órdenes de David Ayer. El guionista que descolló en la industria como el escritor de “Training Day” (Antoine Fuqua, 2001), venía de un sólido esfuerzo como director con “Fury” (2014), un drama sobre una escuadra de tanques en la II Guerra Mundial, protagonizado por Brad Pitt. Sin embargo, el comic se convirtió en su Waterloo. La película recaudo una millonada, pero fue percibida como un fracaso.

Cinco años después, llega esta secuela con afán revisionista, bajo las órdenes de James Gunn. El hombre que inyectó una dosis de humor en la fórmula de Marvel con dos entregas de “Guardians of the Galaxy” (2014, 2017), ahora cruza la frontera corporativa para hacer lo propio por la competencia.

Savant (Michael Rooker) es un convicto confinado en la prisión de máxima seguridad Belle Reve. Ahí recibe vista de la agente Amanda Waller (Viola Davis), buscando nuevos integrantes para “The Suicide Squad”, conformado por villanos que el gobierno utiliza para misiones secretas. Son sujetos eminentemente desechables, tan irredentos que morir en la clandestinidad sería una mejoría para ellos. El grupo incluye a algunos personajes que regresan de la película anterior, como Rick Flagg (Joel Kinnaman), Harley Quinn (Margot Robbie) y Boomerang (Jai Courtney).

La trama se desarrolla en Corto-Maltese, una isla latinoamericana imaginaria, donde una dictadura familiar es destronada con violencia por una junta militar, a las órdenes del flamante presidente general Silvio Luna (Juan Diego Botto). El autócrata narcisista es asediado por una guerrilla liderada por Sol Soria (Alice Braga). Hasta ahí van nuestros antihéroes, ejecutando una versión satírica del intervencionismo yanqui. La misión es eliminar la tecnología extraterrestre que Pensador (Peter Capaldi), un científico loco, estudia en un laboratorio heredado de los nazis.

Por diseño, “The Suicide Squad” supone una respuesta a la pretendida sobriedad de las historias centradas en superhéroes. Los “malos” se vuelven “los buenos”. Si llegan a tener algún poder especial, este suele ser idiosincrásico o banal. Aquí tenemos a Ratcatcher (Daniela Melchior), una muchacha que puede controlar ratas con su mente, y Polka Dot Man (David Dastmalchian), un hombre que despide discos letales que emanan de pústulas en su cuerpo.

No es casualidad que la deprimente prisión de donde los sacan se llame “Dulce Sueño” en francés. La película sería un buen instructivo de ironía para niños, si no pretendiera ser “adulta” en una clave eminentemente adolescente. La violencia gráfica escala a niveles sorpresivos —tome nota de que se molestan en mostrar en ‘close up’ como una pieza de cerámica corta un corazón latiendo—. También, de manera socarrona, rompen el tabú de la desnudez frontal masculina. Uno de los “suicidas” es King Shark (voz de Sylvester Stallone), un híbrido de tiburón y humano, que no estaría fuera de lugar en una juguetería. Si tan solo no devorara gente…

En concepto y ejecución, “The Suicide Squad” encarna el espíritu del ‘blockbuster’ contemporáneo, incluyendo sus indulgencias. Esta sobrepoblada de personajes que apenas causan una impresión —claro, ese problema es parte de uno de sus trucos narrativos—. Con más de dos horas de duración, la película es demasiada larga. Le cuesta sostener la efervescencia cómica con secuencias de acción innecesarias. Sin embargo, algunas de sus dispersiones son bienvenidas. Véase como el hombre-tiburón, ansioso por encontrar amigos de verdad, conecta con una encantadora especie acuática que encuentra en los tanques del laboratorio del Pensador. La emotividad los agarrará por sorpresa, y la resolución de esta anécdota vale el costo de su boleto. En momentos como ese, “The Suicide Squad” justifica su razón de ser.

Como exiliado de una república bananera, ejerzo todo mi derecho de aceptar la sátira de Corto-Maltese. Me pareció más problemático como los pobladores, interpretados por actores de diversas nacionalidades, hablan en inglés matizado por acentos diversos: mexicano, argentino y caribeño indefinido. Braga, con año de trabajo en Hollywood, es la más neutral. Imagino que esto no molesta a las audiencias que no hablan español, pero para mí, supuso una molesta distracción que me sacaba de la película. Sonaba a descuido, vagamente racista. Pero claro, la carta de la comedia se puede jugar para anular cualquier objeción de tono, violencia o sensibilidad cultural.

“El Escuadrón Suicida”
(The Suicide Squad)
Dirección: James Gunn
Duración: 2 horas, 12 minutos
Clasificación: * * * (Recomendada con ciertas reservas)