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Volver a las aulas después de la represión

Incertidumbre, tristeza y temor son los sentimientos que predominan entre los universitarios de la UCA, UAM y UNAN que decidieron volver a las aulas tras la masacre contra la rebelión ciudadana

     

Cuatro universitarios, acostumbrados solo a preocuparse por sus exposiciones, sistemáticos o trabajos en grupo, ahora se sienten abrumados en las aulas de clase. Ellos decidieron volver a las aulas tras la represión oficial contra la rebelión ciudadana, que cumple un año este 18 de abril. Los jóvenes coinciden en que la universidad “ya no es lo mismo”: las aulas están vacías, los pasillos desiertos, hay nuevos controles de seguridad y las decenas de uniformados, “resguardándoles” afuera de los campus, más bien los hace sentir inseguros.

Ellos tienen compañeros que no han podido volver a las aulas, porque tuvieron que exiliarse para huir de la persecución política contra el movimiento universitario que se alzó contra la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Estos estudiantes, que cursan distintas carreras en la Universidad Centroamericana (UCA), Universidad Americana (UAM) y la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), comparten con Niú su testimonio sobre cómo es la vida universitaria en medio de la crisis sociopolítica que enfrenta Nicaragua, y por qué decidieron volver a las aulas.


“Regresar fue extraño… uno no sabe cuándo va a tocar que te lleven”

‘Franco’, 22 años. Estudiante de tercer año de Comunicación en la Universidad Centroamericana (UCA).


Es difícil tener claridad de tu futuro cuando todos los días hay presos políticos. Cuando todos los días hay una noticia mala sobre la situación del país. Cuando estás consciente de que la economía va en picada. Ahorita hay muchos aspectos que juegan en contra de nuestro futuro, porque lo que antes soñabas como estudiante: graduarte, trabajar, ser independiente, ahora es algo incierto.

Me da tristeza que por culpa de las pésimas decisiones de los gobernantes se está frustrando el futuro de muchos jóvenes. Yo incluido. Yo regresé a clases, pero el hecho de que muchos de mis compañeros no hayan podido, me parece completamente injusto. No puede ser que haya quienes no tienen la oportunidad de estudiar, que es un derecho de todos.

Regresar a la universidad para mí fue difícil. Los primeros días, posterior al estallido social de abril estábamos en proceso de finalizar cuatrimestre, nos faltaba una semana. Tuvimos que finalizar con las entregas en línea. Luego de eso, los meses siguientes (mayo, junio) se suspendieron todas las actividades en la universidad. En ese tiempo, se abrieron cursos en línea, pero yo no inscribí clases por la inseguridad y la situación que no te daba para pensar y concentrarte.

Este 2019, sin embargo, después de siete meses de estar fuera de un aula, decidí regresar.

Y ese regreso fue extraño. Después de saber quiénes de tus compañeros comparten o no ideologías, vas con cierta sensación que no puedo describir. Y también fui con temor. Con miedo de que se pudiera armar nuevamente una revuelta y volver a vivir aquellos días de abril.

Abandonar la universidad no estaba dentro de mis planes nunca, y gracias a Dios tengo las posibilidades de seguir pagando. Tengo las ganas y la fuerza. Y aunque no en las mejores condiciones para estudiar, no quiero seguir atrasándome. Aún así, el ambiente de la universidad no es el mismo. Las aulas y los pasillos se ven solos, no está lleno como antes. Ya no están muchos de los maestros y aunque no sabemos las razones por las que se han ido, sí notamos su ausencia. Es triste saber que un docente ya no pertenece a la universidad y que la crisis lo afectó directamente.

Ahora estamos en un proceso adaptativo a las clases bimodales. El ambiente siempre es tenso, porque con clases y todo, no podemos obviar lo que está pasando fuera de esas cuatro paredes. La principal dificultad es la entrada y salida del campus porque siempre hay patrullas, policías y uno no sabe cuando te va a tocar a vos que te lleven.


“Si vamos a hacer el cambio, tenemos que empezar desde las aulas de clase”

‘Pía’, 20 años. Estudiante de cuarto año de Licenciatura en Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN -Managua).


No llegué a clases el año pasado, pero supe que después que desalojaron el recinto, la UNAN Managua empezó a aplicar medidas de seguridad extremas e incluso extrañas, que permanecen hasta hoy. Una de ellas es que el personal de seguridad te revisa como si vas a entrar a un banco y luego hay personal administrativo por donde tenés que pasar, entregarles tu carnet o tu cédula, para que te busquen en el registro académico y puedan saber si tenés clases o no. Y si no tenés clases te interrogan sobre por qué llegás a la universidad.

Las dificultades para un estudiante de la UNAN son muchas. Primero, obviamente, el atraso en la carrera. Yo pensaba graduarme este año, pero ya no será así. Además que las medidas que han tomado incluyen la reducción de las horas clase y la presión es inmensa. Las clases diurnas las redujeron a dos o tres días a la semana, y solo un par de horas por clase. En mi caso, que tengo clases los martes y viernes, si llego otro día, este personal ve si me dan permiso o no de entrar. Si lo hacen, entonces me quitan la cédula y me dan un pase de visitante en mi propia universidad.

Toda la universidad, todas las carreras ya están distribuidas los días en que los chavalos van a llegar. El turno nocturno, por ejemplo, reciben clases solo los domingos, todo el día. Otras carreras, recibimos los martes y los viernes; otras los lunes y jueves; y así. Y todo porque tienen miedo de que los chavalos nos volvamos a juntar. Estoy ciento por ciento segura que nos tienen miedo. No quieren que todas las carreras estemos juntas.

El ambiente es tétrico, por allá vas a ver a un estudiante, obviamente se siente la tensión. Si vas a conversar con tus amigos, tenés que fijarte que no haya personal de limpieza, personal administrativo, ningún profesor o la gente de UNEN cerca, porque te pueden expulsar. Eso sin contar con que no sabemos en qué momento va a venir UNEN y nos van a amenazar. O va a pasar la Policía en la parada haciendo redada y nos van a llevar. O nos van a escuchar las discusiones que tenemos y nos van expulsar.

Las clases no son lo mismo. Sabemos que hay muchos profesores que son pro Gobierno y nos han querido lavar el cerebro. Tanto así que nuestro objetivo como estudiantes, es mejor no abordar el tema actual de Nicaragua. Les dijimos a los maestros, que si no se iba a tratar el tema con respeto, que mejor ni se tocara.

Los estudiantes de la UNAN son obligados a ver videos manipulados de las protestas contra el régimen de Daniel Ortega. Cortesía | Niú

Aun con todo eso decidí volver a clases este año. ¿Por qué? Pues porque, si vamos a derrotar a esta gente hay que ser más inteligentes que ellos. Nosotros somos el futuro, somos los que vamos a hacer el cambio en este país, entonces si vamos a hacerlo tenemos que empezarlo desde las aulas de clase, tenemos que fomentar el respeto y la tolerancia también.

Yo por lo menos, como futura abogada, no pienso cometer los mismos errores que se están viendo ahorita. Y para lograrlo tengo que estudiar. La verdad toda esta situación me hace sentir triste, pero a la vez pienso que somos nosotros los jóvenes el verdadero cambio de Nicaragua. Vamos a ser quienes logremos que todos los que se fueron regresen. Vamos a hacer que se levante este país. Que haya trabajo y verdaderas oportunidades. Que haya seguridad.

Tengo claro mi futuro. Sé que largándose el presidente y sus compinches, todo va a ser mejor. Obviamente nos va a costar, va a ser duro, porque para poder levantarnos son años los que tienen que pasar. Pero con bastante estudio, con bastante enfoque en el futuro de nuestro país, en nuestro crecimiento, creo que sí, se va a lograr. Nicaragua va a ser libre. Solo tenemos que ser fuertes porque el cambio y lo que se nos viene a los nicas va a ser bastante duro.


“Decidí regresar como una forma de hacer una mejor Nicaragua”

Karla Cuadra, estudiante de cuarto año de Diseño y Comunicación Visual, Comunicación y Relaciones Públicas, de la Universidad Americana (UAM).


Los estudiantes universitarios fueron quienes iniciaron las protestas en contra del régimen de Daniel Ortega. Carlos Herrera | Niú
Los estudiantes universitarios fueron quienes iniciaron las protestas en contra del régimen de Daniel Ortega. Carlos Herrera | Niú

Regresé a mis clases de en agosto de 2018, para el segundo semestre del año lectivo. Tenía miedo. La situación aún era vulnerable, pero pensé que no quería perder el año entero. Por “cualquier cosa”, decidí llevar solamente tres clases en ese período —en la UAM, llevás de seis a siete clases por semestre, pero si llevás tres te permiten pagar la mitad de los aranceles—. El ambiente era de incertidumbre. Los edificios estaban vacíos, pero aún así, logré terminar mis asignaturas. En ese momento la universidad canceló totalmente las clases por la noche y la mayoría de las asignaturas las tenía que ver en línea.

Puedo decir que fue superdifícil y deficiente la enseñanza en línea. Primero porque los profesores no estaban preparados para enseñar así, y porque el ambiente también lo hacía difícil. Los alumnos tampoco estábamos listos y enfocados para usar las herramientas digitales y seguir las clases con normalidad.

Ya en el 2019 entramos “de lleno” al semestre. Hay más estudiantes que antes, y las aulas están un poco más llenas. Se habla de la crisis como un evento que pasó, que fue duro, una pausa, pero no como algo que todavía está y existe.

Yo decidí regresar a estudiar como una forma de hacer una mejor Nicaragua. Una Nicaragua con más profesionales, para en el futuro poder regresarle más a la sociedad. Mi expectativa es terminar mi carrera (es mi último año). Y no tanto por el egoísmo de tener un título, sino porque al final la universidad es un esfuerzo no solo mío, sino también de cada papá que trabaja para sacar adelante a sus hijos.

Creo que con todo lo que pasó en la crisis —el darme contra la pared y sentir el que no podía estudiar como una limitante— me abrió los ojos sobre el verdadero significado, el privilegio que tengo de estudiar y la responsabilidad de hacerlo lo mejor que pueda. Eso implica para mí hacer también una Nicaragua diferente.

Para mí, la crisis sí pegó bien duro para los universitarios, no solamente porque muchos dejaron de estudiar y por ahora no pueden volver, sino porque los planes y las metas de la mayoría ya no son iguales. Creo que como jóvenes deberíamos estar más conscientes de lo que significa regresar a las aulas de clases, de los privilegios que tenemos sobre muchos otros y si de verdad queremos seguir luchando por una Nicaragua libre y diferente, nuestra lucha debería comenzar por ahí, por el aula de clases, y nuestras actitudes hacia el aprendizaje.


“Apenas se sale, todo mundo quiere irse a su casa”
‘Lolita’, 22 años. Estudiante de cuarto año de Marketing de la Universidad Centroamericana (UCA).


Ante la represión y la prohibición de las protestas, los estudiantes de la UCA han tenido que manifestarse dentro de esta casa de estudios. Carlos Herrera | Niú
Ante la represión y la prohibición de las protestas, los estudiantes de la UCA han tenido que manifestarse dentro de esta casa de estudios. Carlos Herrera | Niú

No ir a la universidad el año pasado fue duro. Estaba todo el tiempo encerrada y tener clases en línea no era lo mismo. Yo quería interactuar con mis profesores, interactuar con mis compañeros y no podía. Por eso en cuanto la universidad abrió las clases en línea, decidí inscribir al menos tres de las cinco clases que llevaba a inicios de 2019, para no atrasarme tanto este año.

Ya este 2019 era un año de incertidumbre. No se sabía si al comenzar las clases el primer día te iban a hacer algo, te imaginabas lo peor. Como que ibas a entrar a la universidad y te iban a matar, literalmente. Entré a clases el 28 de enero en una modalidad presencial y virtual. Y ahí estoy tratando de vivir el presente. Los profesores hacen su máximo esfuerzo, pero es complicado porque el tiempo es mínimo, en mi caso, porque tomé el horario nocturno que se redujo drásticamente a una hora con veinte minutos.

Decidí volver y no abandonar la carrera, porque uno se pone a pensar: comparado con lo que vivieron los estudiantes que participaron en las protestas el año pasado, pues, que hayás perdido un año vos, no tiene mucha relevancia. Ellos sufrieron más las consecuencias que nosotros. Y tampoco quería abandonar por completo mis estudios.

Voy a clases tres días a la semana, estoy haciendo mis pasantías en una empresa y como en el turno nocturno solo una clase se sirve al día, tengo que aprovechar los tiempos al máximo. Lo más complicado es que los profesores tienen que explicarte lo más que pueden en el corto lapso de tiempo, porque tienen recomendaciones de la universidad de no atrasarse en el horario. Después de las 7:20 de la noche nadie está en la universidad, porque es muy peligroso: siempre están los policías afuera y se ha aumentado la delincuencia en la zona.

Una de las grandes diferencias entre la UCA de antes y la de ahora, es que la universidad estaba completamente llena: chavalos riendo en todos lados, en todos los pasillos o en las bancas y ahora ya no ves eso. Ir a clases es un poco triste, porque no mirás ese movimiento, esa alegría. Apenas se sale a las 7:20 de la noche todo mundo quiere irse a su casa.

Por eso es que espero. Tengo esperanzas. Deseo tener la esperanza en ese diálogo que acaba de empezar. Porque la gente de arriba no está sufriendo, somos la gente de abajo. Somos los jóvenes. A los que se van a sentar ahí, les pido que no lo alarguen tanto. Que sean objetivos y precisos con lo que van a pedir y con lo que van a negociar, porque nosotros tenemos nuestras esperanzas puestas en ellos.