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¿Por qué le oculté a mi pareja que soy gay?

Estas son las historias de tres noviazgos y un matrimonio, en los que uno de los dos descubrió que no es heterosexual

     

Javier es un hombre gay de 50 años que estuvo casado con una mujer durante diez años. Del matrimonio, uno en el que él nunca fue realmente feliz, nacieron dos hijos.

Javier conoció a su exesposa cuando eran jóvenes. Crecieron juntos en el mismo barrio y a él le gustaba el hermano de ella, por eso llegaba todos los días de visita a su casa. Durante esas visitas, ella lo invitaba a salir, él al principio se negó, pero con el tiempo y por la insistencia terminó aceptando. “Me sentí obligado por el hecho de ser un hombre”, cuenta. Luego de tener sexo ocasional, ella salió embarazada.

Javier decidió que deberían vivir juntos, casarse y formar una familia. Al inicio a él le costaba excitarse con su esposa y lo que hacía era imaginar que estaba con un hombre. Luego, dice, aprendió a disfrutar tener relaciones sexuales con una mujer.

Durante los diez años de relación, ella solo tenía sospechas de que él era homosexual, pero lo comprobó hasta que ya habían terminado la relación, porque Javier se lo dijo.

Hoy ambos mantienen una relación cordial. Entre sus hijos y él hay mutuo respeto, sin embargo, Javier confiesa que ellos no aceptan la sexualidad que su padre practica y a veces son “homofóbicos”.

En 2006 un artículo de The New York Times, planteaba que entre “1,7 y 3,4 millones de mujeres norteamericanas” alguna vez estuvieron o están casadas con hombres que tienen sexo con hombres.

La estimación –publicó el diario– “surge del estudio de 1990 `La organización social de la sexualidad´, que descubrió que el 3,9% de los hombres americanos que alguna vez estuvieron casados habían tenido sexo con hombres en los cinco años previos. El autor principal, Edward O. Laumann, sociólogo de la Universidad de Chicago, estimó que entre el dos y el cuatro por ciento de las mujeres americanas alguna vez casadas habían experimentado, consciente o inconscientemente, lo que ahora se conoce como matrimonios de orientación sexual mixta”.

La otra parte

Elizabeth, de 19 años, conoció a “Carlos” a través de Facebook. Después de haberlo visto un par de veces en el centro comercial Metrocentro, lo buscó en la red social y le escribió “hola”. Él le contestó, fue amable y empezaron a platicar.

Después de varios meses chateando, él le dijo que quería verla. Se reunieron en la Universidad Centroamericana, UCA, y se fueron a la casa de Elizabeth. Él comenzó a visitarla y decidieron pedirle permiso a la familia de la joven para iniciar un noviazgo.

Al principio se llevaban bien, se acompañaban, se apoyaban mutuamente y estaban contentos.

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Cuatro meses después de haber empezado el noviazgo, ella notó comportamientos extraños en él. En las fotos de perfil de “Carlos”, hombres le comentaban diciéndole que era lindo o que se veía sexy. La forma de vestir de él cambió, pero Elizabeth estaba enamorada y se convenció que él era metrosexual.

Metrosexual, según el diccionario de la Real Academia Española, es “un hombre, especialmente heterosexual que se preocupa de su apariencia y dedica mucho tiempo y dinero a sus cuidados físicos”.

A Elizabeth le decían que él era homosexual, que la estaba perjudicando, pero ella no hacía caso a esos comentarios. Él le decía que no era bueno para ella, que se merecía algo mejor. Eso le bajaba el autoestima a ella.

Después de casi seis meses juntos, ella notó que él salía mucho, y borracho, le enviaba mensajes románticos a otros hombres. Cuando Elizabeth le reclamó, “Carlos” le dijo que era una ridícula y que ella no le podía prohibir amistades.

A los ocho meses de ser novios, él comenzó a distanciarse, tanto que ya no llegaba a hacerle visitas y le inventaba excusas para no verla.

En enero de 2016, el 21 para ser precisos, “Carlos” le dijo a Elizabeth que quería terminar la relación, que le deseaba lo mejor y le confesó que era homosexual.

Grace and Frankie | Netflix
Grace and Frankie | Netflix

Lo primero que ella hizo fue preguntarle si alguna vez le había sido infiel. Él contestó que no, pero que ya no podía seguir con esa relación de mentira.

Luego de la ruptura, Elizabeth estuvo varios meses deprimida, no comía bien, ni dormía, además bajó su rendimiento en clases. Hoy, cuenta la joven a Niú, con la ayuda de sus amigas, familia y de la fotografía, que es su mayor hobby, pudo superar ese mal momento. Asegura que no tiene ningún rencor contra su exnovio y que espera que le vaya bien en todo lo que desee hacer con su vida.

Este escenario es planteado en la serie de Netflix Grace y Frankie, una comedia que narra cómo dos septuagenarias se enteran que sus maridos son gay y además son pareja.

En Estados Unidos, hay organizaciones dedicadas a ayudar a la otra parte: la pareja que creyó estar con alguien heterosexual. Straight Spouse Network fue fundada por una mujer que estuvo casada durante 25 años con un hombre que luego salió del clóset. “Lo que hacemos es bien simple. Estamos aquí para apoyarte”, sentencian en la página http://www.straightspouse.org

¿Por qué mentir?

En un caso así lo que sucede, explica la psicóloga Isabel Castellón, es que la persona que fue engañada se siente traicionada, porque le cuesta entender que su novio la deje por otra persona del mismo sexo que él.

Para superarlo, se debe entender el derecho que una persona tiene a decidir y vivir su vida plenamente, pero para lograr eso la parte traicionada tiene que buscar apoyo de su familia y amigos.

José tiene 20 años, es homosexual y hace unos años tuvo una relación con una mujer | Eduardo Wong Valle | Niú

Según Elvis Salvatierra, activista feminista LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales) no es un problema que alguien tenga vínculos eróticos o afectivos con dos personas, el punto es que los o las afectadas estén enterados de lo que está haciendo su pareja. Esto forma parte de una discusión ética con uno mismo, aclara. Las personas homosexuales, no deben asumirse como tales exclusivamente, sino que pueden experimentar diversos placeres con ambos sexos, explica Salvatierra.

Según la psicóloga y terapeuta sexual, Ana Salgado, aquellos que fingen su sexualidad tienen miedo a enfrentarse a sus familias, donde probablemente reine el machismo. En esos núcleos si ellos dicen la verdad, pueden quedarse en la calle, o su entorno ya no los querrá más, entonces es más sencillo para ellos buscar una pareja del sexo contrario y que la dignidad se mantenga lo más “normal” posible.

No es que lo haga con la intención de lastimar, explica Salgado, sino que está presionado y generalmente los seres humanos piensan primero en ellos mismos y luego en los demás.

La sexóloga asegura que quienes mantienen relaciones de este tipo, usualmente admiten que pueden querer a su pareja, pero no se sienten plenos, pues no tienen pasión por la otra persona.

Seguimos viviendo en una sociedad machista, dice Salvatierra, pero está comprobado que ni sometiendo a las personas a terapias psicológicas o religiosas se pueden “enderezar” las preferencias sexuales. Incluso hay estudios que afirman que no existen personas que sean totalmente heterosexuales, explica.

En una investigación realizada en la Universidad de Nueva York, 131 hombres de 2,898 analizados, admitían mantener relaciones con hombres, pese a definirse como heterosexuales.

Confusiones

José tiene 20 años, es homosexual y hace unos años tuvo una relación con una mujer. La conoció en secundaria. Eran amigos, se contaban todo y él se enamoró de ella.

Le pidió que fuese su novia y pese a que se sintió feliz cuando ella le contestó que sí, también estaba triste porque sabía que le seguían gustando los hombres, aunque estaba enamorado.

Ella sabía que alrededor de su relación siempre hubo rumores. La gente le comentaba que José era gay, pero a ella eso no le importaba. Su atracción, explica el joven, era más una “conexión mental” que algo físico.

José estaba confundido. Su relación, en lo que cabía, estaba bien. Él se excitaba cuando la besaba o la tocaba, pero no dejaba de sentirse atraído por los hombres.

Cinco meses después la relación de José terminó, no porque él fuese gay, sino porque ella tenía “constantes cambios de ánimos”.

| Eduardo Wong Valle | Niú
Elizabeth durante un año mantuvo una relación con un joven que luego le confesó que era gay | Eduardo Wong Valle | Niú

Seis meses después, José comenzó la Universidad y se hizo público que él era homosexual. Al enterarse, su exnovia se lo tomó muy mal, le dejó de hablar y lo borró de sus redes sociales.

Hace tres años ellos volvieron a ser amigos, se perdonaron todo, e incluso cuando José habló de ella durante la entrevista, lo hizo con cariño. Dijo que se siente completo cuando está con ella, sin embargo, hoy mantiene una relación con un hombre desde hace dos años y está seguro que no le gustan las mujeres, aunque siempre le guarda cariño a su ex.

La sexualidad cambia

De acuerdo a la sexóloga Ana Salgado, la sexualidad no debe encasillarse. Ella explica que esta va cambiando con el tiempo, incluso dice que es habitual que en algún momento de la vida, una persona pese a ser heterosexual, guste de otra de su mismo sexo. Esto, dice, no tiene que ver con que sea hombre o mujer, sino con la química que logra tener con la otra persona.

La psicóloga Isabel Castellón afirma que es normal que a veces algunos homosexuales se puedan excitar con una mujer, pero suele pasar que esto no les satisface por completo y lo que de verdad necesitan para sentirse plenos, es la relación con alguien de su mismo sexo.

Ernesto, por ejemplo, tiene 19 años y es homosexual. Él hace dos años conoció en la iglesia a una joven que estaba comenzando a integrase al grupo. Él le habló y así comenzó todo.

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Se contaban sus problemas y ella le daba ánimos y lo ayudaba a resolverlos. Se entendían bien, tanto que él empezó a sentir cosas por ella, le parecía atractiva, recuerda.

Luego de seis meses de haberla conocido, Ernesto, frente a todas las personas que estaban congregadas para el culto, le pidió que fuera su novia. Ella le dijo que sí.

Pese a que se sentía bien con la joven, Ernesto sabía que a él le gustaban los hombres. Incluso admite que nunca llegó a excitarse con ella y que mantenía esa relación porque era la manera de ser aceptado por la sociedad.

Estuvieron diez meses juntos, hasta que el noviazgo terminó porque la pareja de Ernesto tuvo que irse del país. Él confiesa que quería terminar la relación y que el viaje fue la excusa perfecta para acabar todo en buenos términos.

Su exnovia se dio cuenta que él es gay hace seis meses. Él se lo confesó un día que ella vino de visita a Nicaragua, también le dijo que desde hace un año mantiene una relación con un hombre.

Hay terapias heterosexuales, tanto en la iglesia como en la psicología, que dicen tener la capacidad de cambiar la orientación sexual de una persona. “De eso dudo mucho”, comenta el activista Elvis Salvatierra. Según él, algunos homosexuales tienen miedo al rechazo y lo que hacen es buscarse una novia porque creen que ensayando una relación con alguien del sexo opuesto entonces cambiará su orientación sexual, “eso es mentira”, asegura Salvatierra. Incluso hay muchas personas que estando casadas y con hijos deciden hacer pública su homosexualidad.

Este activista cree que la importancia a la hora de aceptar la homosexualidad recae en la familia, con las personas que se comparte cada día, ellos son los que deben aceptarte, asegura Salvatierra.