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«Chocolatito»: mezcla perversa
Foto: Boxingnewsonline.net

A pesar de la gloria deportiva del boxeador Román González, el aficionado nicaragüense siente que "contaminó su arte al replegarse hacia el lado represor"

     

Existe un innegable desprecio públicamente expuesto en las plataformas digitales contra Román «Chocolatito» González por su inclinación política hacia el Gobierno que dirige Daniel Ortega. Román cruzó con su abanderamiento a favor del partido rojo y negro esa línea delicada que existe entre personaje público y ciudadano.

Esa instrumentalización consciente de su figura hizo grieta. El aficionado nicaragüense siente que Román contaminó su arte al replegarse hacia el lado represor. Una pureza distinta probablemente pudo haber tenido su grandiosidad en los encordados para quienes etiquetan ese vínculo con la familia Ortega-Murillo como algo aborrecible. Ellos piensan que Román debería estar con la mayoría que exige un cambio de rumbo para Nicaragua.

Su simpatía y acercamiento íntimo con la pareja presidencial no es reciente. Sin embargo tras los cruentos eventos del pasado 18 de abril y el hecho de que mentes brillantes como las de Carlos Mejía Godoy, Gioconda Belli y Sergio Ramírez tomaran posturas diametralmente opuestas a las de Román desembocó en un punto de ruptura evidente ante su quehacer boxístico que se redujo a una sola pelea en par de años.

Pero «Chocolatito» sigue siendo un generador de taquilla convertido en éxito. Vaya donde vaya su presencia en los tinglados será motivo de atención por el alcance de su “marca registrada.” Cada individuo tiene una propia historia y la de Román es una historia deportiva aburguesada. No se pueden achicar sus rotundos triunfos y negar porque si un talento llevado a lo más alto del pugilismo mundial. Se habla de un retorno y para el box actual es una formidable noticia.

Su historia

Dice Juan Pardo “que la vida hay que seguirla porque su juego es tan traidor que te convierte en ganador y al poco tiempo te derriba.” Desviar el curso del Niágara y remontar las aguas de las cataratas ha sido la constante para «Chocolatito», quién viajó al viejo mundo en el 2008 conquistando en suelo nipón el cetro de las 105 libras, haciendo trizas a Yutaka Niida.

El icónico peleador ha devorado la baraja boxística sumando títulos y distinciones en cascada que jamás nadie imaginó alguna vez serían de su propiedad. Una corona a la vez hasta adueñarse de cuatro fajines mundiales, resume un despegue apoteósico desde la categoría mínima para convertirse colosalmente en el mejor libra por libra del mundo. Poquísimos boxeadores han pisado esa tierra Santa.

Román «Chocolatito» González tendrá una de las peleas más polémicas de su carrera. Carlos Herrera | Niú.

En estado de gracia

La primera pelea Chocolatito/Rungvisai sigue inalterable en el tiempo como el realismo mágico de García Márquez y la estirpe Buendía arropada por el Macondo en los “Cien años de Soledad”. Tengo intacta la imagen de González brotando como Godzilla entre las aguas después de la caída. Un río de sangre como el Éufrates desbordado le teñía el rostro. A ratos me sentí en medio de Dunkerque con la muerte rondando de norte a sur. Golpes secos haciendo crujir huesos estrujaban el silencio con su sonido macabro durante doce capítulos intensos como la vida del fugitivo Jean Valjean en “Los Miserables” de Víctor Hugo.

La muchedumbre presente ovacionó aquella guerra sin cuartel; tal pareciera que Hutus y Tutsis protagonizaban otra batalla más. Solamente el cieno arbitral pudo manchar la obra maestra de Román, con un descalabrado puntaje que le inquirió su primer revés. El combate sin embargo quedará fijado entre los mejores que la historia rememore en las categorías chicas. Esa noche Román descifró los círculos de Dante, derrotó al Minotauro y cazó la gloria.

Román «Chocolatito» González perdió su cinturón supermosca y el invicto ante Srisaket Sor Rungvisai. Foto | Niú | EFE

¿Qué ocurrirá en su retorno?

La intriga en masa es… ¿Qué tan restaurado estará mentalmente Román?… ¿Lo veremos renacer con un impacto capaz de paralizar meteoritos como aquella derecha con la que Márquez liquidó a Pacman? Un par de interrogantes que hasta hoy son teoría pura. Lo verdadero e innegable es que en 115 libras los rivales de mayor volumen y estatura han asimilado el golpeo de «Chocolate». En contraste, el poder suyo no es el devastador que vimos con Brian Viloria en 112 y contra Akira Yaegashi. Una demolición detenida en nueve asaltos frente al japonés nos presentó al Román fiero de las 108 que superó al Gallo Estrada en suelo norteamericano, rival que le exigió todos sus recursos.

En las antípodas

Quizás nunca deje de sorprenderme ese cuarto asalto en Carson, California cuando el tetracampeón tropezó frente a Sor Srisaket en la revancha. El peleador bravo que en el Madison Square Garden estuvo descifrando “El Laberinto del Fauno” sobre el ring ofreciéndonos un recital de boxeo excelso, se derritió sin presentar oposición alguna frente al mismo Rungvisai.

“Ese no era Chocolate” titulé después del nocaut. El genio estuvo atrapado dentro de la lámpara, su poder congelado como la mujer de Lot al volver la vista atrás, sin el movimiento preciso que le permitió esculpir su Venus de Milo en Nueva York.

La noche del nueve de septiembre 2017 en el StubHub Center, el ingenio del nica se apagó, dejándose ganar por la temeridad en un intercambio de manos donde prevaleció el poder del tailandés. Bien dijo el poeta Vallejo: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!”

¿Cómo lucirá?

El carácter de una persona no se determina por cómo disfruta de la victoria sino por cómo se enfrenta a la derrota, así que para enterarnos del verdadero estado emocional y físico de González habrá que verlo en su hábitat natural: el ring.

Indistintamente de su preferencia partidaria me quedo con el Chocolatito boxeador. Ese generador de emociones que movilizó gentíos dentro y fuera de su terruño. ¿Cómo olvidar esa tempestad humana capaz de elevarse tan alto hasta capturar cuatro cinturones mundiales? , ¿Puede acaso su tinte político desaparecer un legado, desde ya eternizado con estrado garantizado en el Salón de la fama? La respuesta categórica es: ¡no! Arriba del ring González ha escrito con puños una postal única que se resistirá a morir a pesar del truculento paso del tiempo.

El tetracampeón decide volver entre dos miradas distintas y antagónicas sobre un hecho que combina todos los elementos de una Latinoamérica vilipendiada y empobrecida por sus gobernantes.

Me queda clarísimo que la mixtura entre política y deporte es irrealizable. Tanto como pretender unir el agua y el aceite y en ese intento han sucumbido muchos.