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Misión Imposible: Repercusión, la secuela que no sabías que necesitabas
Misión Imposible

En este árido panorama, la franquicia de “Misión: Imposible” se ha convertido en el estándar al que todos deberían aspirar.

Por simple saturación en el cine comercial, el género de la acción se ha convertido en la “bete noire” de la cinefilia. Estamos tan agotados de secuelas que suben incesantemente la parada, que resentimos la insistencia. ¿De cuantos rascacielos a punto de derrumbarse tiene que saltar Dwayne Johnson? No sé, pero perdí interés después de “San Andreas” (Brad Peyton, 2015). Por eso, a pesar del carisma de “The Rock”, me mantuve bien alejado de “Rampage” (Peyton, 2018) y “Skyscraper” (Rawson Marshall Thurber, 2018) – así nombrada para que no quede duda del escenario principal – y sí, se ha anunciado una secuela de “San Andreas”, a estrenarse después del 2020. Si pasamos a la franquicia de “Rápido y Furioso”, se hecha de mano de un concepto para justificar la repetición. Basta que un cabezón diga que todo lo hace por su familia, para darle consecuencia a centenares de carros generados por computadora lanzándose de un parqueo.

En este árido panorama, la franquicia de “Misión: Imposible” se ha convertido en el estándar al que todos deberían aspirar. Con seis películas a lo largo de 22 años, el vehículo por excelencia de Tom Cruise ha sobrevivido al tiempo y el cambio generacional detrás de cámara. Cinco directores diferentes se han relevado los honores, pero el tono y estilo es relativamente consistente. La matriz quedó establecida en la primera entrega, dirigida por Brian de Palma. La más excéntrica puede ser la segunda parte, a las órdenes de un florido John Woo. La más floja es la tercera, asumida JJ Abrams, más afortunado como productor. En todas brilla la claridad de propósito y de movimiento en la puesta en escena, convirtiéndola en una anomalía en el género. El espectador puede seguir la acción, en lugar de procesarla como la confusa sensación de caos y movimiento.

A pesar de la barroca red de lealtades traicionadas que se tejen en cada película, el formato es relativamente simple. Escenas expositivas se alternan con secuencias de acción, escenificadas en locaciones alrededor del mundo. Es una clara deuda con “007”, pero los realizadores temperan el exotismo, soltando a sus agentes de traición y destrucción por espacios más banales que pintorescos. La verdadera atracción es el movimiento. El de la cámara y el de los actores, existiendo en el momento que les toma saltar de un vehículo en movimiento, o esquivando los golpes de un enemigo anónimo. Es como si destilaran la actuación a su estado más básico. Cruise se ha convertido en un maestro de esta disciplina, brillando en el puro ejercicio físico. Si hubiera un Óscar para Mejor Actuación Corriendo, sería para él – Alicia Vikander en la reciente “Tomb Raider” es su mejor discípula. Alguien debería reclutarla para la próxima entrega.

Esto no quiere decir que las escenas dramáticas sean descartables. Existe un ejercicio similar de reducción de los elementos dramáticos a su estado más básico. Aun cuando se limitan a dispensar diálogo expositivo, los actores viven en el momento. No tiene que recordar los particulares de las películas anteriores para apreciar como la historia previa que comparten los personajes le da sustancia a sus interacciones, y cierto tono de melancolía a sus decisiones. Ya han vivido cosas así, y volverán a hacerlo, si sobreviven a la crisis del momento. El tiempo trascurrido corre por debajo de trama.

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Los recién llegados brillan con luz propia. Vanessa Kirby, la excelente Princesa Margarita de la serie de Netflix “The Crown”, es la “Viuda Blanca”, una acaudalada heredera que hace turno doble como traficante de armas. No hay palabras de flirteo entre ella y Hunt, pero Kirby ofrece uno de los más hilarantes y certeros retratos de lujuria vistos en años. Henry Cavill, el actor que DC Comics no termina de convertir convincentemente en Superman, es un agente de la CIA insertado en el equipo para vigilar a Ethan Hunt (Cruise). Su estirpe de galán y presencia física lo convierte en una especie de doble del protagonista, una versión más joven y fuerte, una amenaza latente contra su integridad física, y también para su valor ante la audiencia. El casting pone en evidencia la ausencia de vanidad en Cruise, dispuesto a sacrificar su protagonismo por el bien de la película. Si le gusta el trabajo de Cavill, bien vale la pena rastrear “The Man from U.N.C.L.E.” (Guy Ritchie, 2015), otra sopresivamente efectiva adaptación de una serie de TV de la guerra fría, que probablemente nunca tendrá la secuela que merece.

⭐️⭐️⭐️⭐️ | Muy Buena
Misión: Imposible – Repercusión
(Mission: Impossible – Fallout)
Dirección: Christopher McQuarrie
Duración: 2 hora, 27 minutos aproximadamente

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