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Esclava sexual en el Caribe
niñas robadas
Muchas niñas son "robadas" de sus hogares, una práctica más común de lo imaginado. Carlos Herrera | Niú.

La historia de Jimena, una adolescente de 16 años obligada a prostituirse en el enclave turístico de Corn Island. Te contamos su historia en el Día Mundial para la prevención del abuso de la niñez.

     

Bilwi–. Una calurosa y húmeda tarde de inicios de noviembre Jimena, una adolescente de 16 años, despedía desde el porche de su casa localizada en un barrio de Bilwi a los hombres de la familia que partían a alta mar, en una faena de seis días para conseguir la pesca, que es el sustento de la familia. La joven miraba con melancolía la partida, pero a pesar de la ausencia de los hombres se sentía segura en casa al lado de su madre y hermanos menores, después de haber vivido una pesadilla a manos de una mujer que la prostituyó por un mes en la paradisiaca Corn Island, enclave turístico del Caribe.

Jimena es una joven hermosa. Alta, delgada, de cuerpo cincelado, pómulos resaltados, labios carnosos y una delicada piel canela. Características que atrajeron la atención de una mujer que la convenció de acompañarla con la promesa de trabajo y una vida fuera de la pobreza en la que está sumida la familia, cuyos miembros viven apretujados en la casa de madera, sostenida por gruesos troncos, que se levanta a unos metros del mar.

“La Señora” y sus engaños

Esta mujer –a quien Jimena por temor solo quiere identificar como “La Señora”– la encontró una tarde en Bilwi, cabecera de la Región Autónoma del Caribe Norte, cuando la chica temía regresar a casa porque se había ausentado todo el día, desde que su madre la envío a comprar leche a una venta cercana.

Jimena cuenta que la mujer la engañó. Le dijo que su madre estaba furiosa, que no la quería ver y que si regresaba a su casa la maltrataría. “La Señora” le ofreció irse con ella, le dijo que la cuidaría, que le daría una vida mejor, que tendría trabajo y que no viviría más entre las angustias económicas que afligen a sus padres. Jimena aceptó.

Estuvo dos días escondida en una casa de Bilwi, cuenta, hasta que la mujer le ofreció viajar a Corn Island, el destino de su nueva vida y un futuro prometedor. Se embarcaron en Bilwi y al llegar a Corn Island comenzó la pesadilla. “La Señora” vivía en una cuartería, donde había otras muchachas, hasta tres por habitación. Jimena miraba entrar y salir hombres y una tarde su casera le ordenó que la acompañara. La mujer pretendía que la chica se quedara esa tarde con un hombre. Jimena se asustó y corrió de regreso a la cuartería. “La Señora” lo intentó otras dos veces, siempre sin poder convencer a la adolescente.

El inicio del terror

Fue entonces cuando comenzó su suplicio, aunque la joven no sabía con certeza lo que pasaba. “Me comenzó a tratar mal. Un día me dijo que me tomara una pastilla, que era buena para mí, para dormir, para estar calmada. Era diazepam. Yo me dormía y a la mañana, cuando me despertaba, tenía mis partes íntimas mojadas, a veces tenía sangre, me dolían mis partes íntimas cuando me despertaba”, narra Jimena.

El diazepam es un sedante fuerte, que entre otras condiciones médicas se utiliza para tratar trastornos de ansiedad. La mujer convirtió a Jimena en su esclava sexual, exigiéndole que tomara el ansiolítico para poder comercializar su cuerpo. “Por el día ella pasaba fuera de la casa, supuestamente trabajando, y cuando regresaba venía con hombres y me daba las pastillas”, explica Jimena.

Juana

Redes criminales

Esta adolescente fue víctima de uno de los delitos más graves y que se ha agudizado en Centroamérica en la medida que el crimen organizado toma terreno aprovechando una situación política de impunidad, corrupción y ausencia del Estado en vastas zonas, como en el Caribe de Nicaragua. Un estudio del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP) advierte que “las redes criminales dedicadas a cometer este delito utilizan una serie de medios para captar a las víctimas, tales como amenazas, uso de la fuerza, rapto, el fraude, engaño, abuso de poder; por tanto cualquier persona puede caer en manos de las redes o grupos de tratantes”.

Desde el IEEPP también explican que hay “condiciones sociales, políticas, económicas y culturales que vuelve vulnerables a las personas a ser víctimas” de un delito que según la ONU mueve 32 mil millones de dólares anuales a nivel mundial. Un informe de la Oficina de las Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen (UNODC) publicado en 2014 rebela que entre 600 mil y 800 mil personas cruzan anualmente las fronteras internacionales como víctimas del delito de trata de personas, de ellas el 80% son mujeres y un 50% menores de edad, principalmente niñas. En el caso del continente americano, el 68% de las víctimas de este delito fueron explotadas con fines sexuales. Nicaragua cuenta con la Ley especial e integral contra la trata de personas, que tipifica como delito la explotación sexual de otras personas, y que en teoría es el marco que permite a las autoridades hacer frente a este flagelo.

El IEEPP afirma que “en los últimos 5 años Nicaragua no ha presentado aumento en los esfuerzos por prevenir, perseguir, investigar y sancionar este delito”, lo que es “de suma preocupación” para los organismos internacionales, “ya que la trata de personas tiene una dimensión trasnacional, por ende si los países no incrementan sus esfuerzos por erradicar este delito, socava los esfuerzos de otras naciones al respecto”.

Muchas niñas son trasladas en barco cuando son robadas de sus casas para ser prostituidas. Carlos Herrera | Niú.

“No es posible cuantificar en todos sus alcances el daño personal y social ocasionado por la trata”, destaca un informe del IEEPP. “Abarca desde las secuelas físicas y psicológicas de las víctimas y las repercusiones que sufre su entorno familiar, social y económico, hasta los efectos que produce el delito en los países donde operan los tratantes, ya sea por las propias vulnerabilidades del país o por la corrupción que genera o reproduce en sus habitantes”.

Una vida de esclavitud

Además del abuso sexual, Jimena se vio sumida en una vida de esclavitud: tenía que limpiar, lavar ropa, cuidar de los hijos de quien se había convertido en su dueña. La adolescente hablaba con otras jóvenes de la cuartería, sometidas igual que ella, y asegura que el miedo las mantenía subyugadas. La que había prometido ser su protectora ni siquiera les daba comida, asegura Jimena, y tenían que arreglárselas mientras la mujer estaba fuera.

Hubo momentos en que Jimena pudo liberarse, pero el terror se apoderaba de ella. Cuenta que un funcionario de Migración se acercó en un par de ocasiones a “La Señora” para preguntarle qué lazo tenía con Jimena. La mujer decía que era su hija y le exigía a la joven que repitiera la mentira. Lo sorprendente es que el hombre lo creyó. Y es más sorprendente que este tipo de negocios sexuales se mantengan en el Caribe sin intervención de las autoridades.

Las regiones autónomas del Caribe forman una vasta región de más de 59 mil kilómetros cuadrados –un poco más extensa que Costa Rica–, con una población de apenas 556 mil personas. Aquí están algunos de los municipios más pobres del país, a pesar de la riqueza en bosques, ríos, tierras, biodiversidad y diversidad cultural de esta zona. Ha sido olvidada por las autoridades de Managua a lo largo de su historia y recientemente castigada por el presidente Daniel Ortega con una reducción de las transferencias municipales, tras el apoyo de la mayoría de sus habitantes a Yatama, el partido indígena de la región que ha luchado por 46 años por la autonomía y la autodeterminación de los costeños.

Ese contexto de olvido y castigo ha sido idóneo para el avance del narcotráfico y las redes criminales de la trata de personas, o para que gente como “La Señora” mantengan su oscuro negocio de prostitución.

La región Caribe de Nicaragua ha vivido un abandono histórico de las autoridades. Carlos Herrera | Niú.

La tarde que visitamos a Jimena, tras la partida de los hombres de la casa, la joven contó que fue por ayuda de una amiga de su madre que pudo liberarse. La mujer la reconoció un día que Jimena acompañaba a “La Señora” en sus “mandados”. “Nos montamos rápido en un taxi para que no me fuera, pero la amiga de mi mamá buscó, buscó, hasta que me encontró”, explica la joven. La mujer dijo que Jimena se había “corrido” de su casa y que ella la ayudó. “La amiga de mi mamá me dijo vámonos”, cuenta Jimena. Así es como regresó a su casa en Bilwi.

La joven ha tenido el apoyo sicológico de una organización que ayuda a las mujeres sometidas a la violencia en el Caribe. Las sicólogas de “Nidia White” atienden a estas mujeres en su albergue y en sus oficinas de Bilwi. Aunque trabajan con pocos recursos hacen un trabajo valioso: solo en 2017 ayudaron a 1, 585 mujeres víctimas de maltrato.

La adolescente explica que no puso una denuncia por miedo. Mientras la tarde comienza a cubrirse con destellos naranja y el sol se pierde en el horizonte como un enorme plato amarillo, Jimena dice que cuenta su historia para que no se repita, ni con ella ni con otras muchachas. “Fue difícil olvidar lo que pasé ahí, pero lo pude superar. Me siento bien con mi familia y no quiero que me pase eso de nuevo. Les digo a las demás muchachas que no crean a la gente, las promesas. Todo eso es mentira, porque te prostituyen, te maltratan. Yo pasé una experiencia que no quiero que otras chavalas pasen”.